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Sin (o con) renuncia de EPN ¿qué puede hacer el “sistema”?

A menos que sean ciertos los chismes de radio-pasillo de que el presidente Peña Nieto está enfermo y va para peor y tenga que renunciar pronto por ello, y que la plana mayor del sistema PRI-gobierno decida que de todas maneras debe hacerlo, eso sucedería tras las elecciones del 7 de junio próximo.


El sistema político mexicano


Pero el problema de la grave situación del país, por evidente incompetencia de su equipo de gobierno, sobrepasa la que parece ser la capacidad priista de volver a gobernar esta nación mexicana.

Como digo, no lo creo posible antes de las elecciones intermedias de 2015, pues el costo político del PRI-gobierno sería enorme, costaría muchos votos al tricolor. No se pueden dar ese lujo de pérdida de imagen, podrían perder muchos diputados federales y locales y hasta gubernaturas que por ahora podrían ganar. Y hay que sumarle presidencias municipales.

Si no se ve que el PRI tenga un líder carismático y de probada (probada…) experiencia exitosa de gobierno, la sustitución del presidente renunciado no tendría salida feliz. Pero ¿dejaría la sucesión en manos ajenas? Es algo casi imposible, le costaría la “vuelta al poder” de 2012 para 2018.

Ahora bien, sería el Congreso de la Unión el que nombraría al presidente sustituto; y supongamos que al PRI le vaya muy mal en la elección de la Cámara de Diputados, podría ser que ese Congreso pudiera tener suficientes votos para que el nuevo presidente no fuera priista, eso después del 31 de agosto de 2015.

Aún sí, las negociaciones, en vista de la imagen internacional de México, serían muy delicadas, pues no es solamente tener un nuevo presidente, sino también la confianza y esperanza de los mexicanos en general, y de los inversionistas en particular, nacionales y extranjeros, y de la comunidad política internacional.

Cuando se tenía aún un presidente con inmenso poder, Carlos Salinas de Gortari, se hizo una negociación en Los Pinos para que ante la evidente elección fraudulenta en Guanajuato, con el “triunfo” de Ramón Aguirre, cuando había ganado Vicente Fox, el nuevo gobernador interino de ese estado fuese el alcalde panista de León, Carlos Medina Plascencia. Ahora ese panorama ya no existe.

El PRI, con sus partidos “afines”, no aceptaría un presidente de la oposición, si aún pudiera evitarlo. ¿Qué opciones quedan? Que surgiera para entonces la posibilidad de un presidente “ciudadano”, aunque casi seguramente identificado con el PRI. De todas maneras, tendría que gobernar con un equipo mayormente priista, lo más probable.

Pero si se quisiera cambiar la actual política de Enrique Peña Nieto, con él al frente para no perder tanto la cara de aceptar que se equivocaron, el gobierno tendría que buscar una forma de abrirse a nuevas políticas provenientes de fuera del gobierno, como con algún tipo de organismo ciudadano que le aconsejara.

Podría así el PRI-gobierno aceptar de manera abierta la propuesta ciudadana de esas nuevas políticas, de parte de mexicanos distinguidos por su experiencia en cada actividad política. Éstos podrían llegar así de la academia, de la banca e industria y también de políticos de trayectoria exitosa de todos los partidos.

Sería una forma de convocatoria, por así decirlo, de “está bien, nos equivocamos; ahora veamos como nación qué debemos hacer para enderezar el barco”.

No hay pues muchas opciones del gobierno federal. La primera es que el presidente Peña Nieto continúe después de las elecciones intermedias (si no está enfermo realmente). Pero en los primeros meses de 2015 podría hacer cambios drásticos en su gabinete, sustituyendo a los principales secretarios fracasados y al procurador de la República, que tiene muy mala imagen. Así, podría hasta nombrar secretarios de Estado ajenos al PRI, como tiene ahora a uno bien visto, el de Relaciones Exteriores, Meade, de origen panista.

La otra opción que hemos visto es la de la renuncia con un nuevo presidente no dirigente priista y un equipo de gobierno nuevo y plural, en el tercer cuatrimestre de 2015.

Lo que sí deben tener en cuenta los simpatizantes de líderes opositores, es que no habrá nueva elección presidencial sino hasta 2018. Insisto porque hay quienes tienen esa esperanza.

En cualquier caso, con otro presidente o no, con otro gabinete o no, esta Administración federal tendrá que cambiar sus políticas demostradamente ineficientes, y de alguna forma u otra, aceptar ayuda ajena, en personas o recomendaciones, para sacar adelante a México, y volverlo al tan atacado buen rumbo en que lo dejó la anterior administración calderonista.

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