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En contra de esclavizar a la mujer

“¡Que no manchen!”

Para mis bellísimas lectoras y amables lectores en el Medio Oriente, cuando el más pequeño de los hijos –después de leer la nota– exclamó un sonoro, chispeante y jocoso “¡Que no manchen!”, quiso hacer alusión a lo excesivo, absurdo, misógino, alocado, ocurrente, locuaz y estúpido (así dijo textualmente) de la información, y que en lenguaje coloquial significa algo más feo de lo que simplemente se lee.


México; Neo-lenguaje de género


Buscando abrir nuevos espacios de comunicación con mi Millenial doméstico, pregunté, interesado, sobre su expresión. La respuesta no dejó duda alguna. Palabras más-menos, el comentario se centró en lo siguiente: “Es que esta “”##$$% es ofensiva a la dignidad de las mujeres; es misógino y discriminatorio. O sea… ¡que no manchen!”

Los detalles

La tentación de leer la información fue irresistible. De inicio, la Asociación Médica Británica –BMA, por sus siglas en inglés– “recomendó” a sus 160 mil médicos afiliados estudiar un manual sobre nuevos patrones de expresión y comunicación desde la ideología de género.

La “neo-lengua de género” solicita evitar el término “madre” para referirse a las mujeres embarazadas, ¡¡¡porque podría “herir” la sensibilidad de los señores que no se sienten mujeres!!!

Por esa razón, los neologismos destacan que a la vagina se le debe llamar “agujero frontal”, y cuando hay cesárea –para no ofender a los transexuales– debe llamársele “ventana de nacimiento”. O sea, coincidiendo con mi efebo hijo: ¡que no manchen!, porque de seguir así, el 10 de mayo tendríamos que celebrar “El día de los agujeros frontales”.

El desprecio y la nueva esclavitud de la mujer

Este escribano se manifiesta en contra de cualquier intento de esclavizar a las mujeres, de discriminarlas y profundizar en las desigualdades que las feministas radicales pretenden zanjar.

Una espléndida entrega de Blanca Ruíz en Aciprensa (Febrero 11, 2017) retoma otro concepto, el de los vientres de alquiler, porque se trata de un nuevo atentado misógino que va directamente en contra de la dignidad de las mujeres, por supuesto.

Es discriminatorio, en principio, porque “encadena” bajo un contrato comercial a la gestante, igual que cuando se compra un refrigerador o algunos muebles, pagando la suerte principal, “en cómodas mensualidades”. Es misógino al extremo porque reduce la maternidad a un mero negocio, a una estricta transacción mercantil.

Jaime Mayor, presidente de One of Us en España, segura que no es viable “crear una norma para regular la excepción”, en virtud de que los promoventes de la renta de alquileres, estiman que, como ya se practica esta discriminación contra las mujeres en países como Canadá, pues también hay que importar la idea a Europa.

En el mismo sentido, la renta de vientres es igualmente una nueva forma de explotación de las mujeres, a las que las feministas radicales defensoras de la ideología de género dicen defender a ultranza.

Nueva esclavitud, antigua explotación

Rentar vientres y reducirlos a una operación mercantil, nos ubica en el escenario de una nueva forma de explotación. Es decir, un retroceso grave cuando se apunta hacia la dignificación del papel de las mujeres en todos los ámbitos de la vida humana.

¿Por qué es explotación? Simple. Porque quienes acuden a rentar “su agujero frontal” y su “placenta en condominio”, usualmente son mujeres de escasos recursos y deficiente nivel cultural y educativo. Vaya, constituyen el “nuevo mercado” de compraventa de niños.

Por cierto, el pago por el alquiler es curioso, porque se suscribe el convenio considerando que “eso” que habrá o ya existe en el vientre de una mujer, sí es un niño. Lo que contraria expresamente, la idea de los abortistas de que antes de las 12 semanas, las mujeres no llevan nada en la panza.

Lo que tampoco acaban de entender quienes promueven la llamada subrogación, es que el tratado mercantil que conlleva, es contrario igualmente, al respeto a los derechos humanos, sometiendo y reduciendo a la mujer a un mero factor de producción. Es decir, a un proceso insalvable para dar vida, porque “alguien” se cree con derecho a tener un hijo, aunque sea en el vientre de otra persona.

El atentado contra los derechos humanos es más de fondo, porque el universo –el target– natural para la renta de vientres, son justamente, las mujeres pobres que ven en esta práctica una forma de generar un ingreso, lo que habla asimismo, de la falta de una visión de Estado que genere políticas públicas apropiadas al tema y que protejan a la gestante y destraben los obstáculos para la adopción de una familia, donde papá y mamá reciban con gusto a un nuevo miembro.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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