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En crisis: formar familias fuertes

La familia en crisis

Ha corrido mucha tinta desde el momento en que la iniciativa del presidente Peña Nieto puso en jaque y dividió al pueblo de México, justamente, en momentos en que la unidad y la fortaleza de la institución familiar es más demandante, como dique y confrontación a problemas económicos, de falta de empleo, de drogadicción, narcotráfico y crimen por todos lados.



Por supuesto, cuando lo que rodea la familia son solamente escenarios de dificultades, de problemas de educación y comunicación con los hijos, de soledades compartidas por papá y mamá, es cuando –así le parece a este aprendiz de escribano– resulta urgente formar valores de orden superior que le den consistencia a la familia.

Recientemente, el Papa Francisco ha puntualizado un hecho delicado: Existe una guerra frontal, directa y despiadada contra la familia. De acuerdo con mis bellísimas lectoras y gallardos lectores, la expresión no es exagerada.

Causales

Si revisamos con un poco de detalle, las telenovelas más exitosas son las que presentan “como algo normal” la guerra en la familia provocada por los celos y las envidias, donde el envidioso no busca tener lo que tiene el otro, sino quitarle al otro lo que tiene.

Evidentemente, la lucha intrafamiliar tiene varios disparadores: las habladurías, las inferencias, los prejuicios, las pequeñas o grandes traiciones; las engañifas y la deficiente comunicación, y no pocas veces el trabajo. Es decir, todos estos elementos destruyen la paz y la tranquilidad, la construcción del bien común en casa, y la urgente puesta en escena de valores como la solidaridad y la libertad responsable. Por supuesto, no puede construirse un formato de paz y de unidad.

Para encontrar la unidad y sembrar la paz

El Papa Francisco en sus mensajes en Santa Martha ha citado también al hombre de Tarso para encontrar tres claves, que de tan obvias, pareciera que se esconden de los comportamientos cotidianos: Humildad, dulzura y magnanimidad.

El refuerzo de estas claves lo conforman tres principios básicos: perdón, con permiso y por favor.

¿Qué sucede en las familias donde la soberbia impera y nadie sabe pedir perdón por algún error o falta cometida? Simple. No puede haber un campo fértil para potenciar la virtud de la humildad. Menos aún puede edificarse un clima de paz, factor insustituible para el desarrollo espiritual y el progreso material de la familia.

Donde no existe una cultura de magnanimidad –para formar “almas grandes”– subsiste un clima de competencia –no competitividad– estéril e infructuosa, porque el fin buscado se centra en la derrota del otro. Así no puede existir un ambiente de paz, sino de soberbia extrema.

Para una comunicación efectiva

Además de todas las recomendaciones de Harold Lasswell –uno de los gurús en el tema– el “envoltorio” de la comunicación en familia debe darse con una gran dosis de dulzura. Ello facilita la comprensión de los demás y aprender a entenderlos, a comprender sus defectos y limitantes.

Un factor adicional es desarrollar un “alma grande”. Como dice el Papa Francisco, un alma y un corazón que no se achican con las dificultades y no se ensoberbece con los éxitos. Asume la templanza como cualidad cotidiana, porque en el alma grande siempre hay cariño, consuelo y consejo para todos. Adicionalmente, el alma grande desarrolla un fuerte sentido de la solidaridad, la generosidad y el trabajo en equipo para asegurar una familia feliz.

¿Es viable agregar cápsulas de dulzura a nuestra comunicación en familia? Al escribano le parece que sí. ¿Es un ejercicio y algo totalmente aprendido, como lo que hacemos desde que despertamos hasta el momento? También es cierto.

Revisemos nuestras frases al levantar a los chicos por la mañana. ¿Son frases dulces que les expresan cariño, amor, predilección?

¿Las frases empleadas al llegar a casa, conllevan grandes dosis de positividad, de ánimo, de entusiasmo y alegría?

Formar familias fuertes nos permitirá arrostrar muchas de las dificultades que ahora vivimos. La familia fuerte siempre será un remanso de paz, de unidad, de generosidad, de fe y de esperanza activa.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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