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Un nuevo ajedrez político en México

A reserva de que concluya formalmente el Proceso Electoral 2015, con el cómputo distrital y la declaratoria de validez de la elección por parte de las instituciones correspondientes (INE, TEPJF y los OPLE’s), vale la pena hacer reflexión en torno al nuevo mapa político que se ha conformado luego de unas reñidas, discutidas e interesantes campañas electorales.


Panorama Político


I. PRI-PAN, primeras fuerzas políticas a nivel nacional

La integración de la LXIII Legislatura, que iniciará su labor el 1º de septiembre, revela que tanto PRI como PAN siguen siendo los partidos más votados a nivel nacional. No obstante, el Revolucionario Institucional podría estar cerca de no alcanzar la mayoría simple (incluso con las curules ganadas por sus aliados PVEM y Panal), con lo que estaremos observando nuevamente un gobierno sin mayoría legislativa. Aunado a ello, la presencia importante de nuevos partidos representados en ese órgano legislativo (Morena, PES) forzará a Peña Nieto a establecer nuevas alianzas si quiere implementar o impulsar las llamadas “reformas estructurales”. En este escenario, será vital para el PRI negociar con Acción Nacional, quien desde ahora, puede considerarse como el fiel de la balanza.

II. Nuevas piezas en el tablero político

La sorpresa de la jornada electoral fue que de los tres partidos debutantes, Morena y PES alcanzaron a librar el umbral fijado por la ley para mantener el registro; sin ser el caso del Humanista y el PT, quienes podrían perder su espacio en el espectro partidista del país. De igual modo, los de izquierda mantienen la tendencia a la polarización y no logran cohesionar su fuerza electoral. El revés más importante lo sufre el PRD -tanto a nivel nacional como en el Distrito Federal- siendo el que más posiciones perdió en la legislatura.

Será interesante seguir muy de cerca el desarrollo de las bancadas en el Congreso, aunque presumiblemente la agenda legislativa no contenga temas controversiales pues éstos ya han sido discutidos en la LXII Legislatura. Como sea, la pluralidad en la representación popular es un actor que llegó para quedarse en el sistema político mexicano.

III. Figuras independientes vs. partidocracia

Quizá la elección estatal que levantó más interés fue la de Nuevo León, en la que por primera vez en la historia contemporánea, un candidato sin partido llega a la gubernatura de una entidad federativa. “El Bronco” Rodríguez logró desafiar al tradicional sistema de partidos y ganar en un territorio por demás significativo e importante.

Aunque algunas voces opinen que se trata de una oportunidad para tener candidatos similares en la Elección Federal del 2018, valdría la pena hacer notar que “El Bronco” es un fenómeno local, cuyas características no acreditan, hasta ahora, que se pueda asegurar una figura del mismo peso a nivel nacional. Sin embargo, es de llamar la atención esta coyuntura para animar la participación de nuevos actores a nivel regional y modificar aún más el mapa político de México.

IV. Alternancia vs. bastiones partidistas

Un elemento más a considerar en esta reflexión es lo observado en las elecciones para gobernador en diferentes estados de la República. Diversas casas encuestadoras vaticinaban cómodas victorias del PRI en Campeche y del PAN en Baja California Sur, pero se mostraban cautelosas en el resto de las entidades, de lo cual se puede decir es un síntoma sano de que la democracia mexicana está transitando hacia escenarios más competitivos, dejando de lado los llamados “carros completos” y poniendo en jaque la hegemonía de los partidos a nivel regional.

Es de resaltar, por ejemplo, que la alternancia se vivió en Querétaro (pasando de un gobierno priísta a uno panista), en Michoacán (del tricolor al perredismo) y en Guerrero (del perredismo al priísmo). Al momento de escribir estas líneas quedaba por definir si en San Luis Potosí y Colima se revertiría la tendencia mantenida de los candidatos del PRI a la cabeza o si, por el contrario, los abanderados panistas lograrían alzarse con el triunfo. Independientemente de ello, es meritorio para el sistema político hallar estos cambios que abonan a consolidar la vida institucional del país.

V. Tragicomedia electoral

Como apéndice a este breve análisis, vale la pena mencionar los casos simbólicos en los que ciudadanos ajenos a la vida política -incluso con profesiones diametralmente opuestas- se incorporan a ella y acceden a cargos de elección popular. El que más ha llamado la atención es el ex-futbolista Cuauhtémoc Blanco (quien llegara a la alcaldía de Cuernavaca apoyado por el Partido Social Demócrata); sin olvidar al comediante conocido como “Lagrimita” a quien el TEPJF dio oportunidad de competir para el gobierno municipal de Guadalajara. En ambos casos, la popularidad del candidato no se evalúa por sus logros en la arena política, administrativa, partidista, sino por ser parte de mundos con amplia influencia en la sociedad mexicana: los espectáculos y el deporte. Así, aunque legales y legítimas, sus participaciones demuestran que los méritos cívicos, sociales, educativos, humanistas, pasan a segundo término frente al pragmatismo de los partidos políticos que para garantizar más votos, acuden a ellos aprovechando su presencia pública en detrimento de la calidad de gobernantes y representantes que merece la ciudadanía.

El panorama descrito ofrece un mapa político marcado por la pluralidad de actores y voces que al menos durante los siguientes tres años trazarán una agenda compleja, reconfigurando las relaciones de poder en dimensiones que no habíamos vivido en nuestro sistema político. En efecto, con la presencia de jugadores no partidistas en altos cargos de responsabilidad pública, nuevos partidos políticos con fuerza en esferas de representación popular, gobiernos estatales en manos de diferentes institutos políticos, más los habituales grupos de presión e interés, transitaremos a un estadio en el que se volverá obligada la práctica de diálogos intra-institucionales capaces de lograr acuerdos y no minar los avances que se han logrado en materia democrática.

Los comicios de este año abren también un campo fértil para analizar los efectos de la reforma político-electoral recientemente aprobada. Se debe apostar a reforzar los canales institucionales de participación ciudadana y generar más espacios para que la sociedad pueda incidir directamente en la toma de decisiones públicas. Por tanto, el seguimiento puntual de estos acontecimientos brindará una hoja de ruta idónea para entender cómo mejorar la calidad de nuestra democracia y, en consecuencia, de la sociedad mexicana.

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