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La Constitución: ¿utopía o distopía?

Aclaración pertinente

La palabra “distopía” no aparece registrada en la Academia, pero podríamos hablar de un “escenario indeseable”. Dicho de otra forma, ¿estamos por conmemorar –o también “celebrar” – el aniversario número 100 de la Constitución de 1917? Y, en su caso, hacia dónde ir con el alud de spots?


México: Constitución, centenario


Sondeo de opinión

Aunque desde el Brexit, la paz en Colombia y la elección del folclórico Trump, todas las encuestas han fallado, este escribano se atreve a proponer una más a sus adorables lectoras y gentiles lectores. Veamos:

1. ¿Usted sabe por qué a la Constitución se le llama “Constitución”?

2. ¿Cuántos artículos tiene la Constitución Mexicana?

3. ¿Usted sabe que antes “de ser calle”, Félix F. Palavicini, Fernando Gómez Palacio, Vicente Valtierra, Antonio Madrazo, Hilario Medina, Enrique O’Farril, Francisco J. Múgica, Leopoldo Vázquez Mellado, Heriberto Jara, fueron miembros del Constituyente de 1917?

4. ¿Sabía usted que la Carta Magna ha sido modificada 618 veces desde 1917 hasta el 2015, cuando la Constitución de los Estados Unidos, desde 1787, apenas ha recibido 27 “enmiendas”?

Si no lo sabe…

Francamente, si usted no sabe las respuestas, ¡ni se preocupe! Usted, su escribano de cabecera, y más de un centenar de millones de compatriotas, tampoco. Por eso, en un esfuerzo de magnanimidad hacia esta entrega, y una súplica de clemencia al lector, la idea es comentar algunos menesteres que nos ubiquen con más claridad, por lo menos, en lo que se pretende celebrar el próximo 5 de febrero del 2017.

El maestro Francisco Burgoa, catedrático de la UNAM (Twitter: @fburgoa), sostiene que parte del problema es contar con una Constitución “que permita su comprensión y que facilite su interpretación y aplicación” para cualquier mexicano que no esté inscrito en Harvard.

El mismo catedrático sostiene que, además, es prácticamente imposible leer –ya no digamos, estudiar– la Constitución, porque cuando apenas se imprime el ejemplar más reciente, queda obsoleto en virtud de que ya surgieron nuevas modificaciones. De tal suerte que, a quien quiera “bucear” en el texto, sólo le queda el recurso de Internet.

De inicio

Para entrarle al tema, es importante considerar que una Constitución –para decirlo en términos coloquiales– busca dejar asentados los términos, consensos y acuerdos que consideramos fundamentales, esenciales y determinantes, para regir a una Nación.

Estos elementos, para este amanuense, debieran ser el catálogo de principios y fundamentos que nos unen y cohesionan para darle sentido al destino histórico de México, un destino que “…por el dedo de Dios se escribió”. Dicho de otra forma, estos conceptos de doctrina constitucional y derecho positivo, debieran estar por encima de las ideologías que sólo pre-fabrican lineamientos, características y normas de acuerdo con intereses de algunos grupos, que están lejos de ser “la mayoría”, y más lejanos de una auténtica y legítima representación de un pueblo, no de la oclocracia, la chusma o el populacho. Sin ofender, véase lo que está pasando en la Ciudad de México.

¿Pueden estos ideales ser una utopía? Es posible, porque nuestra Carta Magna surge, de un pleito entre el Plan de Ayutla y el desconocer el gobierno de Santa Anna, la inestabilidad política y social, y el propio conflicto entre liberales y conservadores.

Los ideales de 1917

No podemos dejar como anotación marginal la pregunta: ¿qué buscaba, qué visión de largo alcance perseguía la Constitución impulsada por Venustiano Carranza? De acuerdo con lo que se enseña en las escuelas públicas y privadas –y con las salvedades que destaca González de Alba en “Las mentiras de mis maestros”, 2002–, un día nos dijeron y machacaron para que no se nos olvidara que el día 5 de febrero quedó establecido un compromiso: luchar por las reformas sociales y derechos a favor de los obreros y los campesinos, así como para establecer la forma de Gobierno y los sistemas legales.

¿Se cumplió? La respuesta es incitante. La maestra Rocío García Olmedo (06 de febrero de 2012. Cfr. www.pueblaonline.com.mx), en “Algunas reflexiones sobre la Constitución de 1917, sostiene que la Carta Magna es “un pacto entre generaciones, una línea de continuidad histórica, política, social y jurídica que nos vincula al pasado, pero que nos permite avanzar con bases ciertas hacia el futuro”. El gran dilema sigue siendo el mismo.

¿Nuestro sistema constitucional protege y garantiza un régimen democrático? ¿Se han reivindicado las demandas sociales? ¿se han fortalecido las libertades?

Y la pregunta fundamental: ¿Por qué sentimos que no hay un “Estado de Derecho”?; ¿por qué no nos sentimos protegidos por las leyes?; ¿por qué, con frecuencia, los “derechos humanos” parecieran solapar a los delincuentes?; ¿por qué la sensación de los mexicanos, que cuando se hacen referencias a la Constitución, cada cita se ve encapsulada por la retórica de siempre?

@yoinfluyo

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