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Las deudas no existen

Todos hemos tenido deudas. Estas se definen por el deber y no “deber ser” (bueno fuera), sino por la necesidad de cubrir una determinada situación, normalmente, con bienes materiales. Llámese dinero, favores, objetos de valor o cualquier materia tangible, todo esto termina, precisamente, por materializarse. Pero, ¿cómo es posible que saldemos un concepto abstracto con cosas? En otras palabras, ¿cómo es que el ser humano “paga” una idea que yace puramente en nuestras mentes?


Deudas no existen


Pero, ¿realmente estamos comprometidos a saldar este aspecto? ¿Qué pasa si, por ejemplo, lo que pedimos prestado era desde un principio nuestro? Me explico. Los bancos en todo el mundo se han dedicado a transmitirnos el mensaje de necesidad económica, porque si no tienes dinero entonces no tienes casa, automóvil, ropa, joyas y demás. Capitalismo puro y en todo su esplendor. Sin embargo, sabemos que éstas instituciones se mantienen con vida gracias al capital que todos sus usuarios inyectamos en ellos. Básicamente se dedican a recibir billetes, repartirlos a toda la humanidad, después cobrárselos de nuevo con intereses inmensos y por fin, hacerse ricos. Suena bastante incoherente que, en pocas palabras, nos estemos poniendo la soga en el cuello desde un inicio.

Nos damos cuenta que las instituciones bancarias nos han hecho creer en la famosa deuda. Nos insertan en el cerebro el desarrollo bajo la técnica “Premio y castigo”, beneficiándonos, supuestamente, si realizamos nuestros pagos puntualmente y violentándonos si no lo hacemos. Es por eso que la gente, sin dudarlo ni un segundo, se obsesiona con cumplir el tratado entidad-usuario evidentemente injusto.

Entonces, ¿por qué nos sometemos empleando este sistema? Primeramente habría que dejar de creer en este concepto: la deuda. No existe, es una invención. Claramente se le conoce por todo lo que ya he explicado y, sobre todo, porque vivimos conduciéndonos bajo el sistema económico capitalista. Pero, volviendo a la utópica solución, encontramos que, como ya mencioné, deberíamos extraer esa ideología de nuestros cerebros. Como segundo punto, debería desaparecer igualmente el término dinero. Jack Fresco, un ingeniero social estadounidense, propone una Economía basada en recursos (1974), aunque esto sería sólo una opción y también otro tema del cual hablar.

No obstante, las estructuras sociales en las que vivimos, de acuerdo a algunos autores, jamás nos permitirán trascender estas mismas. Esto quiere decir que, hablando de clases sociales, por ejemplo, si un individuo que fue criado en una clase media, aunque gane la lotería, no podrá pertenecer a la clase social alta, puesto que la primera clase mencionada vive de aspiraciones y este sujeto fue educado con esta ideología; por lo tanto, aunque obtenga mucho dinero, seguirá valiéndose de las mismas aspiraciones. Así que, ustedes pensarán, ¿estamos condenados a vivir siempre bajo el yugo del saldar? Quizás no, pero el futuro prometedor en donde esto se desconozca está aún muy distante y si queremos que éste se aproxime con mayor velocidad, es nuestro trabajo hacerlo posible.

Finalmente, cuando tu amiga(o) te pida el dinero que te prestó en algún momento, muéstrale este artículo y recuérdale que la deuda no existe.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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