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¡A comer!

A propósito de cenas

Basta prender la televisión, abrir las redes sociales o asomarnos al móvil, para enterarnos de las sugerencias, lugares, formas, menús o maridajes distintos que impiden la tentación de subir unos kilitos de más, con la esperanza de bajarlos en alguna década posterior. Son los clásicos alimentos “Del 3”, porque duran tres segundos en el paladar, tres horas en el estómago y como tres años para bajarlos.


Cena navideña en familia


Pero, ¿por qué no darle sentido? 

Evidentemente surge la pregunta: ¿Si de todas formas, el bombardeo del marketing llevará a más de alguno a ser derrotado por la incitante gastronomía, ¿por qué no darle un sentido adicional, más trascendente?

No se trata de almidonar los eventos o hacer mega-solemnes los rituales familiares de temporada, agregando una visión de cohesión, convivencia, reconciliación, paz y civilización de amor.

Por lo mismo, al escribano le encantó una propuesta de varias decenas de hermosísimas lectoras y amables lectores: “No digas Felices Fiestas”, porque todas las fiestas suelen ser generadoras de felicidad. En estos días es necesario decir; “Feliz Navidad”, Frohe Weihnachten, Buon Natale o Joyeux Noël. Como usted prefiera, porque el punto central es que llega a casa, un Invitado realmente especial: Jesús de Nazareth.

De acuerdo con un artículo bellísimo que le hicieron llegar a este amanuense (“Comida, convivencia humana y civilización”, www.accionfamilia.org) 

existen varias razones para lograr un enfoque novedoso a la comida de la empresa, de la familia o de la reunión de amigos: De inicio, es un elemento que traspasa el concepto de “comida rápida” dicho esto como un acto irrelevante y superficial.

Varios significados

En la entrega señalada la acción de comer, en efecto, aparece al lado de Adán y Eva. Pero además, adquiere un carácter familiar con ciertos protocolos llenos de cariño al igual que de varios simbolismos. Así sucede cuando vemos a Abraham y las cortesías tenidas hacia los viajeros, lo mismo que constatamos de las decenas de familias entregando alimentos a los peregrinos que arribaban a ver a nuestra Morenita del Tepeyac.

El acto de comer y compartir el pan y la sal –aunque se escuche cursi- estuvo presente en el Maná en el desierto; en la última cena con los apóstoles; y su cuerpo se hizo alimento eucarístico. La reunión y congregación para el momento de comer se hace presente de nuevo, en Emaús, cuando Cristo resucitado, sorprende a todos pidiendo “algo de comer”. 

Por la misma razón, bendecir los alimentos y dar gracias, asumen una connotación muy superior al hecho de nutrirse, se sea o no creyente. Es el caso de la maravillosa ceremonia del té entre los budistas, o como parte de los rituales del Ramadán; y algo similar ocurría en los eventos con comensales especiales entre los vikingos o los bárbaros. Esto es, la acción de comer está asociada a un acto de conformación civilizatorio.

Rituales

De acuerdo con el sentir y la tradición familiar, se han instrumentado ciertos simbolismos y protocolos singulares. El padre de familia está a la cabeza o sirve a los demás en imitación a quien le lavó los pies a sus seguidores. El lugar de los abuelos se considera como “su lugar, su espacio”, como un enorme acto de amor y respeto.

No se trata de dominación, sino de servicio a los demás. Así que, ¡Buen provecho y que Dios bendiga lo que caiga a la barriga!

 

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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