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Ser madre es una maldición

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Para las feministas radicales adoradoras del aborto, la ideología de género, la discriminación y odio a los varones –no escribí “machos”- y simpatizantes de cualesquier detonador que reviente a la familia, aparecieron, como dedicatoria, dos notas que para el gusto de este escribano, constituyen una evidencia más de esos paradigmas y planteamientos que despiden un fuerte aroma a fascismo recalcitrante, mezclado con intenso tufo estaliniano, de repente, bañado con algo agua bendita, arrojada por aquellas matronas que se auto-proclaman más papistas y dogmáticas que el Papa.


Ser madres no es maldición


La primera de las informaciones en los medios, se centró en la declaración de mi adorada Paola Espinosa, quien a partir de esa fecha, ingresó con bombo platillos y confeti a mi Personal Hall of Fame. 

Las declaraciones de nuestra –y cada vez más mundial y maravillosa atleta- causaron escozor, desmayos, rasgamiento de brassieres y exantema súbito. Y todo, porque a la Pao se le ocurrió decir que su mejor “Medalla de Oro” la había logrado al convertirse en mamá.

Los epítetos flamígeros, vociferantativos y hablantosos se difundieron, particularmente, en las redes sociales. Unos decían, que “cómo se le había ocurrido” a la Pao, andar diciendo que ser mamá es conseguir una “medalla de oro”… ¡Como si los chamacos no fueran un estorbo a la realización y el desarrollo profesional de la mujer!.... ¡Como si andar cuidando escuincles (frase nativa y despectiva de origen náhuatl para calificar el minucioso cuidado de los hijos) no constituyera la cancelación de proyectos personales en el estudio, el trabajo bien pagado en una organización, en el desarrollo cultural y económico!

Vamos, el escribano interpreta tales señalamientos fascistas y llenos de odio, como la cualificación a nuestra Pao Espinosa, como una verdadera “vieja loca”. ¿A quién se le ocurre decir que ser mamá es equivalente a una medalla de oro en la vida de una mujer? O sea, la Pao debió estar ebria o bajo el influjo de algún estupefaciente adictivo, como para atreverse a decir semejante cosa.

OTRA MUJER MARAVILLOSA MÁS

Y para mayor “signo de contradicción”, otra extraordinaria mujer, también atleta de alto rendimiento, ha colocado un esparadrapo fulminante en la cavidad bucal de las extremistas del Estado Islámico en su versión de la gran Tenochtitlán. Ella es Blanca Manchón (J. Lozano/ReL – agosto 11, 2017) Fue simple. Demostró, como se lo había propuesto, evidenciar ante el mundo, que se puede ser madre y deportista olímpica.

ESCENARIOS

Las atletas de alto nivel de desempeño se encuentran sometidas a una brutal presión. El periodista J. Lozano describe cómo Sanya Rochards había declarado haber abortado antes de competir en la olimpiada; además de ubicar a otras atletas de élite en el mismo caso. De ahí que los patrocinadores las hacen firmar compromisos fuertes para que no se embaracen, porque los patrocinadores “pierden dinero”. Los compromisos deportivos están muy por encima de la vida de un bebé.

Blanca se decidió a enfrentar esta barrera. Mis adorables lectoras y amabilísimos lectores podrán fácilmente imaginar la diáspora de patrocinadores, dejando en completo estado de indefensión a esta atleta, que, a pesar de obstáculos, piedras en el camino y cerrazón de puertas, está abriendo camino a las mujeres deportistas que quieren ser madres.

No ha sido fácil. Ser seis veces campeona de windsurf, la mejor regatista del año; ser una andaluza de 30 años. Y ahora, querer ser madre a contracorriente. Dos días antes de parir, se quedó sin patrocinadores. Le cancelaron los contratos. Ya n había respaldo moral, económico o con equipamiento. Sin embargo, clasificó a las 12 semanas de haber tenido a su hijo. El re-inicio fue “de cero”. Siete meses después de dar a luz, ya era campeona mundial... ¡sin patrocinador alguno!

Blanca irá a los juegos olímpicos del 2020. Noah, su hijo, se convirtió para ella –igual que para muchas madres- en la mejor medalla de oro que le regaló la vida.

Dios le concedió a este escribano, conocer muchísimas “Mamás de Alto Rendimiento” que, para no omitir algún nombre, solo debo decir, que a partir de ahora, todas ellas se encuentran en mi Personal Salón de la Fama. 

Gracias por aceptar ser madres… Gracias por ser parte del milagro de la vida y colaborar con Dios en Su creación. Las amo, las respeto y las admiro, porque cada mañana demuestran que ser madre, jamás será una maldición.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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