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Perspectiva del derecho humano al trabajo en la juventud mexicana

En la actualidad, la mayor parte de los Estados occidentales comparten, al menos en forma dogmática, la tesis que coloca a los Derechos Humanos en el centro de los diversos sistemas políticos, entendiendo dicho concepto como un catálogo de prerrogativas fundamentales que permiten a la persona desenvolverse en el plano individual, político, cultural y social, mismas que deben reconocidas, respetadas y promovidas en forma efectiva por las diversas estructuras gubernamentales.


Derechos Humanos


En tales condiciones, atendiendo a la soberanía intrínseca de los Estados, sus autoridades buscan someter sus actuaciones al escrutinio de organizaciones internacionales multilaterales como lo es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con la finalidad de que existan vías supranacionales a través de las cuales los gobernados puedan exigir el respeto a sus prerrogativas fundamentales.

De manera que en la actualidad, el aspecto verdaderamente relevante en materia de Derechos Humanos, no radica en el reconocimiento que las autoridades gubernamentales realizan al suscribir diversos instrumentos internacionales que contienen innumerables prerrogativas en favor de la persona; sino en los medios que los Estados disponen en sus legislaciones internas para que dichas garantías sean efectivamente observadas y de esta forma, se concreten en beneficios tangibles para los gobernados.

Es en este punto, es decir en cuanto a los medios para hacer efectivos los Derechos Humanos reconocidos en nuestra Constitución Política y adoptados a través de la celebración de diversos instrumentos internacionales, que nuestro país se encuentra claramente rezagado, ya por la deficiente técnica legislativa que caracteriza a nuestros representantes, o bien, ante su indiferencia respecto a la necesidad de proveer en forma concreta las vías a través de las cuales los ciudadanos puedan exigir el cumplimiento de sus prerrogativas fundamentales.

Lo anterior es así, pues no debe perderse de vista que los Estados no solamente están obligados a respetar el ejercicio de libertades individuales, como la religiosa, de trabajo, de opiniones políticas; sino que verdaderamente tiene a su cargo la tarea de propiciar las condiciones óptimas necesarias para que el individuo se encuentre en condiciones de concretar en su vida cotidiana los beneficios que suponen los Derechos Humanos.

Y aunque hay diversidad de ejemplos que evidencian la deficiente actuación estatal en cuanto a su obligación de dotar a la población de las condiciones necesarias para el adecuado ejercicio de los Derechos Humanos, entre nosotros los jóvenes mexicanos existe uno verdaderamente preocupante: las insuficientes oportunidades para desempeñar un trabajo que signifique un verdadero medio para el desarrollo individual y familiar.

En efecto, aunque éste problema atiende a múltiples factores, lo cierto es una gran cantidad de jóvenes mexicanos que han obtenido un título profesional, se enfrentan a una poco alentadora realidad laboral, que se distingue por salarios ínfimos y jornadas extenuantes de al menos doce horas, añadiendo además el tiempo perdido en el caótico transporte público, o el tránsito citadino, temas conexos a la realidad laboral, pero igual de importantes en materia de Derechos Humanos.

En ese sentido, debe decirse que el Estado Mexicano ha iniciado un proceso de cambios relevantes que tienen por objeto desarrollar diversas actividades productivas que en consecuencia, pueden derivar en mejores oportunidades laborales para los jóvenes; sin embargo, el destino y buen término de las mencionadas hasta el cansancio “Reformas Estructurales”, es absolutamente incierto, en tanto que su éxito se encuentra definitivamente atado al panorama económico internacional, que claramente no es el más alentador.

De manera que el derecho fundamental de nosotros los jóvenes mexicanos a acceder a un trabajo que signifique un medio de desarrollo personal y familiar, se encuentra verdaderamente comprometido, ya por la situación económica nacional y externa, pero también ante la falta de mecanismos que permitan brindar oportunidades a personas con ideas nuevas, con energías plenas y definitivamente con talento para encausar adecuadamente los fines de una determinada empresa.

En consecuencia, si bien es innegable que el contexto global en el que se desenvuelve nuestro país, parece no brindar grandes expectativas en el corto o incluso mediano plazo, lo cierto es que el Estado Mexicano debería encontrar en nosotros los jóvenes alternativas novedosas para solucionar sus problemas y no relegarlos a una vida profesional detrás de un escritorio hasta la edad en que la ley les permita retirarse a disfrutar de su por cierto, también ínfima pensión que debe durar nada menos que el resto de sus días.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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