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El desafío de la “Misericordia et misera”

Asegunes

Según me indican mis bellísimas lectoras y gallardos lectores, la reciente Carta “Misericordia et misera” suscrita por el Papa Francisco, les ha pasado de noche, como si fuera el marcador del América contra los tablajeros de Iztapalapa. No hay de qué preocuparse.



Varios puntos clave del documento

Los frutos del Jubileo de la Misericordia fueron tan abundantes, en expresión del Papa, que la idea de la nueva carta es “mantener activas” las medidas instrumentadas durante el llamado Año de la Misericordia.

Así, –mediante la cobertura de varios procesos bien definidos– la delegación al presbiterio para perdonar el pecado del aborto, especialmente grave, se mantiene conforme a los criterios de la Misericordia et misera. Algo similar sucede con la lefebvriana y llena de falsos tradicionalismos, sociedad Sacerdotal Pío X.

Entendiendo el desafío

1. La Carta alude al encuentro entre Jesús y la mujer pecadora –la mísera– que al perdonar hace de la misericordia una acción concreta, específica y definida, para cambiar la vida de las personas. Por encima de la ley y la justicia legal, sobresale el Amor de Dios, “que sabe leer el corazón”

2. Desde luego, impacta la valoración del sacramento de la confesión. Refiere el Papa: “No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina” 

Como puede apreciarse, el argumento es fuerte, contundente porque otorga a la ley, la finalidad de la caridad; no es pues el mero y estricto cumplimiento de la norma jurídica, ya que, por encima de ésta, está la gracia divina. Por eso se habla de muchas conversiones en el momento del confesionario.

3. La Carta pone un énfasis en la urgente necesidad de preparar las homilías, haciendo un “Domingo de la Palabra”, porque, en expresión de SS Francisco: “La verdad va de la mano de la belleza y del bien”. Por eso se insiste también en el cuidado de la predicación. El desafío para los sacerdotes resulta de primera magnitud. El Papa invita a dedicar un domingo para difunir y profundizar la Palabra. Se trata de fortalecer la vida espiritual de los cristianos.

4. El perfil de los confesores, tema en que profundiza fuerte el Papa, es clarísimo: Prepararse con esmero para la Confesión. Les pide ser acogedores con todos; actuar como testigos de la ternura paterna (como indicativo del padre del hijo pródigo) a pesar de la gravedad del pecado, al tiempo de ayudar a lo fieles a reflexionar sobre el mal cometido en una labor de acompañamiento y respaldo en el discernimiento de cada caso concreto. En este punto, el escribano hace remembranza del Santo Cura de Ars.

5. De aquí la permanencia y seguimiento de la labor de los Misioneros de la Misericordia designados para el Jubileo. Esta tarea la califica el Pontífice como “inestimable”.

6. Aparece una concesión relevante: conceder a todos los sacerdotes en razón e su ministerio, la facultad para absolver el pecado de aborto. Y para que no se preste a interpretaciones erróneas, el Papa asegura: “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre”. Dos distinciones más: el aborto, ciertamente, seguirá siendo un pecado grave; a la vez, se reitera la gratitud e infinitud de la misericordia de Dios.

7. La apertura hacia el clero lefebvriano no deja dudas sobre el espíritu de unidad que caracteriza al Papa, en especial, por los beneficios que deben recibir los fieles que asisten a las iglesias de la Fraternidad San Pío X.

8. La visión del Pontífice resulta diáfana al indicar que cada domingo anterior a la festividad de Cristo Rey, se celebrará la Jornada de los Pobres. Se instruye para que sea de esta forma, a fin de prepararse mejor para vivir la teología y el profundo sentido de la fiesta de Cristo Rey. 

En el documento que comentamos, la alusión es explícita a la Realeza Social de Jesucristo. En efecto, reina y debe reinar en los corazones, pero asimismo en el orden temporal, tanto por filiación divina, como por derecho de conquista.

Esto es, refiere el Santo Padre, mientras haya un pobre echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social. Ello implica un llamado tan específico como enérgico a los políticos católicos: Desde el ámbito de la res pública, el político católico tiene que instrumentar una forma de nueva evangelización, a fin de que los funcionarios de elección o de designación, sean testimonios de la Misericordia. Es claro, ¿verdad?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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