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Así ve la Amoris Laetitia el amor y el matrimonio

¿Qué hay del amor en el Matrimonio?

La Exhortación Apostólica Amoris Laetitia no dejó de lado el tema de la concepción, desarrollo, visión de largo alcance, dificultades y respuestas en el rubro de lo que sucede hoy con el amor en el matrimonio.


Matrimonio


La cotidianeidad da pauta para que el Papa Francisco precise varios puntos:

Una puntualización inicial: no “idealizar” o hacer ilusión la realidad cotidiana que se vive en el matrimonio. Y la razón que arguye el Pontífice es clara: “no hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia”, porque el matrimonio como signo implica “un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios”.

Primero, porque hay que entender que el hombre y la mujer son seres limitados; segundo, porque es un peso extraordinario trata de REPRODUCIR de manera perfecta la unión de Cristo y su Iglesia.

La necesaria precisión del Papa centra el tema, porque el matrimonio “como signo” –símbolo, señal, indicativo de– es un proceso dinámico, en movimiento que NO SE SEPARA NI SE ALEJA DE DIOS, sino que –gradualmente– avanza CON la progresiva integración de los dones de Dios. Es el equivalente al “Sean perfectos como mi Padre Celestial”; no es de un solo golpe, es caminar y ahondar en la vida de la Gracia santificante.

Francisco lo detalla de forma magnífica: cuando destaca en los apartados 123 y 126, que: “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo, propiamente al interior de esa “combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres”. Es, precisamente, el matrimonio.

El planteamiento del documento es formidable en este párrafo. Si a alguna de mis hermosas lectoras y amables lectores, en alguna ocasión, le dijeron que el matrimonio es “miel sobre hojuelas”, francamente ha vivido en el error todo este tiempo.

El matrimonio, en expresión de Benedicto XVI en la Encíclica Spe Salvi, es “performativo”, es decir, “transforma”, se transforma y cambia al marido y a la esposa, porque los hace parte de esta naturaleza que es dinámica, cuyo avance progresivo en los dones de Dios va enriqueciendo la vida de los cónyuges y de los hijos, haciendo de la casa un hogar y de un agrupamiento de personas –padre, madre, hijos, abuelos, tíos, primos– una Iglesia Doméstica, aunque no vivan necesariamente juntos.

Por esa misma razón, el Papa, al concluir su reflexión sobre el amor y el matrimonio, señala fuerte “la transformación del amor”, y sustenta esta misma transformación conyugal en un párrafo magistral, que por profundidad, el escribano quiso reproducir: “la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez”.

El cierre del capítulo en la Exhortación Amoris Laetitia es mucho más allá que genial:

1. El aspecto físico cambia.

2. La atracción amorosa no disminuye, pero cambia.

3. El deseo sexual, con el tiempo, se puede transformar en deseo de intimidad y “complicidad”.

En resumen: “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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