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El dolor nos puede ayudar a ser mejores personas

Ahora que estamos viviendo ya las semanas de preparación para la venida de Jesús a nuestros corazones, es importante hacer un pequeño examen de lo que nos lastima y nos opaca el alma, para tratar de quitarlo y dejar así un lugar digno para el Rey de reyes.



Pienso que es precisamente por medio del dolor como Dios nos va puliendo, y es necesario saber vivir y ofrecer ese dolor para que verdaderamente nos perfeccione.

Aquí están hoy mis 5Tips para educar a nuestros hijos en el dolor para lograr hacernos mejores personas.

Primero. Hagamos caso cuando les duele algo. Que la atención sea con amor

Si nuestros hijos ven que le damos el justo valor a las cosas será más fácil que ellos aprendan a valorar lo que viven y lo que tienen. Para lograrlo, es necesario que aprendan de nosotros a medir lo que es y lo que está un poco exagerado.

Si minimizamos todo lo que ellos sienten, después no serán capaces ellos, de identificarlo y ofrecerlo. Tampoco digo que permitamos exageraciones y berrinches, pero sí que se den cuenta de que cuando algo es real, le damos la atención que merece y hacemos lo necesario para sanar ese dolor; ya sea físico o espiritual. 

Con mis hijos lo que hacemos es que los escuchamos y los observamos para ver su comportamiento cuando dicen que algo les duele; después, dependiendo del caso, los llevamos al doctor para que sea él quien diga si lo que tienen es grave.

Al llevarlos al medico les estamos dando un mensaje de que nos interesan y que por amor, hacemos lo que está en nuestras manos para solucionar su dolencia.

Segundo. Que ofrezcan su dolor antes de quejarse

Este punto es muy importante. Si queremos darle un sentido trascendente al dolor, debemos reconocer que lo tenemos y después debemos aceptar vivirlo por amor a Dios o por alguna persona que necesita de nuestro sacrificio. 

De esta forma educamos a nuestros hijos para que vean el dolor como un medio de perfeccionamiento y de obtención de favores especiales.

Yo no digo que los eduquemos para que busquen sufrir a toda costa, pero si tiene por alguna razón que sufrir, lo ofrezcan por algo que vale la pena. Para esto eso bueno enseñar desde pequeños a nuestros hijos que aunque sea un golpe o una pequeña raspada la pueden ofrecer.

Y mientras los curamos, que lo ofrezcan por lo que ellos quieran. Con mis hijos lo hicimos así des chicos y con el tiempo ya no fue necesario decirles, ellos mismos lo hacen desde el fondo de su corazón.

Tercero. Que aprendan a aguantar cada día un poco más

Es común que cuando están pequeños nuestros hijos, se pegan o se caen y lloran de inmediato con gritos y llegan hasta el berrinche.

Esto es normal, pero es necesario enseñar a nuestros hijos a aguantar el dolor un poco más cada vez.

Con esto no digo que no expresen su dolor, pero sí que vayan templando su carácter y aprendan a no hacer un drama cada vez que algo les duele.

A mis hijos los enseñamos a que si lloran no los podemos entender y por lo mismo les pedimos que se calmen un poco, esto ayuda a controlar también el dolor. Después les pedimos que nos expliquen lo que les pasa y por último les tratamos de consolar para que ese dolor pase lo más pronto posible.

Cuando el dolor es causado por un golpe fuerte, es lógico que el llanto sea también muy fuerte, pero es necesario ayudar a nuestros hijos a controlarlo y a permitir que los podamos ayudar lo más pronto posible. Si acostumbramos a nuestros hijos a ser mesurados en sus reacciones sabremos con certeza cuando un dolor sea verdaderamente fuerte y nos permitirá actuar lo más pronto posible para solucionar la situación.

Cuarto. Que volteen al rededor y sean capaces de reconocer el dolor en los demás

El mundo está lleno de dolor y de gente que sufre por mil y un motivos. Si vamos por la vida viendo sólo nuestro sufrimiento es muy probable que no podamos salir de él tan fácilmente. Pero si educamos a nuestros hijos para que sepan reconocer el rostro del dolor en los demás, podrán ver que muchas veces su dolor es nada a comparación del sufrimiento de los demás.

No se trata de hacer menos su dolor. Se trata de ayudar a los demás a sentirse mejor para mitigar un poco nuestro dolor. Con nuestros hijos hemos procurado que entre hermanos se apoyen y se ayuden en los momentos difíciles que la vida les va poniendo ya a su corta edad y es asombroso ver cómo pueden darse a los hermanos para mitigar su dolor. 

Por ejemplo, cuando alguno está operado, los demás lo procuran y le ayudan a realizar sus deberes y le llevan la comida. Sin importar si tienen flojera o si están cansados.

Y quinto. Que vean que nosotros ofrecemos nuestro dolor con alegría

El ejemplo siempre es la mejor forma de educar. No podemos pedirles a nuestros hijos que ofrezcan su dolor si nosotros no lo hacemos. Tampoco podemos pedirles que sean alegres a pesar del sufrimiento si nosotros vamos por la vida con el rostro desencajado, con ojeras por no poder dormir por las preocupaciones y el dolor y quejándonos todo el tiempo de lo que nos ha tocado vivir.

Deben ver en nosotros un rostro alegre, lleno de esperanza, confiados en que el sufriendo que tenemos servirá para traer grandes gracias para nuestra familia.

Si nuestros hijos ven que pasamos los dolores con alegría, aprenderán que el dolor puede ser un medio para llevaros al perfeccionamiento personal y lograr así nuestra salvación.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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