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Desigualdad NO es igual a pobreza (1ra Parte)

El tema más comentado en México en las últimas semanas por los opinadores profesionales, después de la fuga del “Chapo”, es el de la desigualdad y la pobreza en nuestro país. Todos los comentarios parten de los informes que, sobre la pobreza y la desigualdad, dieron a conocer Oxfam México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).


Análisis Social


 

A nombre de Oxfam, el investigador del Colegio de México (Colmex), Gerardo Esquivel -ubicado en la extrema izquierda-, publicó una investigación sesgada e incompleta, por lo que no nos referiremos a ella. Las otras dos encuestas revelan datos verdaderamente preocupantes. No es que en general no los esperáramos, sino que, atenidos como estábamos a que la pobreza en México se había venido reduciendo paulatina pero firmemente en la primera docena del Siglo XXI, la noticia de que más de dos millones de mexicanos que habían superado las condiciones de pobreza bajaron a los niveles que, se supone, ya habían escalado en la década anterior, no deja de ser una muy desagradable sorpresa.

En números absolutos, descontando el crecimiento demográfico, el número de pobres aumentó, de 2012 a 2014, en 2.1 millones de mexicanos. La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) celebra el hecho de que 90 mil personas salieron de la pobreza extrema, pero no toma en cuenta que -según el Coneval- en 2012 salieron de la pobreza extrema, no 90 mil, sino 1.5 millones de personas.

Además, si se considera que, sólo del 2010 al 2012, se incorporaron al Sistema de Salud (Seguro Popular, creado por Vicente Fox y fortalecido por Felipe Calderón) 8.2 millones de mexicanos (cifras de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares [ENIGH] ), los pobres a atender por carencias de servicios de salud, por el Gobierno de Peña Nieto, fueron significativamente menores del 2012 al 2014.

Ciertamente, no es lo mismo pobreza que pobreza extrema. En anteriores mediciones y con diferente metodología, se consideraba pobreza extrema a la llamada “pobreza alimentaria”, y pobreza a secas a quienes pueden adquirir alimentos suficientes para tener un mínimo de bienestar, pero pueden estar carentes de servicios o de patrimonio.

En la nueva clasificación, el Coneval llama pobreza a la carencia de cuando menos uno de seis indicadores: salud, seguridad social, educación, servicios básicos, vivienda y alimentación; y pobreza extrema a tener tres o más carencias y estar por debajo de la línea de bienestar mínimo, lo cual resulta más lógico.

Por otra parte, el INEGI hace un estudio derivado de la ENIGH, en la que el dato más relevante y preocupante es el de la caída en el ingreso de los hogares en la mayoría de los deciles, que en promedio fue de 3.5%. Sólo el decil más bajo (pobreza extrema) tuvo un muy ligero incremento en su ingreso, equivalente a $650.pesos al año ($3.33 USD al mes). De cualquier manera, la clase perdedora ha sido la clase media. Ésta está constituida, según los expertos y según el sentido común, por los cuatro deciles abajo del primero, que es el de los más ricos. En estos escalones, la pérdida del ingreso fue del 5.9%, el más alto en promedio.

¿Qué tiene que ver esta realidad con la pobreza y la pobreza extrema? Además de que millones de mexicanos descendieron en la escala socio-económica, las clases medias se ven ahora impedidas o limitadas para ejercer el poder de transformación a la que están destinadas. Las clases medias son el motor de la economía nacional -y de cualquier otra economía libre- y su fortalecimiento es la política pública más eficaz para la superación de las clases menos favorecidas.

Las clases medias son las grandes empleadoras, y la pobreza se cura con empleos, incluso la pobreza extrema.

El 78% del empleo formal de este país, se debe a las PyMEs, empresas que son producto del empuje y la creatividad de esas clases tan vapuleadas en este sexenio. De hecho, lo que casi nadie se atreve a decir, es que la mal llamada Reforma Fiscal ha sido en realidad un instrumento de tortura y aniquilación de los pequeños y medianos empresarios, de esos que han progresado cuando no los obstaculiza el gobierno, o a pesar de ello, y que son ejemplo de la cultura del esfuerzo. Tal parece que el objetivo de la actual administración es asfixiar hasta matar a las PyMEs (miles de ellas ya murieron). Nuevas obligaciones y trabas, contabilidad electrónica, certificaciones sectoriales, etc., son algunas de las dificultades que deben enfrentar las empresas pequeñas y medianas.

Ciertamente, la reforma fiscal ha provisto al gobierno de mayores recursos. Hacienda presume de una recaudación récord en los dos primeros años del sexenio. La dolorosa verdad es que los mayores ingresos del Gobierno, equivalen a los menores ingresos de los mexicanos, notablemente de las clases medias que han sido expoliadas. Además, los caudales de los que ha dispuesto el Gobierno para atender a los más necesitados, no han dado los resultados esperado: 90,000 mexicanos menos en pobreza extrema, es un resultado más que paupérrimo.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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