Últimas noticias:

¿Así que no se puede opinar sobre otros países?

El señor Maduro, presidente de Venezuela, está furioso, las cosas en el mundo diplomático le han salido muy mal, así que él y sus corifeos gubernamentales dicen que no se puede opinar desde el extranjero sobre la realidad venezolana. Pero en cambio él vociferó graves acusaciones sobre el presidente del gobierno español, el señor Rajoy, y pidió a los extranjeros como éste que se fueran a “opinar de su madre” y no de Venezuela.


Panorama Internacional


También opinó a placer sobre la política de Estados Unidos, exigiéndole entre otras cosas, que pidiera perdón a Panamá por hechos sucedidos hace muchos años, pretendiendo ganarse la buena voluntad de los panameños; no lo logró.

Está más que perdido. De hecho ha perdido lo que pudiera haber tenido de razón, de capacidad mental, está enfurecido. Perder los estribos y decir verdaderas tonterías e insultos a gobernantes y políticos extranjeros, es muestra de falta de inteligencia. Por eso exige que no se le critique.

Pero esta exigencia de no opinar sobre lo que pasa en países extranjeros no es novedad de Nicolás Maduro y sus gente, hay muchos casos anteriores. Lo curioso es que los dictadores que exigen al mundo que se mantenga fuera de opinar sobre su campo de dictadura, se toman ellos sí la libertad de despotricar contra otros países, tal como Maduro lo hace sobre lo que él llama “el imperio”.

La libertad de manifestar nuestra opinión, nuestra percepción de las cosas en cualquier sociedad o Estado soberano, no tiene por qué limitarse cuando el afectado, el denunciado, el señalado en sus errores, abusos de poder y omisiones así se le ocurre demandar: que se callen en sus críticas.

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela recién dijo al Senado colombiano, sobre su solicitud de liberar a presos políticos: “Métanse en los asuntos internos, tienen años en guerra, no se metan en los asuntos internos de Venezuela, no les competen” Pero la senadora colombiana Paola Holguín sabiamente le respondió: “La defensa de los valores democráticos es una obligación que no tiene límites fronterizos”.

Exigir que no se opine públicamente sobre actos dictatoriales de gobierno, que violentan las leyes y la dignidad de las personas, es normalmente resultado de no poder demostrar lo contrario de lo que se reclama en su contra.

A veces también es asunto de penosa soberbia nacional. Recuerdo de hace años, comentarios sobre la sociedad mexicana reflejada en un libro que tuvo momentos de gloria. Se llamaba “los hijos de Sánchez”, escrito por un antropólogo estadounidense, Oscar Lewis. Hubo quejas de mexicanos “ofendidos” por lo que allí se decía. Comentó alguien: “nadie tiene derecho de opinar sobre México”. ¿Ah sí? pues un deporte el mexicano es criticar a los gringos; afirmar eso es una verdadera incongruencia. Lo más curioso es que el libro en cuestión no contenía ninguna opinión extranjera, era, como se le consideró, una verdadera autobiografía de una familia (real) mexicana, es decir de narraciones de sus miembros, recolectadas por el autor.

Por supuesto que cualquier persona es libre de manifestar su opinión sobre terceras personas, sociedades, gobiernos y países. Lo que no es aceptable es que en vez de opinar se profieran insultos, amenazas o mentiras sobre el caso.

Así que estamos en la posición contraria al señor Maduro y de quienes no quieren que los toquen ni con el pétalo de una opinión desfavorable. No solamente tenemos todo el derecho de opinar, sino que es obligación de conciencia hacerlo, si nuestra voz tiene alguna influencia.

Es importante la denuncia, la exigencia de justicia y respeto al Derecho. Graves, muy graves ataques a poblaciones enteras se están dando en varios países, y el quedarse callado nos hace encubridores de los malos gobiernos, algunos reales asesinos, genocidas. “El que calla otorga”, se dice, y la verdad es que así se interpreta la mayoría de las veces.

Inclusive, los organismos internacionales son buenos foros para defender a quienes sufren la flagrante violación de sus derechos o de sus vidas y bienes, y allí nadie podrá exigir a otros, sean diplomáticos, políticos o ciudadanos “comunes” que se callen, y en cambio exigir que esos organismos como la ONU, sí reclamen a los gobernantes que no respetan los derechos de sus gobernados.

De hecho, es la presión internacional, oficial o privada, a través de los grandes foros y medios de comunicación, lo que ha logrado que gobernantes moderen sus conductas, sus amenazas y sus violaciones al Derecho. No necesariamente corrigen todo, pero sí lo hacen en parte, como liberar a los injustamente presos o salvar vidas de condenados injustamente a muerte.

Las organizaciones que se están dedicando a reunir firmas en favor de alguna causa justa y entregar esas firmas con las opiniones compartidas de exigencia de justicia, están logrando resultados. Las opiniones de personajes de reconocido valor en el mundo, como algunos gobernantes o ex-gobernantes, o bien líderes morales como el Papa, han logrado buenos resultados en algunos casos.

Así, podemos concluir que lo que aquí he comentado está dentro de la legalidad, y es que sí hay derecho a opinar sobre las realidades extranjeras, sobre sus gobiernos y sus sociedades. Que quienes reclaman que “nadie” los critique fuera de su país, lo hacen porque quieren carta blanca para hacer lo que les pegue la gana, violando el derecho de sus habitantes.

Pero no solamente hay libertad de expresión internacional, es también una obligación la denuncia, el reclamo de justicia; que así como reclamamos en la calle a quien abusa de alguien más débil y nos parece que hacemos bien, debemos reclamar a gobernantes que respeten a sus conciudadanos en Derecho.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar