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El Papa nos visita y ¡México hecho un lío!

La visita del Papa Francisco a México es una gran noticia para los mexicanos, no sólo para los 92.9 millones de católicos sino para hombres y mujeres de buena voluntad que están atentos a recibir a un auténtico líder mundial y a escuchar su mensaje frente a los retos y problemas por los que actualmente atraviesa nuestra nación.


Visita Papa México


La emoción por ver y admirar a una figura como Francisco nos puede mover y entusiasmar por varios días y por unos meses, y eso es bueno. Muchos serán los preparativos, la logística, las actividades. Esperemos que no sólo quede en montajes superficiales propios de un macroevento.

Si le damos un vistazo a la Encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa “Creer en México” publicada por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) el año pasado, nos vamos a enfrentar con nuestra realidad: El 86 % de la población dijo practicar alguna religión y 8 de cada 10 se considera católico. El 37 % considera que la Iglesia ayuda a resolver problemas sociales como inseguridad, violencia, delincuencia apoyo a gente pobre. Sin embargo, el 94 % de los mexicanos en temas de participación y capital social no participan en ninguna organización social, ni de medio ambiente, de asistencia social o caridad, grupo de vecinos o de padres de familia.

Los datos están allí, son duros. Si nuestro país es preponderantemente católico y como población tenemos una convicción de que nuestra Iglesia ayuda a resolver problemas sociales, entonces la pregunta obligada es: ¿Por qué estamos como estamos? Ante este escenario, tenemos que ser muy críticos con nosotros mismos, como ciudadanos, como creyentes.

Y podemos encontrar respuestas que pueden ir en diferentes direcciones y justificaciones. Unos dirán que parte de la culpa la tiene el gobierno porque que no ha hecho bien su tarea, y tienen razón; otros pueden decir que somos católicos de tradición, y tienen razón; otros dirán que parte de la responsabilidad la tienen los sacerdotes porque desde parroquia sólo visualizan a los laicos ajenos a la política, ajenos a los asuntos públicos, y sólo buscan tenerlos subordinados a ellos para que se haga funciones administrativas y grupos parroquiales, y lamentablemente en parte tienen razón. Entonces, ¿qué hacer? Tres propuestas:

1. Lo primero es reconocer con humildad que, efectivamente, nuestra fe necesita fortalecerse: “Muéstrame tus obras y te diré cuán grande es tu fe”. En verdad existe una seria contradicción, pues por un lado existe una fuerte demanda pública a ser tomados en cuenta y reconocemos todo lo que queda por mejorar, pero por otro lado está la resistencia de vivir las convicciones en lo público, dejando la participación para quienes “tienen tiempo, dinero, palancas, liderazgo, les gusta echar mitote o quieren hueso”.

2. Actuar de manera organizada. Si los valores dominantes se concentran en el individualismo, la indiferencia frente al destino del otro, la falta de responsabilidad colectiva, el desinterés por el bienestar general, el enriquecimiento personal como valor central, el consumismo y otros semejantes, puede esperarse que estas conductas debiliten seriamente el tejido social y conduzcan a todo orden de impactos regresivos. Actuar bien en tu ambiente, día a día, es bueno, pero necesitamos sumar esfuerzos, pertenecer a comunidades fortalecidas, estructuradas, influyentes.

3. ¡Hagamos lío!, pero lío del bueno. Es un hecho que México ya está hecho un lío: Ministros que aprueban el consumo de mariguana, atentados contra la vida de miles de mexicanos inocentes en el vientre de sus madres, la vida significada como una “amenaza”, debilitamiento de la convicción del compromiso matrimonial para toda la vida entre un hombre y una mujer, promoción de supuestos “Derechos sexuales y reproductivos”, violencia familiar, machismo, feminismo, narcotráfico, corrupción, trata de personas, explotación de menores, aumento de la delincuencia e inseguridad.

No existe otra opción: Esperar la venida del Papa con alegría fugaz y pasiva resulta incongruente e inservible.

Seamos críticos: El catolicismo mexicano necesita una fuerza de empuje gigantesca para hacer las grandes transformaciones que la realidad nos demanda, para asignar los valores de una cultura un peso decisivo en el desarrollo, que logre obtener crecimiento sostenido y logros sociales significativos y profundos. Quizás por eso viene Francisco.

No sólo esperemos esta llegada, preparemos su venida. Que el líder más importante de nuestro tiempo descubra que le hemos preparado el corazón a través de la mejora personal, que hemos preparado a nuestra familia con una vivencia de virtudes más constante, que estamos participando organizadamente en la vida social preparando una comunidad más justa, y que como México es “siempre fiel” ya está listo para “hacer lío”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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