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Hacer política para defender y promover a la familia y la vida

En nuestro artículo anterior -cuando hablábamos del poder ciudadano- muchos lectores que participaron enviándome sus aportaciones coincidieron conmigo en que el poder ciudadano es un recurso humano siempre renovable, que está a nuestro alcance, que es gratuito y que por medio de él estamos llamados a convertirnos en auténticos líderes; que es ese poder el que nos pone en capacidad de provocar grandes transformaciones en el orden, social, económico, cultural y cívico-político, y me plantearon la cuestión poderosa: ¿Cómo?


Vida y Familia


Es aquí donde radican muchas de las diferencias entre aquellos que sólo hablan o discurren y aquellos que no sólo intelectualizan la realidad, sino que piensan y actúan en ella para cambiarla, para modificarla, para hacer cultura, para generar desarrollo, para fortalecer, promover y defender nuestros valores y convicciones.

Mi propuesta para ti -como ciudadano que el poder y que seguramente ejerce un liderazgo concreto- es que te ubiques con determinación del lado de los que actúan, del lado de los que hacen política, entendiendo a la misma como aquella ciencia que nos proyecta a otro nivel de participación social y que nos ayuda a abrir nuevas maneras de ver y de comportarnos, para no sólo quedarnos en las buenas intenciones, sino para hacer uso de este arte y de este quehacer humano por excelencia y poner a funcionar condiciones que nos movilizan hacia el plano de lo posible, de lo concreto, de los problemas, de las soluciones, hacia el punto donde radica todo: hacia la vida y hacia la familia.

Hacer política significa desplegar de manera pública y privada todas aquellas capacidades humanas al servicio del bien común, al servicio del diálogo, de la búsqueda de soluciones, de la capacidad de concretar acuerdos, de los buenos acuerdos con aquellos que piensan y actúan diferente, de la apertura de corazón y de la generosidad; significa estar dispuesto a renunciar al protagonismo y al poder como “fines”, significa estar abiertos para construir todos los días estas condiciones concretas y fundamentales que apuntan a promover -por nuestra participación intensa- líneas de trabajo para lograr que cada parte de nuestra sociedad cumpla con su razón de ser, su misión.

Defender y promover a la familia y la vida haciendo política implica que todos los días estés dispuesto o dispuesta a afrontar los problemas y buscar resolverlos. Te propongo algunos ejemplos concretos: Busca los datos y conoce al diputado o diputada de tu distrito; capacítate mejor para ejercer un cabildeo efectivo; conoce las leyes o iniciativas con temáticas de vida y familia; organízate con otros líderes para ejercer tu poder en tu localidad, para constituir tu asociación civil e influir estructuralmente; influye en grupos de carácter cívico o que logran algún bien comunitario; busca recursos y ponte en marcha para ayudar eficazmente a los más pobres de tu calle; ve a las periferias y comparte sin prejuicio con los que sufren y viven situaciones familiares adversas, con quien pasa por un divorcio, con las mamás solas, con quien padece violencia, visita a los ancianos en los asilos, a los jóvenes que tienen una adicción. Implica que no renuncies a hacer política porque es difícil o porque dicen que es sucia, porque es para interesados, corruptos, mafiosos o quienes buscan “hueso” o dinero fácil.

En resumen:

1. Identidad

Asúmete como un buen político, es decir, como una persona que está consciente de la importancia de pensar, participar, mejorar y transformar las condiciones materiales y espirituales que ayudan al desarrollo humano integral y comunitario.

2. Apertura

Actúa como un buen político, sé abierto, en el mundo existe mucha gente buena, ábrete a ella, dialoga, construye puentes, conquístala con tu testimonio y encuentra a más personas afines, mucho mejor si son líderes, y organícense, ubiquen las necesidades más urgentes en su medio, reúnanse periódicamente, fortalezcan la vida comunitaria y propónganse metas medibles y realistas.

3. Coherencia

Comienza-pasa-y termina por ti y por tu familia; los primeros y directos beneficiarios de quienes trabajan por la familia y la vida, tenemos que ser nosotros mismos y nuestra familia. ¡Cuántos casos existen de grandes líderes que consumen su vida en grandes causas, a cuántos han hecho el bien, cuántas familias han integrado y cuántas vidas han salvado! y sin embargo pasan por el drama de los propios problemas familiares producto en parte de su ausencia.

Sin embargo ¡cuidado! con la crítica farisaica y la apología de la inacción y pasividad, que justifica la falta de compromiso personal y político apelando a atender la propia existencia pero a costa de desatender el bien común.

Sé que existen muchos más ejemplos, muchas más posibilidades y estrategias efectivas. Para ello contamos con este espacio, que te ofrezco para que también sea tuyo, pues la vida y la familia son las realidades más maravillosas, más cercanas y más concretas por las que vale la pena luchar, trabajar, vivir y por su puesto ¡Hacer política!

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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