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Ataques en París e incidente Turquía-Rusia alarman a Occidente

Los ataques terroristas en Paris, el pasado 11 de noviembre de 2015, con un saldo de 130 muertes y gran número de lesionados, fueron perpetrados por células islamistas de franceses radicales capacitados por las milicias del Estado Islámico (EI) en combates en la guerra en Siria e Irak.


Análisis Internacional


La selección de los objetivos, la planeación, coordinación y ejecución de estos recientes atentados terroristas han sido un fiel reflejo de los ataques terroristas del 7 de enero de 2015 en la capital francesa contra el Semanario Charlie Hebdo (14 muertos) y contra un supermercado de judíos (4 muertos).

Es muy significativo que los terroristas aplicaron en ambos ataques (¡separados en tiempo, pero no en forma!) la misma estrategia, o sea, el reclutamiento de jóvenes franceses, en su mayoría ex combatientes yihadistas, descendientes de padres musulmanes o inmigrados. Su estrategia se basó principalmente en el factor sorpresa, la coordinación de sus ataques en dos o más lugares al mismo tiempo, de la misma violencia y brutalidad inhumana, incluso en el desprecio de su propia vida, siendo su objetivo principal sacrificar el mayor número posible de vidas de seres inocentes y, de esta manera, levantar simbólicamente la bandera negra del Estado Islámico en Francia.

Los dos ataques terroristas del 7 de enero y 11 de noviembre 2015 en la capital francesa se caracterizaban nuevamente por la sorpresa, con el consiguiente gran impacto y desafío de las fuerzas policiales y de seguridad.

Los impactantes y feroces ataques del 19 de noviembre 2015 demuestran la inconcebible falta de visión e intuición de los servicios de inteligencia y seguridad, puesto que es obvio que debían de existir contactos y comunicación entre las células terroristas francesas y belgas (y no se puede excluir posibles contactos en otros países vecinos).

Sin embargo, la reacción inmediata y decidida del Presidente Francoise Hollande, de militarizar por parte de Francia el combate anti-terrorista, declarar el estado de excepción en todo el país y solicitar la solidaridad y el apoyo de la Unión Europea de los 28 y a la vez de la OTAN, tuvo una aceptación positiva a nivel internacional.

Los gobiernos de los Estados miembros de la Unión Europea expresaron por lo general su solidaridad y disposición de cooperación a nivel policial y de inteligencia. La Canciller Ángela Merkel de Alemania y el Premier David Cameron de Gran Bretaña expresaron cooperación activa en lo político y militar. Además, votaron por encontrar un consenso entre Rusia y Estados Unidos para combatir y derrocar definitivamente el terrorismo yihadista y el Estado Islámico para proceder a una solución negociada del conflicto en Siria.

En este contexto es importante, el éxito que consiguió la iniciativa política de Francoise Hollande, de propugnar un acuerdo para sentar una estrategia político-militar en común entre Estados Unidos y la Unión Europea por un lado, y Rusia con Irán por otro, para coordinar los combates y los principales objetivos en Medio Oriente.

Como consecuencia de esta hábil mediación política de Francoise Hollande y la disposición de Barack Obama de Estados Unidos y Vladimir Putin de Rusia, con el apoyo de David Cameron de Gran Bretaña y Ángela Merkel de Alemania, se procedió a un amplio encuentro multilateral en diciembre de 2015 en Nueva York, para organizar una amplia reunión en principio para el 25 de enero de 2016 en Arabia Saudita, para iniciar negociaciones para terminar el conflicto en Siria, el terrorismo yihadista y el Estado Islámico.

La presencia y el protagonismo de terroristas islámicos en la Unión Europea constituyen, sin lugar dudas, una alarmante situación de inseguridad y peligro, particularmente para los países como Francia, Bélgica, Alemania, Austria, España, Italia y Gran Bretaña. Como consecuencia, se han intensificado entre todos los miembros de la Unión Europea la cooperación y alerta anti-terrorista entre las policías y los servicios de seguridad e inteligencia, así como de Estados Unidos.

No hay que olvidar que el Occidente europeo, por su importante e histórica conceptuación cultural, percibe en principio un cierto peligro que podría partir de corrientes radicales del islamismo.

En este contexto es importante tener en cuenta que la Unión Europea en su conjunto, principalmente Alemania por su ubicación geográfica y su potencial económico, han tenido que enfrentarse durante los últimos dos años, pero más intensamente durante todo el año 2015, a un verdadero éxodo de refugiados musulmanes, principalmente de Siria y en menor grado de Afganistán e Irak, así como de ciertos países de los Balcanes, que sobrepasaron un millón y medio, de los cuales Alemania se ha hecho cargo, en principio, de un millón.

Esta problemática que aún está en plena vigencia seguirá por de pronto, hasta que no se encuentre una solución negociada para terminar con la guerra civil en Siria y la existencia y expansión del Estado Islamista radical, en los que se originan los flujos de refugiados.

El hecho que a la par de la alarmante y creciente amenaza del terrorismo islamista que existe en los países europeos actualmente, tiene además el agravante de la existencia de células terroristas principalmente, como lo han demostrado los ataques terroristas en Francia en 2015, en los países centroeuropeos, con el agravante de la persistente inducción de círculos de juventudes al yihadismo-islámico radical, incluyendo  su posterior reclutamiento.

En este contexto, el incidente provocado por Turquía el 24 de noviembre 2015, con el derribo de un avión cazabombardero de Rusia, por una supuesta vulneración del espacio aéreo en la zona limítrofe de Turquía con Siria, constituyó un grave incidente bélico, que causó inmediatamente la máxima alarma y preocupación entre los Jefes de Gobiernos de la Unión Europea y Estados Unidos y muy particularmente dentro del Comando Estratégico de la OTAN, por formar Turquía parte de este Pacto Transatlántico.

La consiguiente petición del gobierno turco de apoyo incondicional de la OTAN, incitó entre todos los miembros, e incluso a nivel internacional, gran temor ante posibles consecuencias militares de Rusia contra Turquía. En consecuencia, la OTAN entró en estado de alerta y advirtió a Rusia prudencia y cautela ante una posible tentación de una represalia militar en el área de conflicto en Medio Oriente.

En los momentos de máxima tensión y ante la gravedad de la provocación militar turca, se echó a andar la maquinaria diplomática de los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea, apoyándose en el peso estratégico-político-militar de la OTAN a nivel internacional.

En este contexto, se considera que el Estado Islámico se ha convertido en estos momentos en el principal factor de inseguridad y amenaza de Occidente, incluyendo Estados Unidos, junto con el persistente y casi incontrolable flujo e ingreso de refugiados sirios principalmente, que se ha convertido en uno de los más graves desafíos desde que existe la Unión Europea y que jamás ha confrontado.

Dentro de este dificilísimo panorama resultan muy complicadas las previstas negociaciones multilaterales de enero de 2015 en la región de Medio Oriente, de resultados aún poco esperanzadores.

Los principales problemas se concentran en una solución de la guerra del Presidente Bashar al Assad en Siria, con la gran incógnita del futuro político de éste, que podría impedir una solución a corto plazo, por las posiciones aún adversas entre Rusia y Estados Unidos. El otro grave problema radica en la viabilidad de la destrucción total del Estado Islámico, ya que la actual estrategia de las “fuerzas aliadas”, consiste en diezmar las fuerzas del Estado Islámico a través de los bombardeos, para, en su momento, entrar en los territorios con los ejércitos de Siria e Irak.

Tanto Estados  Unidos como Rusia insisten que con esta estrategia militar de intensificar los bombardeos, lograrán evitar el riesgo de enviar tropas propias. No quieren arriesgarse en enviar e involucrar sus propias fuerzas militares.

Sin embargo, estrategas occidentales en asuntos político-militares occidentales opinan con insistencia en que las importantes fuerzas militares y la extensión territorial del Estado Islámico, su poder de reclutamiento y sometimiento de amplios sectores poblacionales, y la falta de preparación de fuerzas militares de Siria e Irak, hacen imprescindible que finalmente tanto Rusia como Estados Unidos deben de involucrar sus fuerzas militares especiales terrestres para acabar con la existencia del Estado Yihadista.

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