Últimas noticias:

Desventajas de no preparar las homilías

FILTRANDO INFORMACIÓN

-¿Y, cómo ves a mis curas en el terreno de la oratoria y el discurso?, preguntó el Prelado con cierta inquietud.


No preparar homilías


-¿La verdad?, repuse.

-Sí, eso te estoy pidiendo.

-La verdad es que, todos tienen “un cierto poder extrasensorial”, dije, al tiempo de ver un gesto de extrañeza en el Obispo. Aun así, la explicación siguió. Lo que sucede Monseñor, es que, en cuanto empieza la homilía, --por supuesto, hay grandes y extraordinarias excepciones de oradores sagrados- los feligreses de las primeras 17 hileras de bancas, entran en “la hora romántica”… Todo mundo busca el hombro de la persona de al lado. ¿Resultado? El mensaje no llega.

RAZONES

El escribano decide revelar esta conversación –dejando fuera los nombres de los protagonistas, a fin de proteger a los inocentes, como dicen en NYPD- pues resulta que él comunicólogo Álex Navejas, ex director de Radio María y hoy, director de la hospedería del Valle de los Caídos, comparte el mismo punto de vista.

DISTINGUIENDO

No se trata de jugarle a soberbio y esperar que cada domingo nos prediquen teólogos o pensadores como Newman, Chesterton o Benedicto XVI. Cuando se participa en Misa –la Misa no “se oye”, se va a participar- se acude a un encuentro con Jesús de Nazareth. Esto es importante subrayarlo, porque como señala SS Francisco, en otros lugares, la gente no va a encontrarse con el Buen Dios, si no que va a que los diviertan.

Efectivamente, un buen mensaje comunicado mal, acaba provocando que la gente se aleje de la Iglesia, porque “se aburre”, porque “las cosas de Dios” son tan serias, como la seriedad de los cementerios. Y el feligrés deja de asistir, como dice Navejas, por simple y llano aburrimiento. 

Esto es, nadie se entusiasma con la propuesta de una vida santa, cuando la invitación genera bostezos hipopotámicos en los participantes. Nadie se anima a colaborar en las distintas labores pastorales, cuando el mensaje está lleno de lugares comunes, de cosas obvias, de frases sobadas y casi siempre, huecas.

DIDÁCTICA HOMILÉTICA

¿Los fieles que van a Misa el domingo, ya están convencidos? ¿Es suficiente –como decimos en México- “echarles un rollito” y darles la bendición para que se vayan a dormir la siesta a casa? ¿Son gente decidida a dar testimonio de su fe y ser la levadura que nos exige el Evangelio? Tampoco.

Algunos principios de andragogía recomiendan considerar los siguientes temas:

1. La planeación didáctica es indispensable. No es la misma audiencia quienes participan en la Misa de 7:00 a.m., que las personas que acuden a las 12 del día, o a la Misa de las nueve de la noche. Ciertamente, son públicos diversos, pero el mensaje es tan extraordinariamente grande, que siempre tiene un mensaje y contenido apropiado para todas las edades, ocupaciones y preocupaciones.

2. Los feligreses esperan una orientación, un nuevo enfoque para la vida, desde la aplicación de la Palabra. De aquí, la importancia de que el mensaje homilético siempre encuentre un punto de conexión con la vida diaria de los oyentes. Que se vincule con la vivencia y la experiencia de los participantes. No se trata de mensajes de marketing dirigidos a un target determinado. La Sagrada Escritura es tan maravillosa, que todo mundo encuentra algo aplicable a su circunstancia particular.

3. Es fundamental entender que lo más relevante es la celebración de la Eucaristía; pero cada mensaje tiene y asume un poder especial para transformar, como señala el comunicólogo, corazones y conciencias. El escribano considera que las homilías cambian vidas, decisiones y destinos. Dicho de otra forma, nadie puede salir de Misa igual que como entró. ¿Qué se llevan en el alma las personas?

4. Pasión cuando se ejecuta la homilía. Hace falta pasión para decir, comentar y aplicar la Palabra de Dios. No podemos imaginar al Aquinatense, a Ignacio de Loyola, a Teresa de Ávila o a Catalina de Siena; a Juan Pablo II o a Madre Teresa, hablando sin pasión. ¡En ellos, en esos hombres y mujeres santos, surgía la pasión a cada momento!

5. Cuando los feligreses encuentran y descubren la vinculación entre la Palabra de Dios y la vida propia, entonces actúa la llamada “Gracia Tumbativa”; ésa que conquistó a San Pablo. La misma que animó a Pedro a bajar de la barca y caminar en el agua. Cuando dudó, empezó a hundirse.

6. La vida que nos propone el Evangelio no puede ser aburrida. La homilía tiene que contribuir a llenarnos de entusiasmo –del griego, “Dios en tu interior”- de alegría al hacer comunidad; de gozo al recargar baterías para la vida diaria; de esperanza activa en que, si ponemos nuestra parte, si hacemos lo que nos corresponde como cristianos y ciudadanos, las cosas marcharán mejor.

7. El lenguaje empleado en la homilía tiene que ser lenguaje de nuestro tiempo: claro, directo, llano. Si por alguna razón se requieren emplear algunos conceptos poco comunes y/o “latinajos” no frecuentes, la recomendación es “traducir” de inmediato.

8. A ejemplo de propio Jesús de Nazareth, su comunicación fue directa, sin ambigüedades ni barroquismos. Analicen mis hermosas lectoras y gentiles lectores, el Sermón de la Montaña tiene menos de 140 caracteres… Y ninguna de sus frases fue una simplicidad. Bueno, hasta los fariseos, saduceos y zelotas lo entendían…

9. Si los feligreses se quejan de que el padrecito Fulano “dice unas Misas eternas”, es porque seguramente, falta una homilía bien preparada, donde se hable, repetimos, con pasión, con sencillez y entusiasmo, con tal convicción, que el escucha se decida a transformar su vida. El mensaje no puede ser rutinario, oxidado, ininteligible.

10. La audiencia dominical está llena de todos los que somos y os reconocemos pecadores. Pero también asisten los que transan en política, quienes difaman con tal de hacer un buen negocio; los que engañan a sus clientes; aquellos que “le ponen un cuerno” a la esposa o al marido. Van quienes murmuran del vecino y hacen trizas la reputación de otros. No son ángeles ni feligreses con dones preternaturales. Es gente que se siente sola, deprimida, abandonada, sin esperanza. Por eso la afirmación de que la homilía restaura, sana y transforma cuando se hace lo necesario para que el mensaje llegue.

Si las personas que asisten no encuentra una Esperanza hecha vida en la Iglesia…en Su iglesia… entonces, no nos extrañe que se marchen a cualquier otro lado.

@yoinfluyo

redaccion@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar