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De corazón, lengua y oreja

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Daniel Goleman es el autor de todo aquello que se denomina como “inteligencia emocional” y sus derivados. Como es obvio, el tema se expande, analiza y aplica en las diversas metodologías que apuntan hacia el desarrollo humano integral y la relación de este concepto con los temas de competitividad, productividad, teamworks y liderazgo.



Una de mis maravillosas lectoras le hizo llegar al escribano un texto en donde nuestra hermosa fan demuestra que estos asuntos, tan cacareados hoy día, tienen un mar de años aplicándose. La evidencia, dice la magister dixit, es la figura de Francisco de Sales, quien logró un equilibrio entre corazón, lengua y orejas, sin que esto se trate del menú gourmet de alguna taquería en la Colonia Portales de la ciudad de México.

El escritor Antonio R. Rubio Plo –ReL, 28 de agosto, 2017- destaca que, a 450 años del nacimiento de San Francisco, conviene reflexionar un poco sobre la complejidad de los escenarios socio-políticos de su tiempo.

En efecto, las guerras con trasfondo religioso en Europa estaban a todo lo que daban. El cristianismo, en especial, señala Rubio, estaba en calidad de rehén de una serie de ideologías y el dominio absolutista del Estado. De aquí que los métodos violentos y las diferencias de opinión política, se dirimieran con el sable en la mano.

SAN FRANCISCO DE SALES Y LA INNOVACIÓN

Las aportaciones son diversas: Fue uno de los primeros impulsores de la “presencia activa” de los laicos en la Iglesia, pero no solamente en el ámbito de lo que SS Francisco denomina como “clericalismo” –es decir, de aquellos laicos que se sienten dueños, patrones y administradores de la agenda y decisiones de su párroco- sino que esta presencia laical debía partir de una “profunda vida interior”.

El amanuense coincide con el maestro Jesús Urteaga Loidi (“Los defectos de los santos”, Ed. Minos). Al hombre de Sales lo presentan como un personaje lleno de dulzura, candor y lleno de paciencia. En efecto, así fue el resultado de aprender a dominar sus emociones, toda vez que Francisco, según sus diversos biógrafos, tenía un carácter fuerte.

No podía ser para menos. Ser obispo de Ginebra en el Siglo XVII, cuando en la diócesis predominaba el calvinismo, cuyo punto neurálgico se encontraba en no diferenciar la veneración a Dios y al César, provocaba pleitos de tal envergadura, como si Nicolás Maduro fuera puesto a dirigir a las hermanas de la Caridad de Madre Teresa. El costo para Francisco fue elevado. Tuvo que vivir exiliado.

OPCIONES DE TRIUNFO

Hubiese sido muy fácil que los ejércitos católicos del duque de Saboya, refiere Rico, hubieran entrado por sorpresa a Ginebra y, después de una “zapatiza” en donde la espalda pierde su decente nombre, los calvinistas fueran derrotados y el problema resuelto. Francisco evitó esta opción.

Además, la concepción y espiritualidad del santo –véase el espíritu crítico de su inteligencia emocional- lo llevaron a dudar de las reformas y reformadores que se limitaban a modificaciones solamente en lo superficial y lo externo. Francisco sostenía que “la verdadera reforma tiene que nacer del corazón”. Hay que empezar “por el interior”, sostenía. “Quien gana el corazón del hombre, gana por entero al hombre”

La tesis es formidable y oportuna para el momento político que atravesamos en México y el resto del mundo, donde lo más relevante es configurar al individuo, dice Rubio, a los dictados de las normas escritas o de uso social; a los comportamientos formalistas derivados –insiste el autor- de “una ética formalista y bastante acomodaticia.

LA ESTRATEGIA

A pesar de todo, Francisco aprendió el don de la Paciencia –la ciencia de la paz”- para auspiciar un clima apropiado al diálogo, entendido este, no como el campo de batalla para mentarle la madre al otro y al acabarse los argumentos, acusar al oponente de “intolerante” y “homofóbico”. Si se observa, esta es la raíz del debate que tanto urge en nuestro tiempo.

Francisco sostenía que es fundamental proponer y no imponer o tergiversar las convicciones. El tema es oro, ahora, cuando lo mediático es caer en la trampa de una guerra de lodo que acaba por desencantar a todos, de todo. Como el mismo santo definía: “..que las palabras salgan del corazón antes que de la boca. El corazón habla al corazón, y la lengua solo habla a los oídos”.

¿Habrá alguien que lea esto? Es pregunta.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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