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El Mensaje de las Marchas por la Familia

A favor o en contra

No hay duda de que las diversas marchas a favor de la familia realizadas en varias ciudades de la República Mexicana, causaron irritación y malestar para unos, como entusiasmo y alegría para muchos más.



Francamente, no importa el número de ciudades, si –como pasó- se rebasó el millón 200 mil personas que se esperaban, o si las marchas evocaron la Cristiada. Este escribano rechaza en todo lo alto, la catalogación de algunos intolerantes que quisieron ver entre las familias, inquisidores del siglo XVI. La imaginería y las chifladurías de algunas ideologías disolventes suelen hacer bastante ruido, siempre.

Lo que cuenta mucho

Son varios elementos que mis maravillosas lectoras y agudísimos lectores hicieron llegar al escritorio del suscrito.

Sostenemos que lo más relevante no fueron los números ni las cantidades extraordinarias de familias que acudieron. Lo relevante, así lo estimamos, son los mensajes que están dejando las marchas y las lecturas que generan los observadores de la Res Pública.

Vamos por partes

1. En principio, las marchas y los cientos de miles de familias que se expresaron con libertad, orden y respeto, abrieron la oportunidad para que el gobierno encabezado por el presidente Peña Nieto, recupere un poco de imagen y lave los lodos del desprestigio, si es capaz, con una ligera dosis de capacidad de escucha, hacer más caso a quienes se manifestaron a favor de la familia, que aceptar las presiones de un lobby transnacional que, además de presionarlo fuerte, lo deja mal parado en la recta final de su administración, y con adjetivos que cuelgan por miles en las redes sociales.

2. Para quienes se rasgan las vestiduras acusando a la Iglesia de organizar y promover las marchas, sería un buen detalle de la administración peñanietista, informar al país –a través de la Segob– que, no sólo coincidieron líderes de las religiones judeo-cristianas, sino que participaron con igual intensidad, personajes de otras creencias religiosas.

3. Este hecho es importante, porque si hace 90 años la lucha fue entre el gobierno y la Iglesia Católica, de abrirse el abanico por la tozuda insistencia de quienes presionan al presidente, un conflicto de esa naturaleza, hoy, sería de pronóstico reservado. Por mucho que se haya equivocado, el presidente no dejaría un país incendiado. No representa ninguna ventaja para él ni para el PRIVEM.

4. La naturaleza de la participación ciudadana en las marchas a favor de la familia, adquiere también un matiz destacable: caminaron juntos y junto con sus familias, destacados militantes del PRI, del PAN, de MC y del PES. El hecho es significativo, porque puede deducirse asimismo, que no pocos priistas se oponen a las iniciativas presentadas por el primer priista de la nación. Al presidente le conviene un partido fuerte y unido rumbo al 2018. Lo que acabamos de ver revela un priismo que no está al cien por ciento con el mandatario. De continuar forzando al Congreso, incluso con la ayuda del senador Barbosa y el PRD, equivaldría a darse un balazo en el pie.

5. Que nos perdone Torquemada (porque le han colgado muchos milagritos innecesarios e inexistentes), pero CONAPRED se ha transformado en el gran inquisidor y en el amenazante censor del pensamiento y la expresión, el calificador del “bien decir” y de lo “políticamente correcto”; y el nuevo Carreño a favor de las ideologías disolventes. Pregúntese a Nicolás Alvarado.

No se requiere ser doctor en comunicación política, para prever lo que sucedería si a los censores de CONAPRED se les ocurre meter a la cárcel a obispos, sacerdotes, monjas, laicos comprometidos, sacristanes o monaguillos. La famosa Comisión se ha convertido en una piedrita más en el abollado casco de la imagen presidencial.

6. El nuevo mensaje de las marchas es sustantivo. El presidente y su partido no pueden “rasurar” la iniciativa ciudadana a favor de la familia, como lo hicieron con la 3de3, que acabó perdiendo el fondo de todo aquello que los ciudadanos impulsamos. Todo se quedó en las mesas de San Lázaro. En esta vez, si el mandatario se deja presionar e impresionar por los lobbys disolventes, lo previsible es que se incrementen y se hagan más frecuentes las expresiones como las que vimos con los padres de familia. Pregúntese a Maduro y a Dilma.

7. Lo que menos conviene a México en estos momentos, es apadrinar desde el Ejecutivo, banderas que no responden a la mayoría de los ciudadanos. Eso en cualquier país que se precie de democrático, se entiende.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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