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El traje invisible del mandatario

Hans Christian Andersen

Mis gentiles lectores y hermosísimas lectoras le hacen llegar un correo electrónico al escribano: Este sexenio se parece al cuento “El traje nuevo del Emperador” de mi adorado escritor danés (2 de abril de 1805 - Copenhague, 4 de agosto de 1875) Hans Christian Andersen.


Peña administración


La semejanza, nos indican, consiste en ir un poco en contrasentido del cuento infantil. En este, el único que no quiere darse cuenta de que camina desnudo, es el propio emperador. Por eso, la ola de lambiscones elogia las características, propiedades, acabados de lujo y diseño “del traje” del gobernante, mismo que se siente reiteradamente halagado por los comentarios.

El rey sale a desfilar a las calles y todos le aplauden, se expresan maravillas del maestro cortador que logró el ensamble de colores y texturas que ahora destacan la figura del gobernante. Todo iba bien, hasta que un niño –de esos que siempre dicen la verdad- lanza un grito que despierta la carcajada de los gobernados (que era la forma tradicional de los “memes” en aquellos tiempos) y logra que, al fin, todo el pueblo asegure que efectivamente, el rey está desnudo.

A contrario sensu

El parangón a la inversa, se ha presentado y puesto de manifiesto en varias ocasiones, en la narrativa del presidente Peña.

Este amanuense reconoce que no es sencillo estar en los zapatos del mandatario; pero también es necesario reconocer un par de situaciones: Cuando José Antonio Meade dice “Háganme suyo”, la frasecita se presta para que emerja la creatividad que el mexicano le imprime a los memes, destapando la hilaridad jacarandosa. Pero, lo mismo sucede cuando el líder de esta nación reprocha al pueblo que no aplaude sus discursos, porque el mensaje presidencial rebasa el IQ de la raza de bronce.

¿Resulta eventualmente ofensivo? Nos parece que la respuesta es afirmativa, porque hay varios principios de comunicación que el manufacturero de los mensajes del Ejecutivo no termina por asimilar a casi seis años de distancia: Cuando alguien no te entiende, es que tú no te explicas.

¿Responsabilidad total sobre el emisor? Desde luego. Porque la estrategia de comunicación social ha caminado por el mismo sendero. Se sigue privilegiando la información por encima de la comunicación con la gente, en los elementales principios sostenidos por Lasswell. Los porcentajes y las estadísticas son el elemento central de la transferencia en los mensajes. De aquí que, como sostenía Carlos Monsiváis, “el problema es, que nadie vive en las estadísticas”

Lo más reciente

Hace unos días los reporteros de diversos medios dieron cuenta con otro nuevo reclamo presidencial dirigido a los mexicanos: "Sé que para muchos, a veces, pasan desapercibidas (las reformas) o no terminan de entender el impacto que ha tenido"

De nuevo, es el pueblo, los gobernados que no acaban de darse cuenta de las bondades, beneficios y logros alcanzados; porque la lentitud y capacidad intelectual del populacho es incapaz de razonar y comprender los avances, por eso los logros “pasan desapercibidos”. Y lo que es peor, el escaso cacumen nacional “no termina de entender” los buenos resultados que se han tenido en esta administración.

En el centro

En efecto. El quid de los comentarios desatados por los mensajes de mandatario hacen que volvamos a los fundamentos de la mercadotecnia: Percepción es igual a realidad.

Es cruel, pero ciertísimo. Es escaso el impacto positivo de los mensajes del Ejecutivo sobre los logros obtenidos, en particular, cuando el ciudadano per se, o a través de chistes o memes, o comentarios ácidos en las redes sociales, percibe que las cosas cuestan más y que cada día el ingreso es más difícil de obtener porque no hay empleo; porque la pobreza –a pesar de que las cifras pueden ser cuestionables- se ve en las puertas de las casas que ahora venden ropa, juguetes y chucherías usadas.

En efecto, el IMSS aporta datos que hablan de aumento de las fuentes de empleo, lo que choca de frente con los profesionistas que al salir de su oficina se convierten en operadores de UBER o en repartidores de botanas y dulces. ¿Cuánta gente percibe que, eficazmente, ahora paga menos por el servicio de telefonía, de gas, de luz, de gasolinas o de internet? La duda es lo que mata.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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