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CDMX: ¿Constitución o “colonización” ideológica?

Por si fuera poco

Todo indica que no son suficientes las dificultades que campean en México. No basta con Trump, con los saqueos, con las homilías gubernamentales, con la bajísima popularidad y la falta de liderazgo de la autoridad federal... Encima de todo esto, los pleitos encarnizados de las tribus izquierdistas, desde las más sonrosadas hasta las absurdamente radicales –de esas que critican a Trump, actuando y pontificando como Trump– siguen haciendo de la Constitución de la Ciudad de México un verdadero molusco-invertebrado-gaseoso.



La diputada constituyente Cecilia Romero interpeló con vehemencia desde la tribuna. Los señores diputados aprobaron el derecho a la muerte y no el derecho a la vida. Así de ilógico y así de absurdo.

El mamotreto de constitución, lejos de ser el crisol de las aspiraciones e ideales de una comunidad, ha resultado, con pena, una lucha sin cuartel en contra de los mexicanos que sufren y padecen las vicisitudes de la llamada “megalópolis”. Vamos, hasta varios diputados del PAN –con excepción de cuatro de ellos, dentro de los que se encuentra Cecilia Romero– votaron contra el derecho a vivir, con un grado de estulticia suprema, como los argumentos deprimentes de la señora Gómez Mont.

Contra la unidad

No han sido suficientes los sucesos que, impulsados desde la oficina de Los Pinos, continúan dividiendo al pueblo de México. Van desde la retórica triunfalista, pasando por los discursos sosos y carentes de calidad argumentativa –como los recientes de Ochoa Reza encargado nacional del PRI– hasta los mensajes mesiánicos de López Obrador, al más puro estilo de Nicolás Maduro en Venezuela, donde todo se compondrá porque el redentor tropical así lo dispone desde ahora. ¡Hay que dividir más a los mexicanos y hacerlos rehenes de ideologías disolventes!

Recientemente, la Agencia Quadratin dio cuenta de una nota atribuida al Semanario “Desde la Fe”, órgano informativo de la Arquidiócesis de México, en donde se clarifica la posición de la Iglesia con respecto al texto que proponen los constituyentes.

¿Se trata de una “Constitución fallida” como lo destaca el Semanario? Sin duda, porque los textos, los postulados, los numerales, no fueron fruto de planteamientos jurídicos de orden superior, sino del botín y la voracidad de las tribus mismas en conflicto, porque ocupan la mayoría de las curules.

No importan los razonamientos jurídicos que una Carta Magna implica y lleva consigo. La ideología pervierte y corrompe, ciega y carcome el derecho positivo. El bien jurídico protegido pasa inadvertido frente a la ola de adjetivos y eufemismos rampantes, que dan la impresión de ser redactados exprofeso para confundir y engañar, para desvirtuar las verdaderas intenciones de muerte y exponer al escupitajo de la oclocracia los valores trascendentes.

Se han impuesto los partidos mayoritarios y los intelectuales que comulgan con lo disidente, con todos los elementos que atacan frontalmente a la familia, a la dignidad de la mujer y a la educación de los hijos. Se había prometido una Constitución de avanzada. La intención fracasó ante la ideología. La imparcialidad y la igualdad fueron sometidas a las consignas de los postulados que diluyen en un mar de tóxicos argumentos prefabricados.

Como apunta el editorial de Desde la Fe, no es el combate y el debate democrático que se compromete con la justicia y la libertad, con una revolución cultural y moral; no es el núcleo que cohesiona la solidaridad y propicia la fraternidad…

… Es el síndrome del “agandalle ideológico”, con todos los síntomas que esta visión acarrea consigo. El texto, que será presentado en breve, se asemeja a una retahíla de obsesiones disolventes. Se impone y no se consensúa. Se pontifica contra la libertad en nombre de la misma libertad.

Malos consejeros

Se ha demostrado hasta la saciedad que el populismo, la demagogia y los mesianismos resultan a todas luces obsoletos y antidemocráticos, pregúntese a los Kirchner, a los Morales y a los caudillajes domésticos como Pablo Iglesias en España o Rodrigo Duterte en Filipinas. La fallida Carta Magna está siguiendo el mismo camino. No favorece la participación activa e informada; coarta los derechos de las mayorías que no creen en los postulados del nuevo “colonialismo ideológico” por la vía del “género”. Que el texto sea sometido a Plebiscito… o ¿A qué le tienen miedo?

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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