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Si a Pablo lo corrieron, no esperemos menos

Entre quienes defienden la vida, el matrimonio y la familia naturales, la auténtica identidad sexual, o la paz y la justicia social, principalmente, cunde a veces el desánimo, pues ven que los partidarios de la cultura de la muerte, los destructores del matrimonio y la familia, o defensores de la injusticia y la explotación, parecen ganar la batalla, por la fuerza que ejercen desde posiciones de poder.


Vida de San Pablo


Pues que no se aflijan ni se desanimen, a otros le ha ido peor frente a los hombres, pero no ante la fuerza del Espíritu Santo. Y no hablo de los mártires, sino de los predicadores de la verdad, que enfrentan ataques de sus enemigos y parecen ser vencidos. No hay tal, veamos.

La visita de Pablo y Bernabé a Antioquía, se nos narra en Hechos de los Apóstoles (13,14), con su exitosa predicación entre los paganos, y cómo la envidia de los judíos hizo que éstos, enojados, “azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio”.

Eso no desanimó a Pablo y Bernabé, pues como señal de protesta, como el Maestro nos enseñó (Mt 10:14), se sacudieron el polvo de los pies y se marcharon para continuar su prédica. Pero lo más importante, según narra el cronista de Hechos de los Apóstoles, es que en la ciudad que abandonaron, “los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo”.

Y esto es lo trascendental: que ante un aparente fracaso de Pablo y Bernabé, echados de la ciudad, el Espíritu hizo la conversión de las almas, de quienes “se quedaron llenos de alegría” y del propio Espíritu.

Los grupos activistas a favor del aborto, la eutanasia, el presunto “matrimonio igualitario”, la imposición de una supuesta “cultura de género” son sumamente ruidosos y agresivos, frente a los esfuerzos dignos y pacíficos de quienes defienden la Verdad. Igualmente parecen triunfar quienes imponen el odio, la guerra y la injusticia social. Harán daño en muchos, pero al final no ganarán.

No ganarán si los defensores de la Verdad lo hacen bajo la invocación del Espíritu Santo, ya que Éste hará que sus esfuerzos tengan frutos, al mover los corazones.

Cuando se defiende la vida, por ejemplo, señalando que el aborto y la eutanasia son crímenes injustificables contra los seres más indefensos, los defensores llegan a ser insultados, vejados, agredidos de palabra y de obra, pero no ceden en sus esfuerzos. Buscan hacer razonar a los escuchas y lectores.

Y hay frutos, pues más que un razonamiento simplemente humano, que lo hay y mucho, para descubrir la verdad del valor de toda vida humana, conocemos buenos casos de quienes, siendo pro-aborto o pro-eutanasia, de pronto descubren su error y se convierten en militantes pro-vida. Sin duda que detrás de esas conversiones está la respuesta del Espíritu Santo a la predicación por la vida.

No nos frustremos ni preocupemos por el éxito de nuestra defensa de la Verdad, pues el Espíritu hará fructíferos nuestros esfuerzos, cuando los hacemos en nombre del Señor. Si acaso nos arrojan fuera, como Pablo y Bernabé, dejamos aquello en manos del Jesús, nos sacudimos el polvo de los pies, y continuamos la lucha pacífica. Tras de nosotros siempre habrá quienes queden “llenos de alegría y del Espíritu Santo”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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