Últimas noticias:

Los gay-monios y los derechos humanos (2 de 2)

“Los niños y las niñas tienen derecho a crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, a un ambiente de afecto y de seguridad moral y material” (Principio 6, de la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1959).


Un derecho humano fundamental


En el preámbulo de la Convención sobre los Derechos de los Niños de noviembre de 1989, adoptada por México y aprobada por el Senado en 1990, se lee lo siguiente: que “Convencidos de que la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad […]Reconociendo que el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un Ambiente de felicidad, amor y comprensión…”.

En el Artículo 3 del mismo Convenio, se dice lo siguiente: “… Una consideración primordial a que se atenderá (por autoridades administrativas, órganos legislativos, etc.) será el interés superior del niño”.

Cabe aclarar que, sin necesidad de definición alguna, la mencionada convención se refiere a la familia natural. En los tiempos de la Carta de San Francisco y en la posterior Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, así como en los instrumentos internacionales respecto de los derechos del niño, no aparecía ni aparece aún nada parecido a las uniones entre personas del mismo sexo.

Cuando se le llama “matrimonio” a esa unión entre homosexuales, se pervierte no solamente el significado mismo del término (del latín matrimonium: Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. Diccionario de la Lengua Española, 2001), sino que provoca confusión.

Si, como bien sabemos, uno de los principales fines del matrimonio es la transmisión de la vida a través del acto de amor entre hombre y mujer, ¿en dónde queda la esencia del mismo? De haber sido lo “normal”, lo “moderno”* desde la antigüedad el mal llamado matrimonio homosexual, lo verdaderamente natural es que la raza humana se hubiese ya extinguido de la faz de la tierra.

Llegados a este punto, es conveniente recordar que, desde 2011, y de conformidad con lo señalado en el artículo 1° reformado, los tratados internacionales en materia de derechos humanos, aceptados por México, forman parte del cuerpo constitucional. En tal virtud, el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que a continuación se transcribe, ya forma parte de la Carta Magna:

“Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de los mismos derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio”.

Nótese que la Declaración no hace ninguna mención a “la preferencia sexual”, sino que se refiere, expresamente, al hombre y a la mujer en su aptitud para formar un matrimonio y fundar una familia.

Por otra parte, educar no es lo mismo que enseñar o instruir. Educar viene del latín “educere”: hacer brotar y desarrollar lo mejor de cada ser humano, para su perfección y para el servicio de los demás. Esta es una obligación conjunta del padre y de la madre.

Un niño o niña adoptados por una pareja homosexual, son más vulnerables a las amenazas y peligros que de manera frecuente se presentan en esta etapa del desarrollo humano. Están más expuestos a la discriminación y a la violencia verbal o física. Si el bullying es hoy una pesadilla en muchas escuelas, la condición de “hijo” o “hija” de homosexuales agravará sin duda este gravísimo problema de violencia fundamentalmente intraescolar.

A este respecto, son muy claras las convenciones ya mencionadas, cuando establecen que no se debe exponer a los niños a riesgos de sufrir discriminación por cualquier motivo.

Es falso, además, que la inestabilidad de las parejas heterosexuales, la violencia intrafamiliar y otros problemas similares sea igual o menor entre las parejas homosexuales. Estudios muy serios demuestran todo lo contrario.

En The Social Organization of Sexuality: Sexual Practices in the United States, realizado por Edward Laumann en 2000, se pueden observar datos estadísticos que prueban que los homosexuales tienen una altísima inestabilidad relacional.

Para abundar en el tema, el Dossier 2009, estudio realizado en 5000 hombres con SIDA, en Estados Unidos, denominado Multicenter AIDS Cohort Study, los homosexuales tienen un promedio de 50 parejas sexuales en su vida, contra tres y media de los heterosexuales. ¿Afectará la promiscuidad comprobada entre parejas del mismo sexo el desarrollo normal de los niños?

Al niño o a la niña tampoco le parece natural tener dos papás o dos mamás. En estudios similares en Estados Unidos, se presenta cada vez más frecuente el caso de que niñas adoptadas por lesbianas les piden a varones cercanos a su círculo que sean sus papás (McCandish, Against all odds: Lesbian Mother Family Dinamics). Lo mismo ocurre con niños varones que tienen dos “papás”, y que desean tener una mamá como los demás. ¿Quién en su sano juicio no lo desearía?

Lo que no se vale, digan lo que digan los defensores de la causa de las “bodas gay”, es que se juegue con el futuro de los más inocentes de los inocentes, que no pidieron ser “hijos” de parejas del mismo sexo. Si de suyo es difícil el desarrollo de la personalidad, del equilibrio emocional y de los valores morales de cualquier ser humano en el seno de una familia bien constituida, más lo será en un ámbito o en una atmósfera a la que no se le puede llamar familiar.

El niño y la niña tienen derecho a ser adoptados por una pareja heterosexual, para despertar a la vida en el seno de una familia como la de los demás niños y a una vida armoniosa como la de cualquier otro pequeño; a la convivencia amorosa con papá y mamá, con hermanos, primos, tíos, amigos y, por supuesto, con los abuelos.

¿Cómo explicarles a los pequeños que los derechos de sus “papás” o “mamás” están por encima de los suyos como niños?

¿Cómo explicarles que la relación entre un hombre y una mujer es lo más natural? ¿Se tendrán que cambiar los libros de texto para explicarles a los infantes cómo es la relación “sexual” entre dos homosexuales para que aquellos que estén en el caso de adopción puedan comprender mejor a sus “papás”? ¿Se tendrá que falsear la ciencia biológica o las clases de anatomía humana, para explicarles a todos los niños que en adelante se considerarán como órganos sexuales y no como excretores al recto y al ano? ¿Cómo explicarles todo eso a quienes emprenden una nueva vida, sin grave riesgo de daños emocionales y morales?

La vida por sí misma supone una enorme cantidad de obstáculos y dificultades por vencer, para que se le añadan de manera irresponsable (con la excusa de los “derechos” de algunos adultos) condiciones de vulnerabilidad a los más vulnerables de los seres humanos que son los niños y las niñas. Ayudarles a los educandos a darle un sentido razonable y trascendente a la existencia, es lo menos a lo que los adultos estamos obligados.

Repito lo que dije en la primera parte de este artículo: los derechos humanos de los homosexuales** son exactamente los mismos que los de todos los demás seres humanos, porque son universales, imprescriptibles, irrenunciables, trascendentes, inviolables, intrínsecos, inmutables, indivisibles, interdependientes y coexistentes.

Sin embargo, no se debe caer en la inconsecuencia de considerar que los homosexuales tienen derechos exclusivos. No es debido legislar sólo para ellos (ellas). Bajo el principio de la no discriminación, por ejemplo (no tienen otro), pretenden forzar y torcer la ley. La verdad jurídica es que ni aun las parejas heterosexuales tienen  derecho de adoptar niños. En este, como en otros muchos casos, el derecho les asiste a los niños, no a los mayores.

También es cierto que debemos distinguir entre los homosexuales que viven su condición sin exhibicionismo ni agresividad, de los que sí lo hacen, sobre todo con intolerancia frente a quienes no viven ni piensan como ellos.

Por otro lado, es verdad que muchos homosexuales viven acosados, o son humillados por los “machos” que también humillan a las mujeres. No se trata de una guerra entre una mayoría discriminante y una minoría discriminada. Quienes discriminan también constituyen una minoría.

Contra lo que hay que luchar es contra la humillación, contra la injusticia y contra la falta de respeto y de amor. Se trata de que todos lleguemos algún día a respetarnos y a amarnos como seres humanos, sin importar nuestras diferencias.

NOTAS:

* Moderno, término que proviene del latín: modus hodiernus: al modo, a la manera o al uso de hoy. De hecho, todas las civilizaciones, todas las culturas han sido modernas. Lo antiguos, por ejemplo, no sabían que vivían en la antigüedad.

** Homosexuales, es un término genérico que designa a las personas (hombre o mujer) que son atraídas por el mismo sexo (RAE).

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar