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Drogas, ¡Gran venta de Verano! (Primera Parte)

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), específicamente el Ministro Arturo Saldívar, elaboró un proyecto de sentencia de amparo, que solamente les dio la razón a cuatro ciudadanos mexicanos que interpusieron dicho instrumento jurídico a nombre de la asociación de la que son miembros.


Legalización drogas


La sentencia del Ministro Saldívar no es aplicable a todos los mexicanos, se necesitarían otras cuatro sentencias, para hacer jurisprudencia, lo que obligaría a los jueces a resolver cualquier amparo sobre la materia en el mismo sentido. Sin embargo, no deja de ser un antecedente peligroso que preconiza la liberalización de las drogas para su cultivo, transporte, comercialización y publicidad. Hay que recordar que ya no es delito, desde hace varios años, ni la posesión ni el consumo personal de la mariguana. Por mala fe o por ignorancia, muchos columnistas condenan la “criminalización de los consumidores de mariguana”, cosa que no está en el proyecto actual, ni podría estar.

Lo que sí puede suceder, y es lo que desean quienes están de acuerdo en la liberalización, es que, en el futuro, quizás no muy lejano, se produzca un fenómeno como el que se describe a continuación:

“¡Rebajas del 50% en mariguana, y del 20 al 40% en cocaína, heroína, crystal, y otras drogas! ¡Gran variedad! Pague hasta en doce meses sin intereses con todas las tarjetas de crédito”. Sin exagerar, se podría oír: “Aproveche el buen fin, ¡haga que rinda su aguinaldo!”, o algo por el estilo.

Más o menos eso, y muchas cosas más podrían decir los spots publicitarios si se llegara a legalizar el tráfico de las drogas en México. Por el momento sólo beneficia a cuatro personas, pero en el futuro sería el paraíso de los consumidores, de los comerciantes en drogas y el ideal de quienes, aún sin consumirlas, proclaman a los cuatro vientos que la única fórmula para acabar con el narcotráfico es comercializando sus productos, hasta ahora prohibidos (en lo que se refiere a su transporte y tráfico), en un mercado libre, es decir, sujeto a la oferta y la demanda.

Algunos de los promotores de esta ya vieja iniciativa, se ilusionan con lograr un paso más, trascendental, para fabricar un mundo a la medida de sus obsesiones liberales, sin límites morales y con mínimos ordenamientos jurídicos. Todo ello encaminado a proclamar algún día el triunfo de la materia sobre el espíritu… Del mercado en su peor expresión, sobre la ética y la moral. Hay quienes rompen en mil pedazos ese impertinente espejo que se llama conciencia moral. Y también quienes se levantan todos los días con la única intención de acumular más combustible -como si fuera poco el ya almacenado-, para tratar de prenderles fuego a las cortinas del mundo.

Entre los defensores de esta causa (la legalización del tráfico de drogas), los hay también de buena fe. Son gente de bien, de principios, y que piensan que todos los problemas sociales pueden ser resueltos por un mercado libre sin restricciones, argumentos que hoy, por cierto, ya no se sostienen. El mercado no es un sistema perfecto, ningún sistema lo es; es el menos malo, como la democracia en política. Algunos de ellos, de los liberales a ultranza, pecan de ingenuidad por desconocimiento de causa. Desde sus torres de marfil hacen sesudas reflexiones que se traducen en artículos, conferencias, entrevistas, libros, etc., para tratar de orientar a un mundo, según ellos, extraviado.

Todos estos hombres y mujeres de buena fe, repito, parten de dos premisas falsas. La primera es que ninguno de ellos es científico. Se apoyan en argumentos de oídas, o en medias verdades que confunden más a los confundidos. Segundo, todos se dicen liberales, porque dicen que lo que más aman es la libertad de la persona; ¿libertad de qué, o para qué? Si bien la libertad es inherente a la persona humana, ésta se caracteriza más por su dignidad, y de ella deriva la libertad y no al revés. Además, hay que recordar que la libertad responde a dos preguntas que la definen: libertad de, y libertad para. La libertad de es hacer lo que uno quiera, es la libertad del homicida, del ladrón, del plagiario, pero también la del drogadicto, la del pederasta, etc., y la libertad para está ligada a la ley, a la ética y a la moral.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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