Últimas noticias:

Desenredos y reflexiones sobre el amor

En lo que al amor se refiere, todos nos hacemos un gran lío en la vida; la experiencia del amor es sin duda lo más sublime que puede experimentar una persona en cualquier momento de su vida y sin importar las circunstancias que uno esté viviendo: la propia historia, la familia, la economía, etc. Todos los elementos que constituyen la vida de una persona desde el momento mismo de la concepción hasta su muerte, no escapan a la experiencia del amor, ya sea porque se tenga la gran bendición de vivirla o por tener la desdicha de su ausencia. Cualquiera que sea el caso, el amor existe ya sea por su presencia o por su ausencia en la realidad de la persona humana.


Amor; privilegio de pocos


Reflexionando en las diferentes lecturas que he hecho sobre el tema, no puedo más que maravillarme de la gran riqueza que encierra el estudio del amor. Me parece que el amor es el centro de todas las realidades humanas, todos los puntos son equidistantes a él.

Adentrarnos en el estudio de “la esencia del amor” es un manual de vida en el que encontraremos siempre oportunidades de mejora en la relación con uno mismo, con la familia, compañeros de trabajo, amigos, clientes, pacientes, con el vecino y con quien cruza mi camino, y nunca había visto ni volveré a ver, confieso que lo que más me maravilla es que cada que estudio algo más sobre el amor tengo la sensación de estarlo estudiando por primera vez, descubriendo cosas que nunca había meditado.

Escribiendo estas líneas me viene a la mente la idea de que el amor es como la curiosidad del niño, infinita y siempre dispuesta a encontrar cosas nuevas, a dejarse sorprender por las oportunidades, a sacar todo lo mejor de nosotros, y que si le da uno cuerda, nos lleva a las más hermosas creaciones. La creatividad en el niño lo lleva a hacer de una caja de refrigerador una nave espacial, un carro, un castillo, a crear un mundo en el que todo es posible, en el que todo es una gran aventura.

Recientemente leía un pensamiento en una red social que decía: “mientras menos haga el juguete, mas hará la imaginación del niño”. Siguiendo entonces en el tenor de mi analogía, se me ocurre que mientras menos vehículos materiales le pongamos al amor, más hará la persona para experimentarlo, vivirlo y expresarlo desde lo más profundo de su interior.

Recuerdo una anécdota en la que mi papá nos cuenta cómo, cuando no tenía dinero para comprarle flores a mi mamá, él pasaba por las casas más bonitas saliendo de la universidad para robar una flor de algún jardín, y así siempre llegar con un detalle a sus citas. A 34 años de casados, la sigue sorprendiendo con flores, sin mayor motivo que el amor que le profesa. El deseo de demostrar ese gran amor, combinado con la necesidad económica, que suele ser la madre de la inventiva, y una gran creatividad, da como resultado el esfuerzo, el empeño, las ganas de agradar al ser amado, de ser mejor para él y por él, y viceversa, convirtiendo la experiencia del amor en una espiral ascendente de mejora que no tiene fin.

Desafortunadamente, el día de hoy el amor es privilegio de pocos, lo que es una gran desdicha, ya que nadie ama lo que no conoce, y no tener la experiencia vivida del amor, es –como dice Kierkegaard– “una pérdida eterna para la que no existe compensación ni en el tiempo ni en la eternidad”. Sin embargo, en esta cultura del descarte de la que nos habla mucho el Papa Francisco, es la realidad más común y de la cual debemos poner todo nuestro empeño por salir, por resarcir el daño en las familias, en las escuelas, en la iglesia, en donde son formalismos, reglas y métodos los que se persigue, más que verdaderamente crear espacios de comunión en el amor.

En este mundo consumista y relativo, estamos rodeados de sentimentalismos y cursilerías que han reducido al amor a un sentimiento efímero y pasajero, con vida propia, que llega “cuando menos lo esperas” y sin saber cómo “se acaba”. Hemos reducido al amor a la experiencia sexual fuera y dentro del matrimonio, en el que lo importante es la sensualidad y lograr uno o varios orgasmos. Hemos prostituido al amor hablando en su nombre de cosas tan pasajeras como un conjunto de reacciones químicas que vive el cuerpo. Hemos reducido al amor a esa satisfacción que me da el llenar vacíos interiores con una mascota e incluso con otra persona… y así podría continuar enlistando diferentes realidades que vivimos desde hace ya algunos años, en los que, lo más grave de todo, es que las personas el día de hoy verdaderamente creen que eso que viven es amor; y siendo así, no sorprende entonces el gran deterioro del mundo.

El amor verdadero es –como nos explica el Dr. Tomas Melendo– un acto de la voluntad, recio y estable, que pone en fecunda tensión a la persona entera y gracias al cual se descubre, elige, persigue y realiza el bien del ser querido.

Si nos detenemos a profundizar en estas líneas, podemos encontrar una riqueza infinita, y ya sólo con ella, el norte en la brújula. Primeramente nos dice que el amor es un acto de la voluntad. Esto quiere decir que la persona para amar bien ha de tener una voluntad bien educada, y esto sólo se consigue con disciplina, con determinación y con esfuerzo.

Entonces, si partimos de ahí, cabría bien el preguntarnos si cumplimos con este primer requisito: ¿tengo una voluntad firme y bien educada? De no ser así, entones tengo la obligación de fortalecer mi voluntad y así estaré fortaleciendo mi capacidad de amar con mayor plenitud, haciendo uso de mi creatividad, y sólo si me lo propongo, se me pueden ocurrir muchas formas en que, reconociendo el valor de las cosas, podré descubrir cuál debe ser mi actuar para hacer un buen uso de ellas, y tratándose de las personas, aprender a reconocer el inmenso valor que se encierra detrás de cada mirada, ya que “es tanta la perfección radical de la persona, que nada se muestra digno de serle regalado si resulta menor que ¡otra persona! Cualquier realidad distinta que se le ofrende se queda corta, chata, permanece muy por debajo de lo que la densidad personal reclama» (Tomas Melendo).

Es por ello que debo aprender a desvincular los vehículos materiales de la experiencia del amor, debo ser yo mismo entregándome plenamente al otro en cada contacto, provocando experiencias significativas que detonen el amor que se encierra en el otro.

#paralograrlamejorversiondefamilia

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar