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¿Justificación por la Fe? ¿Está equivocado el Papa Francisco?

Algunos católicos están confundidos, otros alarmados y hay incluso otros, muy pocos, que dicen que el Papa Francisco ha caído en la herejía, tanto por el contenido de la Exhortación Amoris Laetitia, como por el hecho de conmemorar, junto con la Iglesia Luterana, los 500 años de la Reforma.



El primer tema ya lo abordé en un artículo precedente, por lo que ahora me ocuparé, también brevemente, del segundo, es decir, del acercamiento de la Iglesia Católica al luteranismo. No vale la pena, por ahora, ahondar en los graves problemas religiosos, políticos y de toda índole, que provocó la Reforma luterana. Pero sí vale la pena decir que, por iniciativa del Vaticano, desde hace 50 años se viene produciendo un acercamiento, paulatino, de la Iglesia Católica con las demás confesiones cristianas.

Fue el Papa Paulo VI quien, en congruencia con el Concilio Ecuménico Vaticano II, dio los primeros pasos de acercamiento del Vaticano con la Iglesia Luterana. Con ese motivo, se produjo un documento pontificio denominado Nostra Aetate.

En 1989, San Juan Pablo II viajó a Suecia para encontrarse con nuestros hermanos luteranos. El santo Papa dijo, en aquella ocasión, que la intención primaria de Lutero no era dividir, sino reformar a la Iglesia, lo que era sumamente difícil en ese tiempo, por lo cual se produjo el rompimiento. También habló de lo que nos puede unir: “Estamos todos llamados a defender a cada ser humano, que es sujeto de derechos inalienables, y estamos obligados a lograr un consenso sobre la existencia y la substancia de tales Derechos Humanos” (discurso ante los miembros de la Federación Luterana Mundial).

Por otra parte, en 1999 se firmó, entre representantes del Vaticano y de la Iglesia Luterana, en Augusta, Alemania, la primera declaración Común sobre la Doctrina de la Justificación por la Fe, que es uno de los puntos que se ha convertido en el centro de la polémica entre católicos y luteranos.

Más adelante, Benedicto XVI, en la Catequesis del miércoles 19 de noviembre de 2008, trató el tema de la justificación por la Fe, refiriéndose a lo que sostenía Martín Lutero. “La expresión ´sola fe´ (sola fide) de Lutero es verdadera si no se opone a la Fe y a la Caridad, al Amor”. Este “si” es fundamental para la doctrina católica, y no podía el Papa Benedicto XVI hablar de otro modo, porque la Fe sola, sin la Esperanza y el Amor, corre el peligro del libertinaje ya advertido por San Pablo. El Papa añadió: “Ser justo, significa sencillamente estar con Cristo, por lo que los otros preceptos ya no son necesarios”. Los luteranos aplaudieron lo dicho por Benedicto XVI, especialmente Holger Milkau, decano de la Iglesia Luterana en Italia, quien comentó: “para los protestantes no hay problema a la hora de afirmar que el ágape es realización en la comunión con Cristo”.

Éste es el verdadero sentido de la expresión “intercomunión entre protestantes y católicos”, que ha provocado gran indignación entre esos católicos que no entienden que el ecumenismo es una tarea ardua y lenta, para descubrir los puntos de encuentro, porque, a estas alturas de la historia, no nos podemos dar el lujo de no estar de acuerdo en aquello que nos une, dejando salvadas las diferencias, que siguen siendo fundamentales, pero sobre las que se sigue trabajando.

El muy reciente viaje del Papa Francisco a Suecia no se entiende sin los antecedentes ya comentados. El sólo hecho del anuncio del viaje y sus motivos, ha hecho que algunos católicos (afortunadamente muy pocos) se vuelvan a poner en estado de guerra contra el Papa y, por supuesto, contra los protestantes. Sin embargo, lo único que ha hecho Francisco es seguir, con misericordia y responsabilidad históricas, la senda marcada por Paulo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Algunas citas de la declaración conjunta, dada en Lund, Suecia, Del Conflicto a la Comunión, servirán para ilustrar mejor los frutos de este esfuerzo ecuménico que lleva, apenas, cincuenta años:

“Los cincuenta años de constante y fructuoso diálogo ecuménico entre católicos y luteranos nos ha ayudado a superar muchas diferencias, y ha hecho más profunda nuestra mutua comprensión y confianza […] hemos aprendido que lo que nos une es más de lo que nos divide.

Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación.

[…]  nos comprometemos a seguir creciendo en la comunión fundada en el Bautismo, mientras intentamos quitar los obstáculos restantes que nos impiden alcanzar la plena unidad. Cristo desea que seamos uno, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21).

Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía.

Al comprometernos de nuevo a pasar del conflicto a la comunión, lo hacemos como parte del único Cuerpo de Cristo, en el que estamos incorporados por el Bautismo.

Nosotros, católicos y luteranos, acercándonos en la fe a Cristo, rezando juntos, escuchándonos unos a otros, y viviendo el amor de Cristo en nuestras relaciones, nos abrimos al poder de Dios Trino. Fundados en Cristo y dando testimonio de él, renovamos nuestra determinación para ser fieles heraldos del amor infinito de Dios para toda la humanidad”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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