Últimas noticias:

¿Por qué la controversia sobre Amoris Laetitia?

Mucha desorientación y confusión han provocado los medios masivos de información y algunas otras fuentes, sobre lo que el Papa Francisco dice en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Lo grave de este asunto es que muchos católicos han caído en la trampa de los medios, o de las fuentes sesgadas. Unos, porque se hacen eco en su mayoría de las agendas “progresistas” (ahora todo nos lo sirven con salsa progresista); y otros, porque tienen como fuentes de información interpretaciones no muy apegadas a lo que realmente dice el documento del Papa.



Entre estos últimos, están los católicos preconciliares (del Vaticano II), pero también los que se han visto afectados en sus intereses, fundamentalmente representados por algunos obispos y cardenales (lujos inaceptables, lucha por el poder, alejamiento del pueblo cristiano), que con el pretexto del apego a la tradición y a la Doctrina, fustigan al Papa y están en contra de todo lo que de él venga (me recuerdan a los fariseos del tiempo de Jesús).

En este grupo nos encontramos también a los católicos de buena fe, pero desorientados por interpretaciones sesgadas de Amoris Laetitia.

Por otro lado, están los defensores del proyecto LGTTB y de la ideología de género que, en general, son los mismos que defienden la cultura de la muerte (aborto, eutanasia). También nos encontramos en esta línea a los medios que se nutren del escándalo (son la mayoría), pero también a todos los grupos anticatólicos que estaban esperanzados en que el Sumo Pontífice emitiera un documento rupturista. Estos últimos se pueden decir decepcionados, entre otras cosas, porque el Papa expresa en el documento su preocupación por que haya una voluntad de imponer a los niños la ideología de género, como pensamiento único.

Ya sabemos qué es lo que mueve a los grupos LGTTB y anexas, por lo que no nos ocuparemos por ahora de ellos, (salvo en lo que dice el documento papal sobre las uniones de personas del mismo sexo), pero sí de los católicos fundamentalistas (mal llamados conservadores) y de los liberales.

Los primeros se nutren de fuentes que toman como la pura verdad cuando de atacar al Papa se trata, y ésta es la mejor ocasión que se les ha presentado. En su mayoría, estas personas tienen una obsesión, que consiste en pensar que en el Vaticano hay una especie de “sede vacante”. Quisieran poder decir que, finalmente, el Papa no es infalible*. No sé si piensan que el Espíritu Santo se tomó unas vacaciones, que durarán lo que el pontificado del Papa argentino.

Por el otro lado, tenemos a los liberales, para los que ha sido muy decepcionante la Exhortación papal, porque hubieran querido que Su Santidad declarara, por ejemplo, que la Doctrina de la Iglesia se podía adaptar a cuestiones relativas a la indisolubilidad del matrimonio o a la constitución de la familia. A este respecto, resulta muy esclarecedora la advertencia del Papa sobre la “deconstrucción” de la Familia, que es uno de los azotes de nuestro tiempo, que consiste en llamarle familia a cualquier cosa.

En general, las posturas aquí mencionadas responden a lecturas parciales o a interpretaciones sesgadas que revela, en quien las defiende, que no ha leído a fondo y con cuidado el documento.

Aclaro, por honestidad intelectual, que no soy teólogo (soy filósofo católico), pero sí he leído con cuidado la Exhortación Apostólica, y también he analizado algunos de los argumentos más socorridos, tanto en pro como en contra del documento. Sin embargo, algunos católicos que han leído la Exhortación con cierto cuidado se encuentran, con cierta razón, simplemente incómodos porque no saben cómo defender la postura del Papa frente a los que dicen que Amoris Laetitia (sobre todo el capítulo VIII) es contraria a la Doctrina de la Iglesia en lo que se refiere a la fe y a la moral.

Pero a todos ellos, a los de buena fe sobre todo (porque los de mala fe sostienen posturas irreductibles), les puedo decir que, por lo menos yo, no encuentro en la Exhortación papal nada que contradiga la Doctrina de la Iglesia. No deroga ningún artículo de Derecho Canónico ni del Catecismo de la Iglesia, ni de la Tradición. El asunto más controvertido es sin duda el de los divorciados vueltos a casar. El Papa no puede ser más claro en este punto, primero, en que nunca han estado excomulgados (los divorciados vueltos a casar), lo que no significa que puedan acceder a la Eucaristía. Segundo, en relación con el cuidado que debe tener la comunidad cristiana en su trato con estos hermanos espiritualmente heridos: “hacerse cargo de ellos, no implica un debilitamiento de su fe y de su testimonio acerca de la indisolubilidad matrimonial, es más, en ese cuidado expresa precisamente su caridad” (no. 243).

El discernimiento (distinguir para unir, dice Santo Tomás) sobre los casos particulares siempre ha existido en la Iglesia. En este punto, el Papa cita en varias ocasiones la Exhortación Pastoral de San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, y a Benedicto XVI, pero sobre todo a Santo Tomás de Aquino, en un muy loable esfuerzo tendiente a la recuperación de la tradición tomista sobre la Verdad y el conocimiento que de ella tenemos. “Aunque en los principios generales haya necesidad, cuanto más se afrontan los casos particulares tanta más indeterminación hay […] cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación” (I-II, q. 94. a. 4). También cita a Benedicto XVI, cuando afirma que “sabemos que no existen recetas sencillas” (L’O. R. junio 1.0 de 2012, p. 12). Por lo que toca al Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa cita el N. 1735, que se refiere a la imputabilidad de los actos, y el N. 2252 que trata de los únicos casos en los que es permitida la comunión de los divorciados vueltos a casar, que es sólo cuando éstos viven en abstinencia absoluta, “como hermanos”, dice textualmente, lo cual es muy difícil, pero no imposible de lograr (esto último no lo dice el Papa, lo digo yo).

Por último, en relación con los proyectos de equiparación entre las uniones de personas homosexuales con el matrimonio, el Papa dice con toda claridad que: “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas**, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (no. 251). Por tal motivo, el mensaje ideológico de género es perverso, y atenta contra la ley de Dios que creó al hombre y a la mujer con su sexo definido y complementario, y no con un género que cada vez se hace más indefinido y voluntariamente confuso.

NOTAS:

* Hasta la fecha, hay quienes no aceptan los resultados del Concilio Vaticano II, con el falso argumento, entre otras cosas, que los papas Paulo VI y Juan XXIII, introdujeron el “modernismo” condenado por los papas en el siglo XIX.

**El subrayado y las negritas son míos.

Se recomienda también, como complemento, la lectura de “El Papa Nunca ha sido ni será Hereje”, de Salvador Abascal Infante, Ed. Tradición, México.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar