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La Autofagia

Más allá

Yendo un poco más lejos del galimatías provocado por la visita de Trump a México y la fragilidad mexicana en el evento, este aprendiz de escribano hace eco de la espléndida entrega de Federico Reyes Heroles (Excelsior 30 de Agosto 2016), porque, tanto la visita como el contexto en el que arribamos a un IV informe de gobierno, dicen mucho de lo que sucede en nuestro país.



Más allá de que los escenarios son terriblemente complejos, porque no logramos crecer, no existe un clima de seguridad y estabilidad que facilite las inversiones y generación de nuevos empleos; de un modelo fiscal que invita a la informalidad, lo que enerva a la ciudadanía son dos temas: impunidad y corrupción. Lo curioso es que, efectivamente, el consumo sí ha crecido, como lo demuestran los números de Wal Mart, o la venta de autos, por ejemplo.

El malestar

La urticaria que proyecta nuestra gente tiene varias causales: los escándalos, la pérdida de brújula, el castigo y la amenaza para unos y las prebendas y concesiones para otros; la falta de una educación que impulse la competitividad de niños y jóvenes, y la inmensa verborrea del oficialísmo asegurando que estamos igual que Finlandia. Y ahora, agregar dos temas: ¿De dónde sacaron a los chavos que “platicarán” con el presidente?, y la otra, ¿ustedes creen que vendrá Hilary Clinton antes del ocho de noviembre?

Todo este coctel permite deducir que la estrategia de los asesores presidenciales no resultó tan certera. Si observamos, el mandatario anda por todas partes, inaugura cosas en el norte, discursos y reuniones en el centro del país, firma convenios de cualquier cosa en el sureste. Sin duda, trabaja fuerte. Pero, surge una pregunta forzosa: ¿A qué hora trabaja? ¿A qué hora piensa, a qué hora está con los hijos, a qué hora estudia, a qué hora lee, a qué hora reza? Pareciera que no hay mucho espacio en la agenda para todo esto. La actividad es febril y eventualmente poco eficaz.

Clima refractario

Como dice don Federico Reyes Heroles hay una sociedad refractaria a las buenas noticias que “cuenta mucho”, que se repiten incesantemente, pero que no logran penetrar y por tanto, son rechazadas. 

¿Algunas de mis hermosas lectoras y amables lectores creerá que alguna vez Aurelio Nuño hablará mal de la educación que reciben los niños y los jóvenes mexicanos? ¿Alguien creería que Rosario Robles aceptaría que sus programas son meramente asistencialistas y que no resuelven la pobreza? ¿Habrá algún mexicano que crea que el aumento a las gasolinas solo afecta a la gente de dinero?

¿Quiénes son los únicos que dicen que estamos en Jauja? Precisamente los dueños de los programas. Es decir, nadie vende pan frío, ni pollo muerto frito. Solo que, elogio en boca propia, como dice el refrán, suele acabar en vituperio. 

El gran problema

Este aprendiz de amanuense recuerda un viejísimo cartón de Calderón indicando que al presidente nunca se le vería sacándose un moquito de la nariz, o fumando, o exprimiéndose un barro. El final del cartón decía: “Ojalá algún día nos lo presenten como un ser humano”

Y esa es, justamente, la otra cara del asunto. La administración del presidente Peña está acartonada, con tanto almidón, que cansa. Todo está tan coreografiado, tan ensayado, que en términos reales toda su comunicación se revierte y acaba por caer en la buchaca de la creciente incredulidad ciudadana.

Para cualquier estudioso elemental del lenguaje no verbal, el significado de los mensajes presidenciales, de su imagen, de las gesticulaciones, del especial movimiento de sus manos y sus ojos, refleja lo mismo que la recitación a la bandera de los niños de primaria, que emplean expresiones que no alcanzan a digerir y hacen movimientos imitados a los profesores.

La conversación con los jóvenes, a puerta cerrada y transmitida por internet, lejos de clarificar que el presidente se arroja al ruedo y arrima el alma para quienes embisten, propicia la sensación de que persiste temor, fragilidad, dubitación. La misma percepción del mensaje leído con Trump. El texto fue bueno, republicano, pero dejó la sensación de que faltó algo.

El cuarto informe presidencial no puede dejar espacios para la autofagia. No puede darse el lujo de que las acciones buenas se reviertan porque “algo pasó”. Todavía es tiempo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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