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El problema de no resolver problemas

La imaginación y la inteligencia de los niños pequeños es para sorprendernos frecuentemente. Ellos quieren saber el porqué de las cosas, quieren investigar, tienen miles de preguntas y siempre buscan todas las respuestas, todo lo que observan les abre las puertas a un mundo nuevo y cualquier respuesta parece incompleta, lo cual les lleva a realizarse nuevas interrogantes, ellos quieren hacer las cosas por sí mismos y aprender a ser independientes. 



La naturaleza del niño en conjunto con el apoyo y guía de su familia le permiten empezar a conocer su entorno y comprender las cosas que suceden a su alrededor; así el niño empieza a tomar sus propias decisiones y a resolver los problemas que se le van presentando en su vida cotidiana.

En esta etapa de la vida del individuo el papel de la escuela es de suma importancia, pues lo que se espera es que, en el colegio, el niño se interese cada vez más por aprender y por descubrir el mundo, de modo que mientras más crezca, su creatividad, sus habilidades y su capacidad para resolver problemas y para hacer frente a las situaciones que se le presentan en su vida cotidiana también mejoren; sin embargo, este no siempre es el resultado que se obtiene, pues muchas veces el protocolo dentro del aula y los procedimientos del trabajo en clases establecido por los profesores limita a los alumnos en sus habilidades para decidir y resolver problemas.

La habilidad de hacer frente a las situaciones problemáticas de forma eficaz y adecuada es básica para la vida en sociedad a la que se enfrentan los niños todos los días, sin embargo, muchos de los problemas sencillos y de solución rápida que los alumnos deben resolver no son resueltos inmediatamente, pues ellos temen que el profesor les diga que así no es. Si el alumno no tiene un bolígrafo de tinta negra, en lugar de utilizar el azul, que tiene la misma función, prefiere esperar hasta preguntar al profesor si puede utilizarlo; este tipo de conflictos de fácil solución los convierten en problemas más complejos que dependen de lo que el profesor decida. 

Aparentemente este tipo de actitudes frente a las dificultades no causan mayor preocupación a los profesores ni a los padres de familia, el conflicto llega cuando el alumno crece y se encuentra con problemas más grandes o con situaciones nuevas y espera a que alguien le diga qué debe de hacer para resolverlo.

Si bien, es necesario establecer reglas y lineamientos en casa y en la escuela, también es necesario permitir que el niño utilice su creatividad y las herramientas que ya ha adquirido para tomar una buena decisión que le dé una solución adecuada a cada situación. Mientras la persona va creciendo el nivel de conflicto de los problemas que debe estar preparado para solucionar es mayor, así que si permitimos a los niños que tomen sus decisiones y que de forma gradual resuelvan cada vez problemas más complejos, entonces estarán mejor preparados para enfrentarse a los problemas de la vida de adulto. 

No acabemos con su creatividad, con sus ansias de aprender y de ser independientes, como padres o maestros debemos ser un apoyo más que un ancla.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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