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Acerca de “El Bronco” y de las broncas por venir

De manera unánime, todos los medios de información celebraron la victoria de “El Bronco”, como si hubiese sido la victoria de la democracia sin partidos. Todos repitieron las mismas frases: que fue por el “hartazgo social”, por el “repudio a la partidocracia”, que representa “el parteaguas en la política mexicana”, etc., etc. Muchos columnistas se atrevieron a decir que Nuevo León es el “laboratorio del futuro de México”. Otros ya dan por hecho que “El Bronco” será candidato presidencial independiente en 2018, y que ganará…


Elecciones 2010


Es cierto que la sociedad mexicana está, con mucha razón, desencantada con la política y, en consecuencia, con los políticos que dicen representarla. Es cierto, también, que los partidos políticos han contribuido de manera grave y consistente a su propio desprestigio y, de paso, al desprestigio de la política, esa actividad de la que decía Aristóteles que es la más noble a la que un ser humano se pueda dedicar.

Por otra parte, es meridianamente cierto que, en general, los partidos políticos no postulan, en los últimos tiempos, a los mejores hombres o mujeres de dentro o de fuera de sus filas. Pero también es verdad que muchos militantes que sienten que merecían ser postulados y no lo fueron, traicionaron a sus partidos para migrar a otros, o, como es el caso, buscaron la candidatura independiente (sólo uno de todos los candidatos independientes que triunfó en estas elecciones, no tiene antecedentes partidarios).

Una pregunta obligada: si “El Bronco” no hubiese militado durante más de treinta años en el PRI, ¿hubiese sido el “fenómeno” que es ahora? ¿Hubiese tenido la suficiente base social? ¿Y si el PRI lo hubiese postulado? ¿O el PAN?

No quiero ser aguafiestas, pero la euforia que en los medios ha provocado el fenómeno -por demás interesante- de “El Bronco”, merece un estudio más sereno, considerando los diferentes problemas con los que se van a encontrar los neoloneses en un futuro no muy lejano.

Lo que está por venir en los próximos meses y años es más interesante aún que lo que acaba de pasar. Lo primero que debemos preguntarnos es, ¿con quién gobernará “El Bronco”? ¿Con quiénes se acompañará en su gabinete? ¿Con ex priistas como él? ¿Con ex panistas como Fernando Elizondo? ¿Con algunos de los empresarios que lo apoyaron? ¿Con personas sin partido y sin relación alguna con la política? ¿Con una mezcla de todos? Eso es, por lo menos, lo que respecta al Ejecutivo.

Pero algo tan o más importante que lo anterior, es preguntarse con qué Congreso va a gobernar. ¿Con qué grupos parlamentarios va a hacer alianzas? ¿Querrán los diputados hacer alianza, o se sumirá Nuevo León en una parálisis legislativa? Debemos recordar que un instrumento fundamental para la fiscalización del gobierno de Rodrigo Medina, pasa por el Congreso de Nuevo León.

Por último, ¿con qué ideas gobernará? No se le conocen muchas, salvo las que se derivan de su afán –justificado– de llevar al gobernador actual al banquillo de los acusados. Pero gobernar no se reduce a la transparencia y rendición de cuentas. ¿Actuará con deseo de venganza o de justicia? No se le conocen muchas propuestas en otros temas fundamentales para la vida del estado de Nuevo León, para los próximos seis años.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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