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Los cinco errores más comunes al tratar con jóvenes

En una sociedad como la que existe en México, donde pareciera que los adultos son los que siempre tienen la razón y tienen las capacidades para poder tomar decisiones, nos encontramos frente a un sector un poco relegado: la juventud.


La juventud


Aunque ha evolucionado de forma eventual, no podemos decir que desempeña realmente un papel importante en el desarrollo de la sociedad o que tenga un impacto determinante dentro de la misma.

Esto viene desde una cuestión cultural que hemos vivido por años, y nos resulta difícil dejar atrás. No es sencillo romper con las estructuras que hemos heredado, tanto en el ámbito social, como en el laboral o incluso dentro de las familias.

Es por ello que se enlistan cinco de los errores más frecuentes que cometen los adultos al tratar con jóvenes. Tal vez no se realizan de mala fe en su mayoría, sino como una manera inconsciente o rutinaria. Y por lo mismo, es bueno detectarlos para poder corregirlos en un ambiente de cordialidad.

1. Pensar que todavía es un niño

No existe fecha límite para determinar cuándo un adolescente ha dejado de serlo, por lo que resulta ambiguo el empezar a hablar a su “medida”. Las explicaciones que se dan, las actitudes que se toman ante ellos, les hacen sentir que todavía son niños e incluso se les hace sentir inferiores. Desde evadir preguntas, o esconder situaciones que les competen bajo el pretexto de que no lo entenderían, hasta no tomar en cuenta sus opiniones. Incluso el hecho de hablarles con apodos de niño, generará que el joven adopte una actitud de tal.

2. Decirles qué hacer. No dejar que tomen sus propias decisiones

Cuando se es niño, se dice qué hacer y qué no hacer, porque siendo tan pequeños no conocen lo que se debe o no, y hay que enseñarles. Y precisamente se les enseña a vivir, para que ellos puedan hacerlo solos en un determinado momento. Pero esto no debe de extenderse por mucho tiempo, pues podría terminar en la formación de soldaditos que no piensan, sólo obedecen; o peor aún, en jóvenes rebeldes que terminan en explotar alguna manera no adecuada un buen día. Dejarlos actuar es una manera de ayudarles a madurar, pues es en esta etapa cuando está terminando de definir su personalidad.

Dejarles, les enseñará a hacerse responsables y a no dejarse guiar solo por impulsos, sino razonar y analizar lo que eligen. Claro que siempre existirá la posibilidad del consejo y de la asesoría de personas con más experiencia, pero no como imposición, sino como sugerencia.

3. Solicitar experiencia que no se tiene aún

Esto es más común a la hora de tratar de ingresar a una vida laboral, pues en el sistema que nos demanda una elevada producción, “no hay tiempo” para enseñar a los nuevos integrantes. Factor que podría ser contradictorio, por exigir experiencia que no se tiene, pero no se remunera de una manera equilibrada y justa, económicamente hablando.

Así también, en un ambiente social, cuando se trata de compartir responsabilidades, no es tan fácil soltar la estafeta a la juventud. Desde aprender a conducir, o dejar dirigir algún grupo, hasta emprender un negocio.

4. No confiar en ellos

Va muy de la mano con el punto anterior, pues muchas veces no se le da responsabilidad al joven por su falta de experiencia. No se cree que hará un buen trabajo si se le encarga algo, pues existe esa duda sobre el desempeño a tan corta edad. Pero si realmente se aprende a confiar en ellos, esto les brindará mayor confianza en sí mismos y se sentirán con la responsabilidad de no defraudar lo que ha sido depositado en ellos.

Es como matar dos pájaros de un tiro: por un lado les das seguridad, y por el otro, te sorprenderás de lo que son capaces de llegar a hacer. Y aquí, como en los otros puntos, también hay la posibilidad del error o la falla por parte del joven, claro, está aprendiendo. De eso se trata el crecimiento: error y acierto.

5. Criticar su estilo

Cuando se es joven, se quieren muchas cosas, y una de ellas es sobresalir, resaltar, ser alguien diferente. Esto, en ocasiones trae como consecuencia que sus actitudes, vestimenta y pensamientos, sean diversos a lo socialmente establecido. Y puede generar en el sector adulto cierto rechazo o incomodidad. Pero, ¿quién no fue joven alguna vez y tuvo un estilo peculiar de vida? Todos pasamos por algo así, sabemos que es parte de él y de la constitución del individuo. Además, este pensamiento diverso, que reta y genera opciones distintas, muchas veces resulta favorable en la toma de decisiones que generan cambios positivos.

Debe de existir un equilibrio de oportunidades para todos, para que juntos podamos construir una sociedad más completa y respetable, donde cada quien aporte lo mejor que tiene y nos complementemos como país.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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