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Desigualad NO es igual a pobreza (2da Parte)

¿Qué tiene que ver todo esto con las condiciones de pobreza y de desigualdad?

La desigualdad no es lo mismo que la pobreza. La pobreza es una condición de carencia de ciertos bienes y servicios; la pobreza extrema es la carencia de bienes y servicios indispensables para que un ser humano viva con dignidad. La desigualdad, por su parte, es una de las condiciones naturales del ser humano. Sí, así como suena.


Pobreza


Todos somos desiguales. Siempre habrá alguien que tenga más que yo, que sepa más que yo, que pueda más, que sea más hábil, que sea más joven (o más viejo), que sea más inteligente (o más tonto), más virtuoso (o más malo), que sea mujer y no hombre -vive la différence-, etc. etc.

La sociedad está hecha de desiguales, de diferentes; ésa es su riqueza, no su pobreza.

La única igualdad que existe, y que debe ser reconocida entre todos los seres humanos de manera absoluta e inobjetable, es la igualdad en dignidad, pues es la única condición por la que somos y debemos sentirnos  realmente humanos.

El origen y fuente de los verdaderos derechos humanos es la dignidad de la persona humana, en el sentido de que ella es única e irrepetible, porque es fin en sí misma y no medio o instrumento de nadie; porque de cada ser humano no existe sino un solo ejemplar y porque tiene un fin trascendente.

De nada nos sirve hacer las falaces comparaciones entre Carlos Slim y los pobres de la Selva Chiapaneca. En eso se solazan los opinadores y los que les creen a pie juntillas. Los pobres no son pobres porque hay ricos. Pero la insistencia en la desigualdad solamente genera envidia, que se define como la tristeza por el bien ajeno. A su vez, esa tristeza produce frustración y rencor que, eventualmente, puede conducir a la violencia. Pero no nos engañemos, la violencia no es fruto de la pobreza. Los iniciadores de las revoluciones en la historia de la humanidad, nunca fueron los pobres sino los rencorosos, los frustrados ilustrados, que ambicionaban lo que consideraban que la vida les había negado injustamente. Ellos asaltaron violentamente el poder, para hacerse de riquezas y convertirse en aquello contra lo que decían combatir.

El drama de la pobreza no es el de la desigualdad sino el de la iniquidad. La iniquidad es lo contrario a la equidad, y lo contrario a la equidad se llama injusticia.

La superación de la pobreza no la vamos a lograr con ideas generadas en el igualitarismo de la izquierda, igualitarismo que ya ha probado con creces su fracaso en la historia. Lo que debemos combatir es la injusticia. Es injusto que un pobre sea pobre, sobre todo pobre en extremo, miserable, porque no es humano serlo. La dádiva gubernamental no es justicia, es limosna a cambio de votos y de aplausos.

¡Qué barato le sale al Gobierno hacerse de votos y de aplausos, pero qué caro nos sale a los causantes!

Ciertamente, es necesario que el Gobierno establezca políticas públicas de superación de la pobreza, pero no para mantener la perversa simbiosis entre el que da y el que recibe. Es muy difícil salir de la pobreza extrema, y el Gobierno está obligado a atender tan dolorosa condición, en primer lugar, abatiendo lo que en metodologías anteriores se llamaba pobreza alimentaria. Que los pobres tengan que hacer algo por ellos mismos, a cambio de la ayuda indispensable para tener acceso a los alimentos, a la salud, a la educación a una vivienda digna, es una buena manera de estimularlos para que accedan a las oportunidades que les permitan romper su círculo vicioso.  Esto se hacía en los sexenios anteriores; “inexplicablemente” se ha dejado de hacer en éste.

El fin de la Política es el bien común, que no es otra cosa que el conjunto de condiciones y medios de vida personal y social, que promueve en las personas y en las comunidades la perfección debida a su naturaleza. En otras palabras, las Políticas Públicas deben orientarse a crear las condiciones y los medios, las oportunidades y las posibilidades, para que quienes quieran superar su condición de pobreza lo puedan hacer, con el esfuerzo necesario para lograrlo.

Las clases medias han sido y deben seguir siendo el ejemplo y el motor para que los pobres superen su grave condición, creando las fuentes de empleo que les permitan sus posibilidades sin interferencia del Gobierno. Son ellas, las clases medias, producto de la cultura del esfuerzo, motor indispensable para el crecimiento económico del país y el abatimiento de la pobreza.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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