Últimas noticias:

Los Derecho Humanos en peligro – Segunda Parte

Desde Antígona hasta hoy, la conciencia moral ha progresado incesantemente y se ha hecho cada vez más evidente una toma de conciencia respecto de los derechos humanos y de la dignidad de la persona humana, así como la expansión de mayores y mejores ámbitos para la igualdad, la libertad, la justicia, la vida común en armonía, la solidaridad y la realización del bien común.


Derechos Humanos


Al mismo tiempo, durante este mismo proceso histórico, hemos visto aparecer guerras cada vez más destructivas, actos de terrorismo crueles y devastadores, opresión e intentos de aniquilación de pueblos enteros o de minorías raciales, culturales, sexuales, religiosas, etc.

Cada época de la historia humana nos ofrece dos caras: una de ellas parece darles la razón a los pesimistas, que quisieran condenar esa etapa de la historia como decadente, como degenerada, como la peor de la historia humana y por lo mismo detestable. La otra, les da razón a los optimistas que quisieran declarar el mismo periodo como luminoso, progresista y estrictamente glorioso. Víctor Hugo comete el grave error, como muchos autores de su época y de la nuestra, de identificar el pasado con las tinieblas y el de mirar el porvenir como lleno de luz y de bondad. Si este escritor francés hubiera vivido la primera y la segunda guerra mundiales, o si hubiera vivido los sangrientos e irracionales hechos de París del 13 de noviembre de 2015, seguramente hubiera cambiado de parecer. Lo mismo pasaría a los implacables y furibundos jueces que condenan la Edad Media, por ejemplo, si se adentraran sin prejuicios en el estudio serio y a fondo de esa contrastante y sorprendente época de la historia de la humanidad. En resumen, “ningún periodo de la historia puede ser o absolutamente condenado, o absolutamente aprobado”.3

Sin embargo, como se ha demostrado que el conocimiento instintivo e intuitivo de la ley natural no es suficiente para que el ser humano actúe rectamente, ha sido necesario, a través del tiempo y por medio del Estado, poner límites a su conducta por medio de la ley escrita. Los derechos humanos, derivados de la ley natural, son convertidos en derecho positivo para garantizar su cumplimiento mediante la legítima coacción que ejerce el Estado. La ley positiva, cuando es justa, está hecha para mantener en el orden natural lo que tiende a desordenarse; pero, cuando es injusta, ya sea porque se les dé carácter de derechos humanos a aquellos que no son sino invenciones de los legisladores o de los jueces, o por otro lado que se repriman los auténticos derechos humanos, nos encontramos frente a un Estado que trata de suplantar, con la ley positiva, la ley natural.

Serias amenazas se ciernen en nuestros días contra la construcción de los grandes acuerdos que han permitido a la humanidad avanzar en el reconocimiento de los derechos humanos. Frente a la barbarie de las guerras, pero también del racismo, del fascismo, de la exclusión, de la tortura, de la opresión y represión en países gobernados por ideologías extremas, se encontró en la Declaración Universal de los Derechos Humanos un instrumento extraordinariamente valioso para tratar de proteger los derechos de todo ser humano a quien, por el hecho de serlo, le pertenecen de manera universal, absoluta, intrínseca, imprescriptible, irrenunciable, inalienable e inmutable. Además, los derechos humanos son coexistentes, porque el ejercicio de los derechos de unos, no se opone al de otros… si es que realmente estamos hablando de derechos humanos.

La Declaración de los Derechos Humanos, dada en París el 10 de diciembre de 1948, ha sido objeto de ataques por quienes, muy molestos, creen que ya no representa los que ellos consideran que son los verdaderos derechos humanos. Y todo, porque en su articulado reconoce el valor absoluto de la vida humana, la primacía de los padres de familia sobre el Estado en la educación de sus hijos, la familia –papá mamá e hijos– como el origen de la sociedad, la libertad en todos sus aspectos: de movimiento, de religión, de educación, política, etc.

El peligro que se cierne sobre los derechos humanos, basados en la ley natural, se observa desde dos frentes distintos: uno de ellos tiene que ver con la proliferación, casi ad nauseam, de lo que algunos grupos –siempre pequeños– de la sociedad, en diferentes partes del mundo occidental, llaman “derechos”, sin que reúnan las características que todo derecho humano debe tener, o dándole un sentido casi infinito a un derecho, por ejemplo el de la no discriminación, que les sirve para todo: para justificar las uniones civiles del mismo sexo, y como consecuencia, la adopción de menores por el mismo tipo de parejas, el aborto, el reparto de anticonceptivos en la escuela, a espaldas de los padres de familia, etc.

El segundo peligro –de los muchos que acechan a los verdaderos derechos humanos–, aun cuando está estrechamente ligado al primero, se refiere a la exacerbación de los derechos, en detrimento de los deberes. Esto no quiere decir que a todo derecho corresponde una obligación. El derecho que tiene un embrión a seguir viviendo y a nacer, que es el derecho humano fundamental, fuente de todos los demás derechos, no tiene como contraparte ninguna obligación, no por parte del bebé, pero sí de sus padres. Sin embargo, en esta materia, como en otras muchas, se han inventado los “derechos sexuales y reproductivos” (cosa que no existe en ningún tratado internacional) para justificar la muerte prematura del nuevo ser humano. Donde sí es correspondiente un derecho a una obligación es, por ejemplo, en el derecho a la libre manifestación de las ideas. La obligación, tanto de los manifestantes como del gobierno, es garantizar otro derecho –por aquello que decíamos de que los derechos humanos no son oponibles entre sí– que es el del libre tránsito.

NOTAS:

3. Maritain, Jacques, op. cit., p. 66

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar