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Aumentar el salario, ¡chín!

De sorpresa en sorpresa

Como se enteraron que el escribano no tenía nada qué hacer, dos adorables lectoras y tres gentiles lectores, hicieron llegar a nuestra mesa de trabajo una colaboración editorial que Excélsior le publica al muy agudo periodista Enrique Aranda.


México; salario de emergencia


En la pieza aflora una noticia que pocos medios cubren en su dimensión real e impacto económico-social. Se trata de un nuevo incremento a una especie de “salario de emergencia”, anunciado en los mismos términos que lo hacían los ex presidentes López Portillo y Luis Echeverría. Igual de contenido a comunicar, igual de aplicabilidad a manera de paliativo frente a la terrible reducción del poder adquisitivo de nuestra moneda; y lo que es prudente observar, es que los impactos negativos serán los mismos.

El anuncio sin anunciar

Cuando este tipo de rumores y anuncios “filtrados” al portafolios de algún reportero se realice en momentos electorales, pues simple y llanamente caen dentro del ámbito del sospechosismo, como recurso empleado para captar clientela.

Y aunque la nota de Aranda destaca que esto podría darse a mediados de junio o los primeros días de julio, de todas formas el anuncio adquiere un tufo a populismo electorero. Digo, es difícil que en estos momentos alguien pueda subsistir con 80 pesos al día, que equivalen a siete pesos de incremento. De todas formas, no faltaría quien aplaudiría a rabiar, echaría confeti e incienso a los dioses que hicieron posible tal milagro.

¿Es la solución?

De inicio, hay que recordar un par de elementos, uno de fondo y el otro de forma. En este último caso, es prudente recordar que los “aumentos de salario” producen, en términos reales, un efecto de espejismo que dura aproximadamente 90 días.

Al recibir el primer pago del aumento, una cena con velas y vino tinto, o tacos de buche y un sprite, se vuelve un ritual obligado para “celebrar el triunfo”. Para el segundo mes, se pagan algunas obligaciones o se contraen nuevos compromisos –al cabo que hay de dónde– y ya para el tercer mes, el “aumento” ya se indexó al presupuesto familiar y ahora, ¡tampoco alcanza!

Pero, en el tema de fondo, la situación es más complicada. El señor que hará el anuncio, los dirigentes de los partidos políticos que ya cabildean para asegurar aplausos y espacios en los medios, ¿alguna vez habrán pagado un sueldo con su propio dinero y no con el de los contribuyentes? Es pregunta.

Di por qué, dime agüelita

¿Por qué no se habla de elevar la productividad en las empresas? ¿Por qué no se impulsa y recompensa a las empresas –desde las micro hasta las grandes– que favorecen la capacitación y el desarrollo del elemento humano? El acceso a créditos blandos y oportunos, y un catálogo de incentivos fiscales, serían un buen inicio para fortalecer, incluso, el mercado interno.

¿Por qué no incentivar la formación y desarrollo de vocaciones emprendedoras como lo hacen la Ibero, el Tec de Monterrey, la Universidad La Salle, el CONALEP y los CECYT, impulsando con todo las incubadoras de negocios?

Evidentemente, la formación de nuevos emprendedores y la siembra de nuevos negocios redundará en la creación de nuevas fuentes de empleo. Decir –simplemente decir– que se incrementará el salario, de verdad que no conduce al país más allá de la cultura de dependencia que tanto daño le ha hecho a México.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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