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Navidad cristiana y pagana: las Posadas y otras cosas

Parecería que no hay duda alguna, el tiempo de Navidad es la época en que el mundo celebra la natividad de Jesús de Nazaret, pero cuando observamos lo que ocurre en el mundo por estas fechas, ello parece haberse convertido en una simple referencia.


Navidad


Lo festejen o no, pero las diversas religiones del mundo reconocen que la Navidad es la fecha de nacimiento de Jesús, y felicitan a los cristianos por el hecho. No les da pena felicitar a creyentes de otro credo, así como los cristianos felicitamos en su momento a los judíos por su año nuevo o el Yom Kippur, por ejemplo.

La época navideña en México había sido desde la colonia una de celebraciones previas, con carácter básicamente pedagógico. Este es el caso de las posadas y de las pastorelas. Eran esos actos una cadena de celebraciones previas a la Navidad. El primero de enero, es también una festividad religiosa: la Epifanía. A ello agregamos el seis de enero: Día de Reyes (y de “rosca” y regalos).

Pero las posadas y pastorelas no son cosa de la época colonial, todavía hace algunos años eran celebradas como tradición “normal” en los hogares, barrios y parroquias. Pero desgraciadamente, las posadas, de ser fiestas familiares, se fueron despojando de su intrínseco aspecto religioso. En las posadas se rezaba y se hacía procesión, con la cantada de “pedir posada” que conocemos: “en el nombre del cielo os pido posada…”. Se rompía una piñata por los niños, terminando con cena y sana convivencia familiar, de barrio o comunitaria.

Con el paso del tiempo, las posadas fueron siendo despojadas de su religiosidad, agregando baile y consumo de bebidas alcohólicas. Finalmente se convirtieron en una serie de nueve fiestas de comer, beber y bailar, sin que hubiera ni petición de posada, ni rezo alguno y hasta sin piñata y, el colmo, sin niños.

El nombre de posadas se volvió sinónimo de fiestas pre-navideñas. Hasta las cenas decembrinas de las empresas e instituciones oficiales, fueron denominadas posadas sin ningún sentido, y cada vez menos. Los nueve días de posadas, se han convertido, sobre todo en las grandes ciudades, en grave dolor de cabeza para las autoridades, por los problemas de violencia, muertes y colisiones vehiculares producto del consumo de alcohol. En vez de causa de felicidad lo son de tragedia, contando y sumando muertos.

Es una pena que se pierda el sentido navideño, pues las posadas tienen una riqueza intrínseca para niños y adultos. Permiten recuperar su sentido familiar, comunitario y lo que son, ocasiones de celebración religiosa, con rituales muy divertidos. Las posadas son parte de las tradiciones mexicanas que no debemos perder, porque ni siquiera se están perdiendo por “modernidad” sino por descuido.

Respecto a las pastorelas, que no son otra cosa que representaciones teatrales relacionadas con la Navidad también han sido olvidadas. Dentro de su valor pedagógico, son también divertidas, pues están básicamente llenas de un sano sentido del humor. ¿Quién va a ser la Virgen, quién San José, y quiénes pastores, ovejas, ángeles y diablos?

Otra cosa son los “nacimientos”, que se dice inventó San Francisco de Asís, que son representaciones de adoración del Niño Dios por los pastores en Belén anunciado por un ángel. Ésta es una tradición perviviente, a nivel familiar y público. No falta en templos y escuelas católicas. “Poner” el nacimiento, era una cuasi-ceremonia familiar, y no tiene por qué dejar de serlo, con sus figuras, su iluminación y paisaje. Se siguen poniendo, pero no como ceremonial. También se han vuelto una simple decoración de la época navideña.

Dentro de la tradición católica, en la Noche Buena, se “acuesta” al Niño Dios, el cual se “levanta” días después de la Navidad, preferentemente pasado el día de la Candelaria, el dos de febrero, como otra ocasión de reunión y celebración familiar o comunitaria (y pagar la deuda de la rosca de reyes con tamales). No podían faltar las figuras de los Reyes Magos, desde el principio o bien movidas de lugar al pasar los días hasta quedar frente al pesebre el seis de enero.

Como tradiciones, las pastorelas están siendo rescatadas por organizaciones privadas y oficiales, de promoción y fomento cultural, como parte de las tradiciones mexicanas. Su riqueza cultural, permite que las pastorelas se promuevan y representen por organismos culturales oficiales sin ningún prejuicio ni asomo de oposición religiosa. Su promoción y puesta en escena es principalmente tarea de parroquias y escuelas católicas.

Las familias, escuelas católicas y parroquias, –y hasta otras religiones cristianas–, deben recuperar esta riqueza cultural y religiosa, y volver a celebrar posadas como lo que son: ocasiones de fiesta religiosa en familia o en comunidad, en que los niños aprendan mensajes sobre la Navidad, rezan juntos y rompen piñatas llenas de dulces y cenan en familia o en comunidad con vecinos y amigos.

Claro que existen valiosos esfuerzos para rescatar las tradiciones, y que hay también familias, comunidades y parroquias que mantienen estas tradiciones, pasando sobre la pérdida del sentido de las posadas, y que continúan celebrándolas como “debe de ser”. Otras más son una mezcolanza religiosa y mundana, pues se reza, se canta, se pide posada y hay piñatas, pero también baile y bebidas alcoholizadas sobre los “ponches” tradicionales: ¡salud!

Rescatar y mantener vivas las tradiciones de cultura religiosa en torno a la Navidad y el Día de Reyes, de las posadas, las pastorelas y todo lo demás, es conservar una riqueza cultural mexicana, con todo su valor religioso, pero también popular. Ver la época navideña no como de simples “fiestas”, sino de demostración de amor e interés auténtico por los demás, tiene también en sí su propio valor, tanto cristiano como humano, que se contagia y se puede vivir intensamente.

Nota: este artículo fue publicado aquí originalmente en 2007.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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