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Barcelona y el Estado Islámico

Irrestible

Después de lo sucedido en Barcelona es irresistible aflorar algunos pensamientos, sentimientos y reflexiones sobre la barbarie y la parte salvaje de quienes asesinan “en nombre de Dios”.


Terrorismo en Barcelona


Hace algunos años –el escribano cita a Janet Daley en ReL, agosto 15, 2017- comentarista de The Telegraph ya hablaba de “un culto a la muerte” encabezado por el llamado “Estado Islámico”, caracterizado por demanda irracionales, sin apertura a dialogar para debatir propuestas o disensos; planteando propósitos ininteligibles.

Los atentados en Barcelona, Boston, el Bataclán o en Charlottsville, vale la pregunta, ¿obedecen a un intenso e histérico sentimiento (que no sentido) religioso, o a un nihilismo trasnochado que niega todo valor y principios morales, sociales, políticos y también religiosos cuyo motor central es el poder a costa de lo que sea?

El tema pone de nuevo en la mesa, como sostiene Harold Laswell, la intencionalidad con las que se dicen y se hacen las cosas en el plano de lo que se pretende comunicar. El agregado ahora es que la serie de atentados, donde han muerto muchas personas inocentes y herido varios centenares de otras más, se ha vuelto una cultura de muerte e ignominia que reivindican diversas ideologías disolventes.

¿Será esta, la nueva base del soporte de los totalitarismos? Vale de nuevo la pregunta, porque los asesinatos provocados por el Estado Islámico, solo se distinguen en la forma de ejecución, con la cantidad de muertos que Nicolás Maduro ha logrado en Venezuela o el costo que estaría dispuesto a pagar el ocurrente Kim Jong-Un, con tal de continuar con sus demostraciones de poder.

Una diferencia

En opinión de este escribano y un abigarrado grupo de bellísimas lectoras y aguantadores lectores, lo que distingue a Kim Jong y a Maduro, de las salvajadas de los liderazgos del Estado Islámico, es que a los primeros –de acuerdo con Alfred Adler- las motivaciones histéricas de ampliar sus cotos de poder, no tienen medida. Es la megalomanía en todo su esplendor.

Sin embargo, para el EI, se trata de aplicar una táctica ideológica fundamentalista, que a fortiori, encuentra su fundamento en el Corán para instrumentarla como una estrategia de “guerra de guerrillas”. Es decir, los atentados son la forma de cumplir con las profecías escritas en el Corán.

La fundamentación es simple, de acuerdo con lo citado por Janet Daley. “Si la Sura –versículo- 9,5 en el Corán dice “Luchad y matad a los idólatras (mushrik) donde los encontréis”, los asesinatos reivindicados por gente del EI, obedecen, ciertamente, a que ISIS va en búsqueda de “los idólatras” y los mata. La periodista asegura que, por tanto, la gente del EI se convierte en un TANATÓLATRA, esto es, “adorador de la muerte”.

El terror debilita la voluntad

Es evidente que cuando se siembra terror, la voluntad de resistir se dobla, se debilita y eventualmente, cede todos los espacios. El temor es el nombre del juego. Por ello el éxito de la creciente dominación islámica.

Y a ello hay que adicionar que el Corán ordena “lanzar miedo en los corazones de los que no creen” de acuerdo con la Sura 8,12 que la misma periodista cita. No es pues, una exclusiva estrategia para algún operativo paramilitar. Es el fundamento mismo de su misión de vida y la visión de un mundo sometido a la idea de Califato que persiguen. El terror es el “propedéutico” de una lucha mayor para el EI.

Cuestionamiento

Existe, adicionalmente, un fuerte sustrato con aroma a marxismo-leninismo, a lucha de clases.

Frente a los asesinatos y las atrocidades cometidas por el Estado Islámico, por lo menos hasta donde este amanuense identifica, las ONG’s de izquierda no han solicitado la intervención del tribunal de La Haya, de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos, y tampoco han suscrito desplegados o campañas en redes sociales exigiendo “tolerancia” a los miembros del Estado Islámico. 

Y es dudoso que lo hagan. Muy dudoso. Como dice el periodista Jorge Carrión en el New York Times (https://www.nytimes.com/es/2017/08/17): “El 11-S fue un ataque vertical que nos obligó a mirar hacia el cielo; pero enseguida se impuso el modelo horizontal. París, Londres, Madrid, Estocolmo, Niza, Berlín. Los fanáticos ya no nos amenazan con bombas, sino con atropellarnos salvajemente (las bombas siguen explotando en Kabul)”

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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