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Serrano Limón y la teoría del mosquito

De cuando en cuando

Al aprendiz de escribano le sigue llamando poderosamente la atención el hecho de que –de cuando en cuando– a alguna célula, grupúsculo o grupo de presión vinculado al sector gubernamental le da por generar y reforzar una cultura de terrorismo jurisdiccional en contra de cierto tipo de personajes, a quienes a fuerza de tanto odiarlo, acaban por convertirlos en héroes de una sociedad que los ve con simpatía y hasta conmiseración.


Serrano Limón


Así sucedió durante la Cristiada y luego con la denominada “Segunda Cristiada” de 1936 a 1938. El tufo de persecución no se limita a liderazgos pro-religiosos, agitadores políticos, o como les llaman hoy día, luchadores sociales de cualesquier signo ideológico.

Ese enfermizo afán llevó al martirio a Anacleto González Flores y a Miguel Agustín Pro Juárez, al lado de muchos otros. Lo curioso del tema es que, en un esquema ideológico completamente distinto, sucede igual con Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, Valentín Campa o Manuel Buendía.

Cada cual tenía sus propias banderas y sus causales de lucha definidas. ¿Libertad de expresión y manifestación? Sí, de acuerdo. Pero, con los límites de la norma jurídica y el bien común, como forma y pertinencia de paz y convivencia social.

Serrano Limón: ¿A quién le interesa cazarlo?

¿La verdad? No importa a quién. El asunto huele a exterminio. No obstante, el tema resurge precisamente cuando las cosas en el país marchan “de peor, en más pior”: caída petrolera, inflación, baja competitividad, críticas de la CIDH contra el régimen de Peña Nieto, las estupideces de Trump, El Chapo, las respuestas impresentables de Duarte en Veracruz, la reiterada presencia-connivencia-maridaje entre autoridades policiales y gubernamentales con gente del crimen organizado… más lo que se acumule en estos días.

Suficientes frentes abiertos –y delicados– tiene ahora el presidente, como para que alguien empecinado en la cacería de “Pro-Vidas” le eche más leña al fuego.

El tema de Jorge Serrano Limón se desdibuja y pierde sentido propagandístico y viral, cuando cualquiera puede darse cuenta de que se trata de perseguir y atrapar a gente que se pone a rezar hasta cerrar abortorios.

¿Que se ponen a rezar miles de Rosarios?, ¿que ofrecen Misas y llevan cruces o imágenes de la Virgen de Guadalupe?, ¿que emplean las redes para ayudar a quienes no saben qué hacer con su embarazo? La pregunta es necesaria: ¿Y…?

Si muchas organizaciones sociales recurren al tortuoso proceso de solicitar recursos federales y locales, entre ellas, quienes buscan un objetivo contrario a los Provida, ¿no huele a una especie de justicia teledirigida?

Ya son 12 años de cacería y terrorismo jurisdiccional a decir de simpatizantes Provida, porque según el mismo dicho, nunca hubo auditorías. De todas formas, Serrano Limón encara hoy un juicio penal, iniciado en el 2004 por la PGR, que dicho sea de paso, ahora tiene temas mucho más relevantes que andar quemando la pólvora en Coculitas.

Un amigo ranchero sintetizó el problema: “el asunto es como los moquitos… se trata de estar jode, y jode, y jode, y jode…”

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