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Urge políticos de carácter que respondan a nihilismo banal de hoy

Desde el humanismo, reflexionemos:

¿Cuál es el reto cultural para los políticos de hoy?

El reto es enorme y es doble: por un lado, la cultura en general. Estamos hablando que en las culturas occidentales se está presentando un nihilismo, un nihilismo que ya no es ese nihilismo heróico, vitalista, nietzcheano, de la voluntad de poder totalitario. No, pero sigue siendo un nihilismo, nada más que ahora banal, un nihilismo hueco, un nihilismo de una sociedad consumista; de la cultura del descarte, como lo llamaría el Papa Francisco, del úsese y déjese, que aplica para productos, pero también para personas.

Esto hace que las leyes se vayan acomodando a los intereses de grupos económicos o políticos, que terminen dándole hechura a la sociedad acorde a este individualismo muy desvinculante de las personas y las comunidades, al cual parece que sólo le damos valor a los individuos separados: ¡La mujer por un lado, los niños por el otro, los de la tercera edad por otro! Pero no ubicando que el ser humano se da por comunidades.

Esto le plantea un reto doble y enorme a los políticos, por un lado está el reto que les toca a nivel personal, porque a nivel personal se tiene que retomar una concepción de la política, que si bien sea empeño para contribuir, forjar, gestionar el bien común; por otro lado, cómo desde su propia persona tienen que trabajar su propio carácter; tienen que ser fuertes para no sucumbir en un entorno que a veces es muy delicado, como dirían los abogados gringos: se está en medio de puros tiburones.

Un buen político, un buen legislador, un buen alcalde, un buen gobernador; en general, un político comprometido, primero tiene que estar enfocando sus esfuerzos a forjar su propia persona, a tener carácter, a iluminar su entendimiento, a fortalecer su voluntad, a poder hacer de sí mismo una persona que se autodetermina hacia el bien de los demás; sin esa fortaleza interna, va ser muy fácil que caiga ante los vendavales de esta sociedad consumista, desvinculadora y que termina en un nihilismo banal de pura superficialidad.

Necesitamos políticos bien comprometidos, que tengan carácter y que ese carácter sea de apertura, de gestión, de bien común auténtico.

mm@yoinfluyo.com


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