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¿Obediencia debida o lealtad a la conciencia?

Muchos crímenes se han cometido a lo largo de la historia del hombre, por personas que por iniciativa propia nunca los hubieran cometido. ¿Por qué lo han hecho? Por la “obediencia debida”, aunque no usaran esta expresión.



Recuerdo haber conocido esta frase trágica de la “obediencia debida” cuando la Argentina sometió a militares a juicio por los asesinatos y otros crímenes durante su guerra sucia de ese país. Los militares declaraban que habían actuado contra la Ley por su “obediencia debida”. ¿Y la conciencia? Esa no importaba. 

Sabemos cómo ejércitos han devastado poblaciones enteras, destruido pueblos porque los superiores se lo habían ordenado. Inocentes fusilados bajo proceso o sin proceso, porque a los pelotones de fusilamiento se lo habían ordenado. Matanzas de inocentes civiles en teatros de combate, por obediencia ciega. 

Salvo aquellos criminales bajo órdenes superiores que habían sido previamente adoctrinados exitosamente, y que por tanto no tenían ninguna resistencia para matar, torturar, robar y destruir, en general los criminales lo hacían todo porque “debían obedecer”. Tenían que hacerlo porque se convencían de que finalmente la responsabilidad ante los hombres y quizás ante Dios, era de quien ordenaba, no propia. Sin embargo, muchos viven torturados el resto de sus vidas por su conciencia, que les reclama el mal cometido. Almas atormentadas. 

Pero otras veces no se ha tratado de tan graves crímenes, sino de aceptar procesos de corrupción, sobre todo en medios gubernamentales: “el jefe sabrá por qué lo hace, pero yo no quiero perder mi trabajo”, así que simplemente obedezco, sin hacer preguntas. Sigue siendo la triste “obediencia debida”. 

En cualquier caso, el apego al falso principio de la obediencia debida, hace que las personas se vayan acostumbrando a hacer el mal que les es ordenado y callen su conciencia que les ha dicho que no deben hacerlo. El hombre se vuelve moralmente insensible. 

La objeción de conciencia

Pero cada vez más el espíritu humano se va despertando a una verdad: cometer delitos contra la conciencia es inaceptable, tanto frente a la propia dignidad como ante la sociedad y más que nada frente a Dios. Así nace lo que llamamos “objeción de conciencia”. 

Ante una orden o una ley que obligan a cometer crímenes, el llamado “objetor de conciencia” se niega a obedecer. Sin embargo, en general la tal obediencia debida sigue prevaleciendo, y por eso fuerzas militares o policiacas cometen los delitos que les son ordenados aunque les repugnen. 

Pero hay un medio en donde la prevalencia de la conciencia se ha ido imponiendo para respetar la dignidad de las personas, y es en el mundo de la medicina. Así, médicos respetuosos de su digna profesión se niegan a practicar infanticidios por medio del aborto, o a matar enfermos o ancianos por eutanasia. Gracias a Dios. 

Individuos respetuosos de derechos humanos se niegan a obedecer leyes injustas, que van en contra de su conciencia precisamente por eso. Primero purgar penas, agresiones y humillaciones humanas que traicionar sus principios. 

Se debe solidarizar con todo con quienes en apego a sus valores se niegan a obedecer ordenamientos injustos, por medio del recurso de la objeción de conciencia. Se deben apoyar todas las iniciativas legislativas para eliminar la obediencia debida a leyes injustas y en especial respaldar las que reconocen como un auténtico derecho humano la objeción de conciencia, que protejan al objetor de conciencia de represalias legales o ilegales. 

La “obediencia debida” debe quedar en el pasado, y debe imponerse la objeción de conciencia. Para ello, todos quienes de alguna manera estamos en condición de influir en la formación de una recta conciencia y la conducta de otros, debemos luchar abiertamente contra la obediencia forzosa de lo que es intrínsecamente malo, y de actuar conforme a esa recta conciencia: los valores y dignidad humana prevaleciendo ante los ordenamientos de maldad, vengan de quien vengan. 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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