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La educación de México y la ignorancia

En el siglo XX se llevó a cabo un juicio que cambió muchos de los prejuicios de esa época, sin tantos reflectores, sin tanto eco, resonó un llamado en contra de los supuestos “poseedores de las verdades absolutas”, en ese siglo uno de los hombres más poderosos e influyentes de la época, Henry Ford sostuvo una demanda por difamación en contra de la editorial de un periódico de Chicago donde le llamaron un “ignorante pacífico”, juicio que encontró su clímax de desenvolvimiento cuando a petición de los abogados del periódico demandado y para responder a las preguntas que formularía, el señor Ford subió al banquillo de testigos con el propósito de responder a las preguntas.


Calidad humana


¿Cómo se puede creer que uno de los hombres más importantes de la industria automotriz y de la historia, se le acuse de ignorante?

El desenvolvimiento de las preguntas y respuesta del señor Ford y el abogado de la parte contraria fue subiendo de tono e intensidad, uno formulaba sus preguntas con un tono ofensivo que iba aumento hasta que el señor Ford se hartó diciendo “para qué necesito llenarme la cabeza de conocimientos generales con el fin de contestar a preguntas tontas como estas cuando puedo disponer de hombres a mi alrededor que pueden proporcionarme cualquier conocimiento que les pida”

Einstein, otro de los grandes hombres del siglo pasado recordaba que en cada uno de nosotros se encontraba el potencial de un genio pero “si juzgamos a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”, así mismo los editores del periódico de Chicago que llamaron “ignorante pacífico” al Señor Ford no solo estaban haciendo acusaciones ofensivas y sin fundamento, ya que, en realidad Henry Ford fue un genio de su época perfeccionado el sistema de producción en serie, y lo único por lo cual no era para ellos un genio era por no tener un título universitario o certificado de escolaridad.

Ahora, conviene leer de nueva cuenta el título de este humilde artículo, porque no se habla del sistema de educación estatal que busca, como lo guía la OCDE, a través de una comunicación organizada, sustentada y diseñada para lograr un aprendizaje, con sus elementos de transferencia de información entre dos personas, a través de patrones con elementos probados lograr ese llamado aprendizaje entendiendo este último como todo cambio en el comportamiento, información o entendimiento, etc.; para el desarrollo de una persona, y no, no hablamos de ese sistema estatal de educación, ya habrá tiempo para hablarlo.

Hoy estamos hablando de esos conocimientos y aprendizajes que no se les otorgan con un certificado de acreditación, hablamos de esos valores, conocimientos, actitudes y ejemplos que vemos día a día en la calle, todos encaminados a fortalecer y construirnos como personas, como seres humanos que se relacionan con otros educando el ser, el hacer, el conocer y el convivir en cada encuentro con el otro y con uno mismo, porque el ser humano no solo es conocimiento y lógica, es alma es materia, es pasión, es idealismo, es error, es encuentro y sobre todo es más que un título.

“Después del terremoto del 19 de septiembre, se cerraron las escuelas, pero se abrió la educación porque la llevamos a la calle, se dio en solidaridad, en el polvo, el sudor y las lágrimas… porque la gente entregó lo mejor que tiene” Juan Carlos Romero Hicks

Por qué este aprendizaje también es educación, es cultura, es historia No podemos escapar de nuestro contexto, ya que nuestro contexto nos va definiendo, formando, moldeando y provoca que nos relacionemos con otros, con el medio ambiente y también con Dios. Un papel no nos definirá como ignorantes o como genios, nos podrá dar un parámetro mínimo para juzgar sin conocer pero no será infalible; ahora, y como ha sido siempre, gran parte de la educación y el aprendizaje están afuera de la escuela, en la familia, los vecinos, la tienda de la esquina, la iglesia, el centro comercial, incluso en el semáforo para cruzar la calle, ahí nos vamos formando y cultivando los valores que nos hacen ser educados en la caridad, empatía o responsabilidad social, en aprender cómo ser más humanos y esa lección muchas veces no se aprende en las escuelas, se aprende en el día a día en donde todos somos actores, alumnos y educadores.

No juzguemos a las personas por no tener una carrera o un certificado de preparatoria o secundaria o kínder, juzguemos por su calidad humana que es educación y aprendizaje que no siempre se encuentra en la escuela sino fuera de ella, salgamos hoy a la calle a educarnos en el prójimo, a ser un poco más humanos, a preocuparnos por el otro como nos gustaría que se preocupan por nosotros, a ver en mi compañero, mi vecino, o el paseante que va mi lado un hermano con el cual puedo compartir el día a día, y tal vez hoy podamos aprender a ser un poco mejor que ayer y sin necesidad de ir a la escuela.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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