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¿Mi primer “empleo”?

Cuando nosotros los jóvenes pretendemos incorporarnos al mercado laboral, muchas de las veces perdemos de vista las relaciones jurídicas que se originan por la prestación de nuestros servicios, centrando nuestra atención únicamente en el monto de la remuneración que recibiremos. Desde luego que una adecuada remuneración es un factor básico para decidir contratarse; sin embargo, igual o mayor importancia debe dársele a las condiciones en que las actividades que se realizarán. De las condiciones en que la prestación de servicios se lleve a cabo, se puede derivar o no una relación de trabajo para con el perceptor de sus servicios.


Asuntos Laborales


Por lo anterior, un tema básico que todos los jóvenes debemos conocer al empezar a realizar actividades en favor de otras personas, a cambio de una remuneración, es el determinar qué tipo de contrato se está originando. Al respecto, los dos tipos de contratos que pueden surgir es el de prestación de servicios subordinados –es decir, una relación laboral– o bien, una prestación de servicios independientes, es decir, percibir honorarios.

A grandes rasgos y en términos generales, podemos señalar las siguientes diferencias básicas entre ambos tipos de contratos:

De lo anterior, se desprende que un contrato y otro tienen implicaciones diametralmente opuestas. Dentro de las diferencias, mención especial merece la relativa a los gastos en que debe incurrir el perceptor de los servicios. Al respecto, si de las actividades realizadas se deriva una relación laboral, el patrón debe incurrir, además de la remuneración pactada con el joven, en gastos adicionales como son seguro social (IMSS), INFONAVIT, así como aportaciones para el retiro (SAR), lo que implica que los costos financieros se incrementen.

Es por virtud del aumento de los costos financieros que conlleva una relación de trabajo que muchos patrones buscan desconocer la misma, cuando de las actividades realizadas se verifica ésta (subordinación a cambio de un salario), mediante diversas alternativas. Al respecto, algunas de las alternativas más socorridas por los patrones para evitar reconocer la relación laboral y, por ende, evitar el pago de gastos como seguro social (IMSS), INFONAVIT y aportaciones para el retiro (SAR) son:

1. Pago de la remuneración en efectivo: El patrón desconoce la relación laboral y para no dejar huella de los pagos realizados, toda la remuneración la paga en efectivo.

2. Pago de honorarios: El patrón desconoce la relación laboral. Para protegerse, el patrón celebra un contrato de prestación de servicios independientes.

3. Incorporación del trabajador a una sociedad en la que funge como socio o asociado: El patrón desconoce la relación laboral. Para no tener una relación directa con trabajador, lo incorpora como socio o asociado de personas morales, las cuales tampoco reconocen relación laboral alguna. Será la sociedad en la que el trabajador funge como socio o asociado la que pague la remuneración acordada entre el trabajador y el patrón.

4. Una combinación de las anteriores.

En todas alternativas lo que acontece es que los trabajadores no perciben las prestaciones legales que las leyes laborales y de seguridad social establecen en el caso de relaciones de trabajo.

Algunas de las repercusiones que identificamos son, entre otras, las siguientes:

• A corto plazo: Nosotros los jóvenes no tenemos derecho a prestaciones médicas en caso de enfermedades o accidentes.

• A mediano y largo plazo: No estamos ahorrando para nuestra vejez (SAR) ni estamos percibiendo aportaciones patronales para poder acceder a una vivienda digna (INFONAVIT).

En consecuencia, el que los jóvenes no prestemos la atención debida al contrato que celebramos cuando nos incorporamos al mercado laboral puede tener repercusiones inmediatas y en el mediano y largo plazo.

Por lo anterior, es de suma importancia el que los jóvenes no permitamos que, cuando por las actividades que realizamos se configura una relación laboral, por pena, desconocimiento, presiones o necesidad, aceptemos medios alternativos de contratación que se alejan de reconocer una relación laboral, puesto que podemos poner en riesgo nuestro proyecto de vida, máxime que no contaríamos con aquellas prestaciones que por ley nos corresponden.

Si identificamos que el patrón intenta desconocer la relación laboral cuando es evidente que la misma se verifica, será necesario evaluar si en verdad aquel trabajo es nuestra mejor opción. Si desde temprana edad permitimos que nuestros derechos laborales sean pisoteados, qué podemos esperar cuando tengamos mayores responsabilidades y compromisos. Probablemente, seguiremos en el círculo vicioso de aceptar relaciones laborales encubiertas.

Somos los jóvenes los indicados para levantar la voz. Tenemos que hacerlo en el momento oportuno aun y cuando vaya contra nuestros propios intereses a corto plazo. Sólo pensando a mediano y largo plazo podremos planear debidamente nuestro proyecto de vida.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

 

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