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Familia: antídoto contra la violencia

Todos los candidatos

Efectivamente, todos han hablado, con mayor o menor intensidad, sobre los niveles bestiales de violencia que vivimos en México. Todos también desgranan sus recetas para disminuirla primero, y acabarla después.


Familias mexicanas


Las propuestas van desde lo exótico y voluntarista –sólo con desearlo con muchas ganas se acabará el clima de violencia- pasando por las proposiciones de aquellos que consideran que inventando fiscalías especializadas contra todo lo que se mueva, y creando leyes para “castigar” con mayor fuerza a los violentos –organizados o no- la criminalidad disminuirá.

Pocos suspirantes a cargos de elección, se han referido a la enorme importancia que reviste la familia en este aspecto fundamental para la sociedad.

Políticas públicas con perspectiva de familia

Sin dudarlo, ¡hacen falta políticas públicas con un claro enfoque que favorezca a la familia! ¿Razones?, abundan: Las familias dan testimonio de los valores superiores que dan forma a la vida comunitaria. Dan testimonio de la belleza de Dios, de la naturaleza, del desarrollo humano.

En la familia se despiertan y ejercitan las vocaciones para servir a los demás, para aprender a amar la naturaleza y a la Patria. En ella se aprende la praxis de la bondad y el aprecio a la verdad y a conducirse con honestidad.

Si empujamos a los candidatos y funcionarios a promover políticas públicas que impulsen a las familias para que crezcan fuertes, para ser buenas, para crecer hermosa y constructoras de bien, al mismo tiempo se está edificando la sociedad. Con frecuencia se olvida que, la familia es tan hermosa, que hasta Dios quiso tener una en Nazareth.

La legislación tiene que contribuir para que cada familia –que lo sea verdaderamente- sea capaz de abrir los brazos para dar y recibir amor, solidaridad, respeto, generosa entrega de todos para edificar bien común. No hacerlo, arrastra consigo el caldo de cultivo necesario para que los individuos asuman una cultura de muerte, de destrucción, de violencia y guerra, como lo señaló SS Francisco en Filadelfia.

Las políticas públicas, para ser eficaces, aportan el andamiaje necesario –jurídico, social y económico- para que la familia construya la propia felicidad y, mediante ello, facilitar que todos sus miembros alcancen sus sueños. Las políticas públicas y las acciones de gobierno deben, para ser eficaces, caminar al lado de la humanidad, al lado de las familias.

Cuando la normatividad funciona

En efecto. Cuando la norma y estado de derecho funcionan, se acude al encuentro de las familias que quieren crecer, que educan, que fomentan valores de respeto, unidad y amor. Se tocan las puertas de las familias generosas, de esas que llenan de bondad cada rincón y las repisas de la casa, porque se ama de verdad, y este clima va dando forma a la belleza de todas las mañanas.

El escribano parafrasea a Francisco: En el seno de las familias adquieren carta de ciudadanía la verdad, el amor y la belleza. Es evidente que, cuando la autoridad política favorece estas políticas, la sociedad es campo fértil para la convivencia en paz y las relaciones vecinales respetuosas y llenas de armonía.

Frente a los problemas

Hoy, consideran mis hermosas lectoras y amables lectores, ya no hay quien se atreva a creer que la vida en casa es “miel sobre hojuelas”. Por lo mismo, las políticas públicas y las acciones de gobierno, deben impulsar la virtud de la esperanza activa entre los ciudadanos. De esa esperanza que empieza a germinar en la familia, a pesar de los Trump, del perdón para los narcos y corruptos, y por encima de todo aquellos que nos desune como mexicanos.

Un detonador fundamental que es necesario tener en cuenta: el odio no supera ninguna dificultad. Aquellos que siembran odio, tampoco ayudan a superar las dificultades. Es fundamental comprender que en las familias no puede ponerse el sol, sin hacer la paz, sin pedir perdón, sin decir de nuevo: te amo.

Una sociedad que no sabe cuidar a las familias, es, sin duda, una sociedad que ha castrado su futuro, porque en esa pedagogía familiar, se encuentra el mejor antídoto contra la violencia. Al tiempo.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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