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Diego Valadés y el Estado laico

En su columna del 16 de febrero, y apropósito de la visita papal, Diego Valadés (ex-procurador General de la República) comete un sinfín de errores históricos, cuando no simples aberraciones contra el sentido común.


Libertad Religiosa


Empieza defendiendo la Constitución de 1917 contra lo que dice el Papa Pío XI, en las encíclicas Iniquis Afflitisque y Acerba Animi (Inicuas y Aflictivas y Acerba Angustia) respecto del contenido de dicha Constitución.

Veamos algunas joyas de lo que decía la Constitución de 1917, sin los cambios debidos a las reformas de 1992 y 2011, y el lector juzgará por sí mismo sin necesidad de explicación alguna, por limitaciones de espacio (sólo señalaré en negritas lo que me parece más importante):

Art. 3°, fracción IV. Las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos, las sociedades por acciones, que exclusiva o predominantemente realicen actividades educativas, y las asociaciones ligadas con la propaganda de cualquier credo religioso, no intervendrán en forma alguna en planteles en que se imparta educación primaria, secundaria y normal, y la destinada a obreros o a campesinos.

Art. 5°, párrafo V. El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación o de voto religioso. La ley, en consecuencia, no permite el establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera que sea la denominación u objeto con que pretendan erigirse.

Art. 24. Todo hombre es libre de profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, en los templos o en su domicilio particular…

Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisamente dentro de los templos, los cuales estarán siempre bajo vigilancia de la autoridad.

Art. 130, párrafo V. La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias.

Las legislaturas de los estados únicamente tendrán facultad de determinar, según las necesidades locales, el número máximo de ministros de los cultos. Debido a la observancia puntual de este artículo constitucional, Lázaro Cárdenas, siendo gobernador de Michoacán, promulgó la ley llamada 100, porque establecía para todo el estado, como número máximo, la cantidad de 100, entre sacerdotes y religiosas.

Párrafo XII. El encargado de cada templo, en unión de diez vecinos más, avisará desde luego a la autoridad municipal quién es la persona que está a cargo del referido templo. Todo cambio se avisará por el ministro que cese, acompañado del entrante y de diez vecinos más. La autoridad municipal, bajo pena de destitución y multa hasta de mil pesos por cada caso, cuidará del cumplimiento de esta disposición…

Párrafo XVIII. Los procesos por infracción a las anteriores bases, nunca serán vistos en jurado. (¡!)

Según el Lic. Diego Valadés, la construcción de la Constitución de 1917 fue obra, mayoritariamente, de católicos. ¿Quién le puede creer, Lic. Valadés? ¿Quién puede creer que la redacción de la Constitución de 1917 fue obra de católicos? Sólo a las mentes más jacobinas se les pudo ocurrir tamaño engendro legal. Ni siquiera los jacobinos de la Constitución de la Primera República francesa de 1794, derivada de la Revolución, pudieron imprimir tanto odio en su texto.

No, Licenciado Valadés, no es cierto que, como nos quiere hacer creer en su artículo, “la penosa construcción del Estado laico en México no resultó de una lucha contra los católicos, sino de un enfrentamiento entre católicos. Aún hoy, los agnósticos y ateos somos una minoría […] quienes formularon la norma suprema de 1917 y quienes lucharon contra los cristeros, en su mayoría fueron católicos”. Además de ignorar la historia, confunde lamentablemente los términos, y para tratar de demostrar su dicho, hace un ejercicio estadístico deplorable: “La explicación, es simple –dice Valadés: según el censo de 1895 al finalizar el siglo el 99.09% de la población era católica, y el de 1921 mostró que el 97.2% profesaban esa religión.

¿Cómo explicarle, Lic. Valadés, que en las encuestas y los censos no se pregunta, por ejemplo, quién es católico, sino quién dice serlo? No son católicas, por ejemplo, aunque se digan tales las “católicas por el derecho a decidir”. Además, para que la Asamblea Constituyente de 1916-17 fuera realmente significativa, ¿por qué no se convocó a elecciones generales? Con todo y las mañas de los jefes políticos y de los gobernadores, los diputados constituyentes hubieran resultado más representativos y hubiera operado un poco mejor su argumento estadístico.

Ahora resulta que Francisco J. Múgica, Plutarco Elías Calles (fundador del PRI), Álvaro Obregón, Inés Chávez García, Emilio Portes Gil, Narciso Bassols y otros cientos como ellos, eran católicos. ¿Y qué me puede decir de Lázaro Cárdenas, que desató la llamada “pequeña persecución” contra los católicos? ¿También era católico Tomás Garrido Canabal? ¿Fue la sangrienta y aniquilante persecución de los Camisas Rojas de Garrido Canabal en Tabasco, también lucha entre católicos? ¿Y la persecución en Durango? Ciertamente, la mayoría de los soldados federales, contra los que lucharon los cristeros eran católicos e indígenas, pero eran soldados y obedecían órdenes. También había los oficiales de élite que les pedían, para no asesinar a los cristeros presos, que gritaran blasfemias contra Cristo Rey.

A pesar de tan dolorosos episodios para los católicos, no es cierto (y en eso también se equivoca don Diego), que “había una cicatriz que ahora vuelve a ser llaga” y que el clero trata de desmontar lo que se ha avanzado en la Constitución en materia de Estado laico. Nadie está hablando de eso en la sociedad mexicana, entre otras cosas porque el gobierno del PRI (del que usted formó parte) se ha encargado de ocultar la verdadera historia de México.

Por cierto su artículo me parece como arrancado del libro de texto oficial, gratuito y obligatorio, que no habla ni siquiera de la herida que pudo dejar en los católicos las persecuciones de las que han sido objeto por algunos de sus gobiernos y que, en todo caso, trata de hacer ver la historia de México como “una lucha entre católicos”.

Para concluir, déjeme decirle que, por muy ateo que sea usted, no deja de abrevar (no puede ser de otro modo) en las fuentes del cristianismo. Fue Marsilio de Padua uno de los primeros en hablar de la Teoría de las Dos Espadas, trayendo a colación el Evangelio de Jesús sobre “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. El derecho a la no discriminación, a la educación, al patrimonio, etc. Le faltó añadir el derecho a nacer de la vida que ya es, y lo niega, pero afirma un derecho que no existe el derecho a matar. Como decía una amiga agnóstica, Ikram Antaki (q.e.p.d.): para nosotros no existe, “porque nosotros no matamos”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

 

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