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De principios y fidelidades ¿qué va primero?

En plena efervescencia pre-electoral, hay quienes reclaman fidelidad de militantes (y curiosamente de simpatizantes) al partido de su pertenencia. No sólo se exige fidelidad al partido, sino que se sataniza y amenaza a quienes no obran así. Pero el asunto de las fidelidades no es así de simple.


Acción Nacional


La fidelidad ciega es contraria a una sana conciencia. De hace tiempo, en los Estados Unidos se usaba la frase de: “Right or wrong, my Country”, es decir en términos comunes: chueco o derecho, mi país. ¡Inaceptable! Hay que distinguir entre fidelidad y fanatismo ciego.

Lo que está bien lo está y lo que está mal, también está mal. La fidelidad procede de un acto volitivo, y para decidirla se hace un juicio de la razón, no de la emotividad, menos aún de visceralidad. Por razón de conciencia, de integridad, de congruencia, se es fiel a lo que es o está en línea con mis valores. Ejemplo, la familia debe permanecer unida, ser solidaria, pero cuando un miembro de la misma se convierte en delincuente, la familia no puede moralmente encubrirlo y librarlo de la justicia, y por eso luego vemos que un padre que entrega a la Ley a un hijo delincuente para que sea sometido a juicio.

Quienes exigen fidelidad a un partido, a pesar de que las acciones de sus dirigentes sean contrarias a Derecho, o al menos a la doctrina del partido o ilegítimas por manipulaciones legales, sin juicio moral, olvidan la jerarquía de valores. Como insistía Peter Drucker: lo primero es lo primero.

De esta manera, nuestra primera fidelidad en estos casos para tomar acciones políticas, es la fidelidad a nuestras creencias religiosas y a nuestra doctrina: ser fieles a nuestro Dios. Todo, pero todo lo demás está supeditado a esto: ser fiel a Dios. Por eso no podemos tomar decisiones partidarias en la política, que contravengan ese deber ante Dios. Como lo sería apoyar a quienes atentan contra la dignidad de la persona humana.

Después viene la fidelidad al bien común de nuestra gente. Digamos fidelidad al bien común de la patria y de la llamada patria chica. El bien, el interés legítimo del país, está siempre arriba del interés de un partido político.

Debajo de la fidelidad a la patria, está la debida al partido político al que se pertenece. Y cuando no se es miembro sino simpatizante de alguno, la fidelidad solamente se puede dar cuando ese partido de nuestras simpatías, es congruente con nuestros deberes para con Dios y con la patria.

Pedir, y peor: exigir fidelidad a un grupo político, a un partido, o a un candidato, cuando sus acciones, valores y oferta de gobierno, cualquiera de estas cosas o todas ellas, van en contra del deber para con Dios y la Patria, eso está fuera de una recta moral, de una sana conciencia.

No se puede apoyar a candidatos, grupos políticos o partidos, cuya oferta política vaya en contra de la escala de valores de una persona digna. Exigir fidelidad a quienes contravienen los derechos de las personas, como el derecho a la vida, a la libertad, es un acto indigno de quienes lo piden a otros. Claro que muchas veces, quienes piden apoyar a partidos o candidatos indignos ante Dios y la patria, lo hacen ciegamente, sin cuestionarse (luego les da miedo precisamente cuestionarse, para no reconocer que están obrando mal).

No se puede confundir la fidelidad a un partido con aquella que se da a las dirigencias en turno. Las instituciones, con sus principios de doctrina, permanecen, las personas pasan.

No hay razón para pasar sobre la escala de valores y de las debidas fidelidades por interés político, ni siquiera como algo “útil”. Primero Dios, luego la patria, luego el partido y al final los poderosos del mismo y los candidatos. Las coyunturas políticas son eso, la doctrina en cambio es permanente, cuando está basada en principios inalienables de valor divino y humano.

Así que nadie, pero nadie, tiene derecho a exigir fidelidad a quienes están mal, y todos, pero todos, estamos obligados a respetar lo más importante primero y tras ello, lo que está más abajo en valores de la persona humana de recta conciencia.

¿Es esto un mensaje para Acción Nacional? Sí, lo es.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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