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¿Por qué tiene tanto éxito la demagogia?

A PROPÓSITO DE CAMPAÑAS E INFORMES

¿Dónde radica ese gusto, casi morboso, de ciertos liderazgos políticos y sociales por la verborrea y la coprolalia?



No solo es engatusar a la audiencia; va más lejos del simple juego de palabras para engañar, para mentir; para hacer de una verdad a medias, una mentira completa. Se trata de la DEMAGOGIA.

El concepto tiene o adquiere ciertos matices artesanales porque se va elaborando con una visión ladina y tramposa de la vida, para hacer caer a otros en aseveraciones completamente alejadas de la realidad, o bien, maquillar la realidad, de tal manera, que el engatusado crea que lo dicho por un sujeto es verdad pontifical.

La demagogia esconde oscuros y extraños intereses individuales o de grupo, hasta que alguien se da cuenta de la engañifa y exhibe al demagogo. Por supuesto, el demagogo jamás aceptará que incurre en este fraude conceptual. Usualmente, el demagogo culpa a todo mundo cuando se siente descubierto.

El demagogo no admite réplica, porque siempre le quedará el “maravilloso recurso” de alegar un “compló” en su contra; de asegurar que se trata de una conspiración internacional de “la mafia del poder” o del imperialismo yanqui, o de sus chacras y sus mantras.

COMUNICACIÓN CON SENCILLEZ NO SIMPLONA

El demagogo extrae del Manual RRI -“Recetario de Respuestas Insulsas” cada uno de sus asertos. El ser humano que se conduce con Sabiduría Virtud –por eso la mayúscula- habla con sencillez y no con simplezas. Por eso a Jesús de Nazareth le entendían hasta los fariseos. El demagogo se dirige a los espíritus simples y mentes con escasa luz –así decía mi ilustre agüe- para evitar disensos y controversias.

A los sencillos o les cuesta trabajo entender la importancia del esfuerzo, del tesón, de la audacia para lograr metas de orden superior; por eso se levanta temprano, emprende, innova, ahorra y es capaz de asumir compromisos de largo alcance.

Los simplones se guían por la legislación que les otorga beneficios sociales para evitar el trabajo. Orientan su vida sin salir de su zona de confort, porque el demagogo los instruyó así, para que percibieran la pereza y la apatía, la indolencia y la falta de acción como “un derecho constitucional”. A ellos se dirige, así le parece al escribano, la afirmación de San José María Escrivá de Balaguer cuando afirma: “Que la vida es milicia sobre la tierra, lo dijo el Santo Job hace ya muchos años…y todavía, hay algunos comodones que no sean enterado”. 

LAS PROMESAS FUTURISTAS

La comunicación del demagogo emplea el “tiempo pasado” para denostar el presente. Reparte culpas y asigna victimarios. De aquí sus promesas, soluciones, proposiciones y respuestas que siempre se conjugan en “tiempo futuro”. 

No hay nada claro ni sobre bases sólidas. Los cimientos se construyen sobre arena y lodo. Por eso oculta la dificultad y el coraje necesario para que los seguidores crean que lo superficial y confortable constituyen el camino deseado, la tierra prometida. 

De aquí que el demagogo jamás predique con el ejemplo porque se vería obligado a poner talento, esfuerzo y trabajo para lograr los objetivos que promete conseguir para su audiencia.

El demagogo construye su propia utopía que, a base de repetición ininterrumpida, él mismo acaba por creerla cierta. Por eso resulta tan exitosa la práctica de la demagogia.

Obsérvense, adoradas lectoras y gentiles lectores, el contenido –forma, fondo y pertinencia- de los mensajes y la comunicación no verbal de candidatos y dirigentes políticos. No es tan complicado atinarle para identificar al demagogo. 

El reto es formidable. ¿Lo aceptas?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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