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Drogas, ¡Gran venta de verano! (Segunda Parte)

Es falsa la suposición de que el drogadicto no daña a nadie, como sostiene el Ministro Saldívar. Su mayor problema es que, para ser Ministro de la Suprema Corte, parece no conocer ni la condición humana, ni la realidad, mexicana ni la social en general y quizás sin quererlo, los que piensan en clave liberal contribuyen a la descomposición del tejido social. De hecho, todo, lo bueno y lo malo que hacemos los seres humanos, repercute en la sociedad de muy diversas formas. La enfermedad de los drogadictos la pagamos todos, las consecuencias psicóticas de los canabinoides las pagamos todos, las consecuencias de conducir alcoholizados o en estado psicótico las pagamos entre todos, etc. etc.


Legalización drogas


La prohibición en la comercialización libre de la mariguana -y de todas las demás drogas- tiene, además, un sentido preventivo. No se puede evitar en absoluto su consumo, esto es realmente ilusorio; quien esté determinado a conseguirla, lo va hacer con o sin el permiso de la autoridad. Santo Tomás de Aquino habla de “ponerle obstáculos al pecador”, pero más al promotor. De eso se trata la ley que prohíbe la comercialización.

Si se legalizara el cultivo, el transporte y la comercialización de la mariguana, no faltarían -sobre todo entre los más jóvenes- quienes fueran inducidos por otros, ya sea por interés o por simple juego. Esos jóvenes ingenuos pero curiosos, nunca, por sus condiciones familiares, morales o socioeconómicas, hubieran podido entrar en contacto con la mariguana -o con otras drogas-, pero ante la facilidad de “sólo por probar qué se siente…” O porque otro le dice que es de machos probarla, o “porque si tienes algún problema con esto se te olvida” etc. Por otro lado, en el mismo paquete cabe la mariguana sintética, tan en boga en algunas ciudades de Estados Unidos. Por dar un ejemplo, el consumo la mariguana sintética sólo en Nueva York provocó la hospitalización de 4700 personas sólo de abril a septiembre de este año.

También se equivocan quienes afirman que la liberalización en la producción y comercialización de la mariguana, pueda acabar con el flagelo del narcotráfico. Los criminales han diversificado tanto su actividad, que las drogas es sólo uno de tantos “negocios” y, dentro de las drogas, la mariguana no representa ni el 15% de la actividad criminal.

Ya están listos para salirse del negocio. En algunos casos, han abandonado la comercialización ilegal de las drogas y se dedican a la extorsión, al secuestro y a otros delitos similares.

El debate, empero, es saludable para conocer los graves peligros y las terribles consecuencias que tendría, para la sociedad mexicana, de prosperar la iniciativa del Ministro Arturo Saldívar, quien, por cierto, deja fuera la comercialización de la mariguana, por ahora... Todo debate es bienvenido; éste, el de las drogas, se ubica principalmente en el dilema entre dos males: Los daños a la salud pública -siempre crecientes-, o la violencia como consecuencia del combate al narcotráfico. Quien no combate el mal, teniendo la obligación de hacerlo, se hace cómplice de él.

El Presidente Felipe Calderón trató de romper (no se puede barrer en seis años toda porquería acumulada durante muchos sexenios) con las complicidades tácitas o expresas, que mantuvieron los gobiernos priistas durante muchos años del Siglo XX. De eso, sin embargo, no habla en los medios.

Por otra parte, es justo reconocer que el problema del consumo creciente de drogas presenta, como muchos de los problemas sociales, muchas aristas. Es necesario estudiar con seriedad y profundidad las múltiples causas de este fenómeno, especialmente el de la violencia.

Es cierto que todos los caminos llevan a Roma y que la Roma de las soluciones es la educación. Por lo pronto, el planteamiento que hace preferible -menos malo- permitir el daño a la salud pública que la lucha frontal contra el crimen organizado considera, ingenua o maliciosamente, que la violencia desaparecería -o disminuiría al mínimo-, si se les diera licencia para destruir la salud física y mental de las personas, o simplemente matar, silenciosamente a los concurrentes en ese siniestro mercado.

¿Desaparecerían también las armas? ¿Serían éstas entregadas espontáneamente al Ejército y a las autoridades policiacas? ¿Y las redes criminales que han crecido junto con el narcotráfico?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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