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Septiembre, “el mes patrio”

El pueblo mexicano tiene decretado como su mes patrio a septiembre; en éste se celebra el inicio del movimiento para lograr la Independencia. Se adornan los edificios oficiales para la “fiesta patria”, se decreta un día de asueto, se dispara la venta de cualquier producto que tenga relación con los colores de la bandera nacional, las comidas típicas mexicanas proliferan por doquier, los bailes regionales resaltando la multiculturalidad del país, los atuendos siendo representativos con distintivos tricolores, se adorna el Centro Histórico, particularmente la Plaza de la Constitución, conocida coloquialmente como el “Zócalo”. Todo es fiesta, en teoría.



Las personas creemos confundir la verdad con la perspectiva. La perspectiva es puramente subjetiva y la verdad es una y única. Asimismo, creer que los tiempos actuales son peores que el pasado, es una mentira. Cada momento de nuestra historia tiene sus retos, limitaciones, líderes y antagonistas. No existen muchas verdades, sólo hay una.

Así como las personas que presenciaron el terremoto de 1985 pensaron que era el fin del mundo –como los que lo perdieron todo en la devaluación del peso en el 1994– encontraron un momento el cual podrían considerar como la catástrofe más grande y última, si es religiosa la persona, como el Apocalipsis.

Las comparaciones de primera mano parecen exageradas, pero no lo son del todo. Alrededor de 6 mil a 7 mil personas murieron en el terremoto del 85; en el “error de diciembre” (1994) hubo una cifra altísima de suicidios; asimismo, terminaron el tiempo de vida para 43 normalistas de Ayotzinapa.

Parece que hay poco que celebrar con el caso de los estudiantes desaparecidos, la economía en su peor momento desde la entrada de una nueva administración, así como la crisis de credibilidad de no sólo un gobierno, sino de sus instituciones, sin dejar de recalcar la deplorable actuación de agentes de la Procuraduría General de la República en la “siembra” de un arma a una persona, cualquiera que sea la excusa. ¿Existe una crisis?, existe.

Grandes líderes empresariales, sociales y políticos concuerdan con algo: la crisis es el momento perfecto para crecer. ¿Porque? Porque una vez que el problema está detectado, que ha mostrado su cara y ya se está observando sus consecuencias, se puede actuar de una manera fuerte, eficaz y rápida. Claro que el ideal es la prevención y actuar para prevenir una crisis. Pero hoy tenemos claro que estamos en una crisis y tenemos que salir adelante.

Un pueblo tiene el gobierno que merece, y si la mayoría eligió como presidente, como gobernador, como diputado, como partido, al gobernante en turno, ¿dónde están las personas que respaldaron su propuesta?, no defendiéndolo y eligiendo bando, como si fuera una lucha entre el bien y el mal, no, sino exigiéndole cuentas, propuestas y acciones concretas.

Se está educado con la historia de bronce, existen personajes que son totalmente buenos, que son unos santos; y ¡ay de aquel que se atreva a dudar o criticar el actuar de este prócer nacional!

¿Qué, acaso no Miguel Hidalgo y Costilla fue el iniciador del movimiento independista definitivo? Claro que lo fue y no es demeritada esa hazaña. ¿Pero no fue acaso Iturbide el consumador de la Independencia, inspirador de la bandera actual y el nombre a la nación, instaurándola? ¿No fue Miguel Miramón parte de los cadetes que defendieron heroicamente el palacio de Chapultepec y que en este caso sí hay certeza de que estuvo ahí? ¿No fue Porfirio Díaz no sólo movido por aspiraciones personales el que instauró que en la noche del 15 de septiembre se rememorara la arenga de inicio de la Independencia de Miguel Hidalgo por la costumbre ya antigua de que la noche del 15 de septiembre tradicionalmente se llevaba serenata en la plaza mayor para dar inicio a los festejos del 16? ¿No Maximiliano de Habsburgo fue el primero en conmemorar e instaurar la representación de la arenga de Hidalgo?

Es cierto que en nuestra historia, la “historia oficial”, existen muchos errores en el benévolo de los casos. Pero, ¿acaso merecemos la verdad?, y no sólo la perspectiva instaurada en su momento por un partido hegemónico y absoluto. El pueblo mexicano, México, todos, merecemos que se enseñen verdades, no mentiras; que se actúe con el valor de la verdad, que se trabaje con honestidad, que se nos respete y nos hable con la verdad, donde se centra la justica que es conducirse con la verdad y darle a cada quien lo que le corresponde.

Dar el justo valor, el valor que merecen las cosas, los actos, las acciones, nos harán conducirnos con la seguridad de que hacemos lo correcto. La crisis de credibilidad no es actual, no es problema de hoy. Todo lo que se base en mentiras, será mentira, sin importar que después se haya actuado con sinceridad, ya que de origen la voluntad para actuar es viciada y da para mantenernos en el error.

La credibilidad se dará hablando, actuando y realizando todas las acciones sin mentiras, sin intentar evadir la justicia, sin ver intereses y metas personales insatisfechas. Necesitamos personas con el valor, no sólo de coraje sino de virtud, de conducirse con la verdad. ¡Cuántas personas han muerto o han sido incriminadas como las anteriores, sin que se recrimine por qué no se le ha dado un seguimiento por medios de comunicación masiva para que se provoque una indignación generalizada, demasiados para contarlos!

México, los mexicanos, necesitamos gente con valores, con virtudes, con coraje, pero sobre todo que se maneje con honestidad. Dando el ejemplo de pensar, hablar y actuar con virtudes, con valor, de ser no diferentes pero sí la diferencia entre un Estado, pueblo, comunidad o familia virtuosa y buena, o una corrupta y corriente.

¡Tú sé el cambio, tú sé esa persona! No te preguntes qué puedes hacer para cambiarlo todo, sino sé mejor e inspira ser mejor a tu entorno.

Por cierto, el 27 de septiembre es el día de la Independencia, no olviden que la verdad los hará libres.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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