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Las tres palabras clave en el Matrimonio

Con cara de “What”

Coincidirán mis adorables lectoras y espléndidos lectores, de pronto, se arriba a un evento social de cualquier tipo, y se sienten un poco las miradas del grupo, como si uno fuese un bicho raro. Y todo porque la mayoría son divorciados y uno, no.


México; matrimonio, palabras clave


Las miradas y los comentarios en murmullo parecieran decir: “Estos deben ser un par de sociópatas, retrógrados, oscurantistas… o cuando menos, deben ser de lento aprendizaje”

Evidentemente no es fácil desarrollar hoy día un matrimonio “a prueba de balas”, que resista la tentación de “mandarse al diablo” al primer disgusto; o bien, de organizar un lanzamiento de platos con marca olímpica, en un concurso de adjetivos que ofenden: “Idiota… estúpido… babosa… imbécil”, y algunos otros que la RAAM (Real Academia de Albures Mexicanos) no me permite transcribir en este espacio.

Cómo hacer

Por supuesto que se requiere un nivel de madurez bien sustentado en el proyecto de matrimonio –él y ella– que se desea, y en la visión y misión que contemplamos para nosotros como familia. Para este efecto, las recomendaciones de la Amoris Laetitia son fundamentales para asegurar un noviazgo exitoso.

Pero, cuando se promete ser fiel en lo próspero, en lo adverso, y todo lo que sigue –frases que algunos ni siquiera llegan a entender–, las cosas cambian, y mucho.

De visita en Cracovia, Francisco no perdió oportunidad para abordar el tema delante de los varios millones de personas –jóvenes en su mayoría– que estuvieron atentos al desarrollo de la JMJ.

En efecto, hay tres grandes claves de un trayecto, consolidación y desarrollo exitoso del matrimonio: Continuamente decir PERMISO (en México podríamos decir “por favor”), GRACIAS, PERDÓN.

¿Por qué su enorme importancia?

Simple. Las tres palabras clave abren la puerta e inician los procesos para que el esposo y la esposa se reconcilien; para que vivan y hagan la paz en sus corazones; para que los enfados jamás rebasen el tiempo de irse a dormir y no acostarse con ganas de estrangular al otro.

Basta un gesto

No se requieren piezas oratorias ni discursos grandilocuentes. No se necesitan comentarios a la Jorge Campos –a quien saludo con todo respeto– o mensajes indescifrables como Subsecretario de Hacienda. Donde hay amor, efectivamente, todo se puede resolver y arreglar.

Basta un detalle, un gesto; algo que, incluso, hable sin hablar. Los caballeros no pueden permanecer impávidos e inmóviles ante un gesto de la cónyuge que, para concluir una discusión coloca un beso en la palma de la mano y con soplarlo lo hace llegar al corazón.

Así, tampoco hay una dama que se resista a la entrega de una flor, de un poema –aún con falta de ortografía– o de una frase que le recuerde que para el marido “eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te amo”.

Por supuesto que para ello se necesita tener un alma grande y hacer acopio del coraje necesario para pedir el perdón que sana y reiterar el compromiso de vida para siempre. El coraje es necesario porque siempre habrá dificultades, que si las abordamos juntos, será más fácil resolver. En análisis final, cuando todos se vayan, nos queda la familia.

No es sano vivir en un “matrimonio, sociedad anónima”, en donde lo prevaleciente es la guerra fría o la paz armada. En la familia empieza la construcción de la paz, personal, familiar y colectiva.

Ahí, en la familia, empieza la estructura de la Civilización del Amor. ¿O no?

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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