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¿Cuánto vale la vida humana?

Confieso que tenía planeado tratar un tema diferente al del terremoto de día 19 de septiembre. Me horroriza caer en los lugares comunes que sólo destacan la solidaridad de los habitantes de la ciudad (muy encomiable), o la intervención de las autoridades.*


Vida del ser humano


Sin embargo, no debo dejar pasar la oportunidad para comentar lo que está en el fondo del drama que estamos viviendo, y que se resume en la pregunta: ¿Cuánto vale una vida humana? En las redes sociales se comentan salvamentos de vidas humanas increíbles, unos verdaderos y otros falsos, y en la televisión se transmitieron, durante muchas horas, las labores de rescate de hombres y mujeres sepultados bajo los escombros de los edificios que se derrumbaron con el terremoto.

En el rescate de una persona (supuestamente una niña) que llamó poderosamente la atención de millones de televidentes e internautas durante cerca de 48 horas, a la que identificó la Marina Armada de México con el nombre de Frida Sofía, se utilizó una enorme cantidad de recursos que no se comparan y nunca se podrán comparar con lo que vale una vida humana. El agujero por donde supuestamente debía ser rescatada la pequeña, en el que entraban y salían rescatistas, se había convertido en un signo de esperanza, especialmente porque supuestamente se trataba de una niña.  Después de más de dos días de búsqueda afanosa -en la que hay destacar el compromiso y la verdadera pasión de una reportera de nombre Danielle Dithurbide-, la Marina informó, en una rueda de medios, que la niña Sofía no existía, pero que era probable que los signos de vida que habían detectado, correspondieran a otro ser humano. 

Desde los estudios de Televisa en avenida Chapultepec, Denise Merker y López Dóriga se hacían eco de las angustias de la reportera mencionada líneas arriba, y de todos los reporteros diseminados en diferentes puntos de la Ciudad de México en donde se vivía el júbilo por las personas que iban siendo rescatadas con vida, pero también el drama y la tristeza por aquellas que no habían sobrevivido. Sin embargo, la atención volvía, una y otra vez, con terca insistencia, a las ruinas de parte del Colegio Enrique Rébsamen, en donde se esperaba encontrar con vida, no solamente a Frida Sofía, sino a otros niños que aún se encontraban entre los escombros. Lo cierto es que, para el caso, no importa si Sofía era una niña de verdad o no, porque de la sola presunción de que se trataba de una vida humana se desprendía que cualquier esfuerzo que se hiciera por salvarla valía la pena, porque toda vida humana es preciosa, porque  es única e irrepetible, porque de cada ser humano no existe más que un solo ejemplar, porque cada hombre o mujer, por más pequeños que sean, son un fin en sí mismo, porque cada ser humano es digno de vivir, es digno de amar, sin importar su sexo, su tamaño o su edad, así sea de unos cuantos días. 

¿Cuánto vale la vida humana? Emmanuel Kant nos dice en la Metafísica de las Costumbres, que “la ley del precio exige encontrar equivalentes entre las cosas, pero al ser humano no se le puede encontrar equivalente alguno, porque tiene dignidad, no precio” (las negritas son mías). Algunos reporteros y hasta ciertos comentaristas, no dejaban de decir, cuando alguien era rescatado de entre las ruinas con vida, que se trataba de “un nuevo nacimiento”, y tenían razón. El agujero practicado entre las ruinas del Colegio Rébsamen, parecía un útero del que podría salir con vida la niñita tan esperada.  

¿Cuál es la diferencia entre una niña de diez años, y una de diez semanas de vida, o de diez días? ¿Por qué una vida puede valer más que otra? El que esto escribe y los que lo leen, alguna vez tuvimos sólo diez días de existencia. He escuchado a Denise Merker (y a casi todos los conductores de radio y televisión) defender la muerte prematura de seres humanos en el vientre de su madre, con el argumento de que estos pequeñitos forman parte del cuerpo de su madre, y que su madre tiene derecho a disponer de ellos como mejor le plazca, con el gastado argumento de que se encuentra en juego su realización personal y su felicidad. ¿Y la realización personal y la felicidad del bebé no cuentan?

No deja de ser una cruel contradicción que, mientras los voluntarios y los rescatistas profesionales se afanaban heroicamente en sacar con vida a quienes aún permanecían sepultados bajo las ruinas, en los abortorios públicos y privados de la Ciudad de México se mataba a más seres humanos en el vientre materno, que todos los que ellos, los rescatistas y voluntarios, estaban salvando. De hecho, cada año el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en son de triunfo, presume el número de bebés abortados en los hospitales públicos (nadie sabe cuántos bebés se matan en las clínicas privadas), y hace el recuento de bebés asesinados desde que la Asamblea del D. F. decidió que la Ciudad de México era un buen lugar para legalizar el aborto, como signo del “progreso” de la izquierda con todos sus partidos. El número de abortos practicados en los hospitales del gobierno de la  Ciudad de México, rebasa ya los 200,000.

 En ámbito mundial, Planned Parenthood, el negocio que es líder mundial en practicar abortos, rindió hace poco su informe anual en el que se hace constar que en el año pasado se mataron en todo el mundo, por el método de aborto quirúrgico, 612, 966 bebés, y por el método de aborto químico 481,713 bebés, lo que hace un total de 1,094,679 bebés abortados, sólo en 2016. Esta cifra es mucho mayor a todos los hombres y mujeres muertos por fenómenos naturales y guerras en el mundo, en lo que va de la década. No deja de ser paradójico que, mientras unos seres humanos se afanan por salvar vidas de manera voluntaria y hasta heroica, hay otros más que  hacen de la muerte de pequeños seres humanos uno de los mejores negocios del mundo. Para estos últimos, la vida humana sólo vale dinero.  

*Uno de mis hijos, que es médico y se convirtió en voluntario para salvar vidas y llevar ayuda a los damnificados, me reporta que hay lugares “invisibles” en la ciudad para la televisión, pero sobre todo para las autoridades locales y federales (especialmente en Xochimilco y Tláhuac), y que igual que los demás necesitan de atención inmediata. 

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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